De llevar esquís con dos años a ser el mayor esquiador catalán de todos los tiempos
El de Osona Quim Salarich llega en plena forma y con ganas de mejorar su rendimiento en una cita olímpica
BarcelonaToda una vida esquiante. Con dos años Quim Salarich ya llevaba esquís, ya que con su familia subía a los Pirineos para pasar un buen rato en la Molina. Como tantas familias catalanas. Pero su hermano tenía traza y le pidieron si quería entrar a competir, y él acabó siguiendo sus pasos. Tres décadas más tarde, con 32 años, el de Osona se ha convertido en el mejor esquiador alpino catalán de todos los tiempos. Hay que ir hasta Paquito Fernández Ochoa –ganador de un oro en Sapporo en 1972 en el eslalon especial– para encontrar a un esquiador de la delegación española con tan buenos resultados a escala internacional. "Llego bien, en forma. Los entrenamientos han ido bien", explica el esquiador nacido en Vic. Fue abanderado español en la ceremonia inaugural, pero decidió no quedarse en Italia y volver a casa varios días para entrenarse en La Molina, escenario clave en su historia. Para trabajar con calma, concentrarse y, de paso, hacer una calçotada con sus amigos. El tiempo no acabó de ayudar, con nevadas y viento, pero Salarich cree que llega en un momento óptimo a la prueba de eslalon de este lunes. ¿El reto? Quitarse de encima el mal sabor de boca de sus otros Juegos.
Porque Salarich ya lleva tres Juegos. Hoy debuta en la cita de Milán-Cortina tras un viaje accidentado hacia Italia, ya que el viento pospuso más de 24 horas el regreso a los Alpes. En sus primeros Juegos, en 2018 en Pyeongchang (Corea del Sur) salió del recorrido en la prueba de eslalon. "Supe que iba pocos días antes. Era joven, llegué con poco tiempo de adaptación y no fue como esperábamos", explica. Cuatro años más tarde en Pekín, llegó con más experiencia, pero le ocurrió lo mismo: salió del recorrido para querer arriesgar demasiado. "Cuando salí del recorrido estaba en un tiempo de lucha por medallas", recuerda. Salarich sabe que es muy complicado pensar en medallas, porque otros deberían fallar, pero aspira a acabar entre los quince primeros en esa tercera cita olímpica. Una cita en la que quiere demostrar el buen nivel que ha demostrado en los últimos años en la Copa del Mundo, con resultados muy buenos, como la decimotercera posición en la prueba de Madonna di Campiglio el pasado enero. Salarich competirá con un casco con la imagen de Nala, su perra, fallecida hace unos meses.
"No ha sido fácil llegar hasta aquí. Cuando era joven mi padre murió, y yo tenía que decidir si iba a vivir a Suiza para poder dedicarme al esquí en un momento en el que no había muchas ayudas para los deportistas", explica. El padre, Claudi, había sido federado participando en pruebas de esquí en los años 80. Xavier, el hermano mayor, también esquiaba, así que Quim tuvo la opción de seguir su camino cuando empezó a competir con seis años. Salarich, licenciado en administración y dirección de empresas por la UOC, dio el paso de marcharse a Suiza para formar parte de un equipo profesional, el Steffen-S1, que le daba todo lo que no encontraba en los Pirineos. Allí vivió tres años, y ganó una experiencia que le ha permitido ser tres veces olímpico en una disciplina en la que muchas veces se siente solo. "Otros países tienen seis, siete u ocho esquiadores alpinos, y eso no ocurre con la delegación española", explica un hombre que participará en una competición donde también habrá uno de los nombres de moda de los Juegos, el brasileño Lucas Abeto, nacido en Noruega, de padre noruego y madre brasileña. El hombre que ha ganado la primera medalla en unos Juegos de Invierno de todo el deporte sudamericano. "No es una gran sorpresa porque ya venía en muy buena forma. Sí es una sorpresa que haya ganado el oro con tanto margen, pero no es una sorpresa que haya estado en el podio", dijo Salarich a la agencia Efe. Si Brasil ha hecho fiesta grande en los Alpes, todo puede ocurrir. Y Salarich llega dispuesto a gozar ya "darlo todo".