El futbolista catalán renacido gracias a un mensaje privado de Instagram
El experto Marc Manchón explica su historia hasta establecerse en el fútbol sueco
BarcelonaHa comenzado la temporada en el fútbol sueco y, allí donde uno no esperaría encontrar a ningún catalán, se topa con el nombre de Marc Manchón, barcelonés de 28 años. Juega en el Sundsvall, en la segunda división del país. La suya no es una historia de superación, sino más bien de resiliencia y esfuerzo. Un joven que se vio a las puertas de cumplir su sueño y debutar con el primer equipo del Espanyol. Un verano se quedó sin futuro en el fútbol profesional y estuvo a punto de dejarlo todo. “Siempre se dice que tienes que estar en el lugar adecuado en el momento oportuno. Es un tópico y a la vez cierto, pero también tienes que estar preparado por si alguna vez llega”. Después de un momento de incertidumbre, el momento llegó a través de un mensaje de Instagram. Y a un destino que seguramente nunca habría imaginado.
Manchón atiende a el ARA a través de una reunión a distancia. Desde el sofá de su casa, abre las puertas de su vida en Sundsvall, una localidad en el centro de Suecia. Hace unas semanas inició su tercera temporada en el club. Recuerda que el primer duelo del curso, culminado con una remontada agónica a favor, se jugó en dos días. “Fue de infarto. En dos minutos marcamos dos goles. En los minutos 95 y 96. Nos enfrentábamos a un rival que acababa de ascender de Tercera, y teníamos una presión muy grande. Además, el partido se suspendió en el minuto 25 a causa de la nieve, y los 65 minutos restantes los jugamos al día siguiente”.
Este año estrena brazalete de capitán. “Los compañeros me eligieron y yo no rehúyo la responsabilidad, pero no deja de ser sorprendente que depositen la confianza en mí”. De hecho, Manchón reconoce el miedo que sentía hace tres años, cuando llegó a un país con una cultura diferente, con un inglés “del de la escuela” y con cierta presión que no esperaba por su pasado en el Espanyol. “Al principio me costó. Cuando llegué había unas expectativas altas y, además, me encontré un equipo sin ninguna clase de identidad y muy anárquico”. Un cambio de entrenador dio alas a Marc, que se consolidó en el once inicial.
Pero la historia de Marc con el fútbol comienza como blanquiazul: “Mi tío era perico y yo llegué al club con 11 años”. Media vida persiguiendo un sueño que se quedó a las puertas. “Entrenaba con el primer equipo, y cuando te encuentras tan cerca, asumir que tienes que marchar es duro”, dice Manchón, que superó todos los filtros hasta llegar al filial y ser su capitán. Lo lleva en la sangre. Lideró a compañeros que hoy se encuentran en la élite. Desde Joan Garcia, a quien recuerda como un gato bajo los palos, a Javi Puado, Pol Lozano, Marc Roca y otros futbolistas importantes surgidos de la Ciudad Deportiva Dani Jarque.
Capitán de Joan Garcia, Javi Puado y Pol Lozano
Unos años que no olvidará, pero que también le han llevado a reflexionar sobre la presión que asumen los jóvenes futbolistas en edades formativas. “No te preparan para esta exigencia. Con 13 o 14 años teníamos unas responsabilidades que nuestros compañeros de clase no tenían”. Siguiendo con las reflexiones, Manchón se muestra sincero. “Hace tiempo que trabajo con un psicólogo. Muchas veces mi primer pensamiento es negativo, y es algo que necesito mejorar, porque me he dado cuenta de que para triunfar en la élite, tienes que estar muy preparado mentalmente”. Precisamente recuerda cómo, durante aquellos entrenamientos con el primer equipo perico, los compañeros eran aviones. “Sobre todo a nivel mental. Los grandes jugadores tienen una inteligencia no solo dentro del campo, sino también emocional”.
Aquellos años en el Espanyol se truncaron por la desgraciada llegada de la covid. “Fue muy duro. Yo era de los grandes del equipo, y me comunicaron que me había llegado el momento de marchar”. Entonces, la realidad del fútbol profesional se topó con un Marc de solo 21 años. Firmó dos años por el Llagostera, le siguió un año en Teruel y una cuarta temporada en Cerdanyola. De aquel periplo entre la Primera y la Segunda Federación recuerda momentos muy bonitos, “como el año viviendo en Zaragoza y donde conseguimos un ascenso”, pero otros verdaderamente duros. “Después de subir con el Teruel, decidieron cambiar la estructura del club y me vi todo un verano sin equipo. Desesperado, sin saber dónde jugaría hasta una semana antes de empezar la temporada, fui a Cerdanyola”.
Ahora bien, de repente, un antiguo compañero de clase y actual segundo entrenador del Sundsvall apareció con un mensaje por Instagram. “En ese momento me preguntó por mi situación y acto seguido me propuso marchar a Suecia. De tan inesperado, pensé que era una broma”. Y de esto que parece una simple anécdota, han venido tres temporadas en las que se ha integrado como un sueco más y en las que incluso ha animado a sus compañeros a aprender catalán. “Aquí acostumbran a estudiar castellano como optativa, pero hay algunos a quienes enseño catalán. Incluso les salen vídeos en las redes o se lo ponen en Duolingo”.
Y mientras acabamos la charla también hay tiempo para añorar casa. “La vida aquí es diferente. Echo de menos la vida social y, evidentemente, mi gente”. También el jamón, no nos engañemos. “No se come tan mal, pero como la dieta mediterránea no hay nada”. De hecho, justo antes de colgar la llamada, presenta a su compañero de piso. Un futbolista sueco muy prometedor que, aunque tímido, chapurrea el catalán. Son casi las ocho. Media Suecia hace tres horas que ha cenado. Manchón todavía no se ha hecho del todo a estos horarios.