Lamine y compañía barren la Francia de Mbappé
La selección española se clasifica para la final del Mundial por segunda vez en su historia
BarcelonaUn gol de Oyarzabal, de penalti, y otro de Pedro Porro sirvieron para que la selección española derrotara a Francia y se plantase en la final del Mundial. Por segunda vez en su historia, la roja disputará el partido por el título, y lo hará tras demostrar, como aquel 2010, que no basta con una gran generación de futbolistas, sino que la clave del éxito es que todas las estrellas jueguen para el equipo. Una generación muy joven de descarados que no tienen miedo de nada, ni siquiera de lo que, sobre el papel, era el ataque más letal de todos. Resulta que Francia fue incapaz de marcar y que es España quien se planta en el partido por el título con unas estadísticas inmaculadas en defensa: solo ha encajado un gol en toda la competición.
No se puede decir que el planteamiento de España sorprendiera a nadie, porque la apuesta de De la Fuente se mantiene intacta desde el inicio del torneo. Querer tener la pelota, hacer presión alta y apoyarse en la pareja de pivotes para construir acciones atacantes. Una dupla donde, por segundo partido consecutivo, no estuvo Pedri de inicio. El azulgrana, muy poco preciso en los primeros duelos de la competición, dejaba el sitio a Fabián, que cumplió con las expectativas: seguro con la pelota y con proyección ofensiva. El metrónomo de la roja fue Rodri, que estaba en todas partes, como si se hubiera multiplicado. No solo se encargaba de iniciar las jugadas, también de ayudar con grandes esfuerzos ofensivos que querían evitar que los temibles delanteros de Francia pudieran recibir cerca del área.
Es una evidencia que Lamine Yamal no ha llegado al 100% para el Mundial. Sin estar al máximo nivel, sus recortes podían dejar clavada una defensa como la de Arabia Saudí, pero no era tan fácil con los experimentados futbolistas de Francia. Sus compañeros eran bien conscientes y no le pasaban el balón de manera sistemática para que se inventara alguna jugada de las suyas. Solo en la segunda parte, con los dos goles de ventaja y el conjunto francés volcado al ataque, Lamine recibió más a menudo para que encarara a un Lucas Digne que, sin ayudas, quedó totalmente vendido.
La picardía de Lamine Yamal, clave en el penalti
Pero a Lamine no solo se le debe medir por las acciones plásticas. Si algo tiene el extremo de Rocafonda es picardía, y la picardía fue clave para forzar el penalti que suponía el primer gol del partido. Después de un mal control de Digne con la cabeza, Lamine se adelantó para ir a buscar la pelota y cuando vio que el lateral francés cargaba la pierna para rehusarla movió el cuerpo para recibir él el impacto de la bota. Un penalti de libro que Digne, consciente de que la había pifiado, no se atrevió ni a protestar y que Oyarzabal transformó con un chut fortísimo, a media altura, a la izquierda de Maignan.
Era un escenario nuevo. La todopoderosa Francia, que con este apenas encajaba el tercer gol de todo el Mundial, todavía no había ido a remolque en ningún partido. Fueron minutos de dudas para Deschamps y sus jugadores, que buscaban con mucha prisa la referencia atacante de Mbappé. El delantero, que cayó en muchas ocasiones en fuera de juego, topó con la defensa sólida, bien compenetrada y atenta de Pau Cubarsí y Aymeric Laporte, la mejor pareja de centrales del torneo.
El juego colectivo fue clave para que España se plantara en la final. Pero un partido como este no se gana solo yendo todos a una. En ataque, la aportación de Dani Olmo fue decisiva. Pocos futbolistas como él se mueven tan bien en espacios reducidos. No se encogía cuando tenía que ir al choque y distribuía bien la pelota a un solo toque, como en el segundo gol de España, en el que vio la descolgada de Pedro Porro y le hizo una asistencia de primeras que lo dejaba solo ante Maignan. Porro, con un remate al primer palo, anotaba una diana que acabaría siendo decisiva.
Francia estaba totalmente desconectada. Había intentado ordenarse en defensa para salir rápidamente al contraataque. El planteamiento habitual de Deschamps. Pero ni había conseguido mantener la portería a cero ni había creado ocasiones claras de gol. El primer remate realmente peligroso fue de Mbappé en el minuto 66, con un disparo desde la frontal que desvió con el pie Cucurella. El seleccionador francés se vio obligado a cambiar a Saliba, que se lesionó a la media hora de partido, e hizo entrar a Cherki y Doué para reforzar el ataque de su equipo. Pero no era solo cuestión de contundencia atrás y pólvora delante. También se trataba de construir jugadas, y el reparto francés fue muy pobre en esta faceta del juego. Lo acabaron fiando todo a centros y balones a la olla que no encontraron rematador. Mbappé acabó el partido fuera de sí, buscando el gol por su cuenta.
Cambios políticos pero efectivos de De la Fuente
El desgaste físico fue altísimo pero De la Fuente no movió el banquillo hasta el último cuarto de hora. Mantuvo a Lamine en el terreno de juego, hizo entrar a Pedri para dar descanso a Fabián y dio confianza a Ferran Torres y Nico Williams para mantener las amenazas en ataque y evitar que Francia encapsulara a la selección española en el tramo final. Algunos cambios parecieron más políticos que futbolísticos, pero al seleccionador le salieron bien. Una vez más.