El secreto que la Argentina de Messi ha heredado de Maradona
Desde hace cuatro décadas la selección acostumbra a hacer un 'asado' 48 horas antes de cada partido del Mundial
BarcelonaDesde el Mundial de 2022 es habitual ver en las redes sociales que los jugadores argentinos comparten fotos y vídeos de sus asados con la selección nacional. Los hacen allá donde estén: en Qatar, en los campos de Ezeiza –es donde se concentran los internacionales en Argentina– o en Estados Unidos. "Ya se ha convertido en un ritual. Lo suelen hacer 48 horas antes de los partidos. Participan los jugadores, el cuerpo técnico y el resto del staff técnico. La parrilla siempre está a cargo de Diego Iacovone", dice Bruno González, periodista argentino.
Iacovone es el chef y el asador oficial del combinado sudamericano desde hace más de 25 años, un trabajador muy querido por el grupo que viaja allá donde vayan Leo Messi, Julián Álvarez y compañía. Para el Mundial de este año encargó 500 kilos de carne que le enviaron a Kansas, que es donde la albiceleste tiene el cuartel general y desde donde ya ha preparado cinco asados. Si este lunes de madrugada (03.00 h, DAZN) Argentina elimina a Suiza en los cuartos de final, hará otro.
La liturgia del 'asado'
“Siempre se repiten las mismas caras y costumbres, seguramente por una cuestión de cábala, de superstición”, desvela Bruno González, que sigue el día a día de la selección a través de su canal de YouTube. Lo que funciona no se toca y como en Qatar Argentina levantó la Copa del Mundo, el ritual del asado se mantiene intacto. “Dibu Martínez, Giuliano Simeone, Lautaro Martínez y Nico González son de los que se acercan más al fuego. También el presidente de la federación, Chiqui Tapia. Lautaro siempre es el que pone la música, Giuliano es el que prueba la carne y el Dibu lo graba y lo comparte en las redes”, añade el periodista.
En uno de los últimos vídeos publicados, al portero argentino se le ve preparando las provoletas de queso y bromeando con el nutricionista sobre las calorías de la carne que había en la parrilla. “Chori, pollo, asado, vacío, ojo de bife y entraña”, enumeraba Iacovone. El ritual del asado se ha convertido en hábito para la selección; una liturgia, con un componente místico, innegociable para Lionel Scaloni. “Es un momento de distensión, una manera de cohesionar el grupo, tejer relaciones y fomentar el buen rollo. Como técnico, es una fórmula para relacionarte con los futbolistas sin la jerarquía del cargo”, expone el exjugador y exentrenador argentino Raúl Longhi, originario de Mar del Plata.
“Es un clásico en equipos donde hay jugadores y, sobre todo, entrenadores argentinos. Yo hacía en el Figueres, en el Sant Cugat... Y en el Nàstic a menudo hacíamos sardinadas. El concepto y el objetivo era el mismo. Recuerdo que cuando Pochettino dirigía en el Espanyol también solía organizar”, comenta Longhi, que entonces estaba en el filial blanquiazul. “No solo se trata de comer. Normalmente, cuando los argentinos nos reunimos, organizamos un asado. Si lo hacemos para comer, empezamos a prepararlo a las nueve de la mañana”, dice Longhi entre risas.
Una tradición que viene de Maradona
“En la selección argentina ya se hacían asados en el Mundial de México de 1986, la segunda Copa del Mundo que han ganado. Los asadores eran el padre de Diego Maradona y su suegro, Roque Coco Villafañe, el padre de Claudia”, explica González. El seleccionador Carlos Bilardo, un técnico extremadamente maniático y supersticioso, entendía que los asados, que se hacían antes de los partidos importantes cohesionaban al grupo y funcionaban como cábala.
De la Argentina de Maradona a la de Messi, porque de asados, Diego Armando Maradona hizo en México, en Argentina y también en Barcelona. Lo sabe bien Raúl Longhi, uno de los que lo introdujo en la ciudad condal cuando fichó por el Barça en el año 1982. “Miguel Ángel Brindisi me conocía del Las Palmas y le recomendó que se pusiera en contacto conmigo –dice Longhi–. Lo primero que hicimos juntos, con Cyterszpiler –su representante–, fue ir a ver un Trofeo Ciudad de Barcelona en Sarrià, en el campo del Espanyol”.
“Fui a más de un asado en su casa, en la zona alta de Barcelona. Había brasa, había mucha gente. Era un punto de reunión, una excusa para juntarnos. Recuerdo que alguna vez habíamos hecho para ver partidos de la selección argentina”, revela Longhi. Sobre todo durante sus primeros meses en Cataluña estuvo muy cerca del astro argentino, uno de los precursores en la selección argentina de la liturgia del asado, uno de los secretos de la albiceleste de Leo Messi que sueña con ganar su segundo Mundial consecutivo.