La entrada de la calle es la misma para el trabajo y para la vida de la pareja de arquitectos que fundó y dirige el estudio Pigaa de Reus. Esta entrada da paso a una gran sala que es, propiamente, el estudio de arquitectura. Pero desde este también se accede a la cocina y a la sala comedor, que ahora de día también se suele emplear de estudio. Solo se reservan una caja, la que en un espacio central aloja el dormitorio y que sirve también para ordenar todo el espacio de la nave.
De antiguo taller a casa estudio
AC7, La Nave. Pigaa estudio (Reus)
Si la mayoría de casas se proyectan –y al detalle– antes de ser habitadas, esta se va proyectando mientras se vive y se trabaja en ella. Nos situamos en una vieja nave entre medianeras de Reus, un antiguo taller de luces que los arquitectos fundadores del estudio Pigaa, Sílvia González Porqueres y Andreu Pont Aineto, compraron sin muchos recursos y que han ido haciendo suya poco a poco. La han transformado, pero primero han ido conociéndola, ocupándola y poniéndola a prueba. Y todavía no han acabado.
La nave es una de las primeras estructuras de hormigón construidas en el centro de Reus. Tiene dos plantas de unos 150 metros cuadrados cada una y ocupa uno de los últimos vestigios de un pequeño ensanche industrial surgido entre el centro de la ciudad y la antigua estación de tren. A su alrededor, los edificios han crecido en altura y han ido borrando la memoria del barrio. La pequeña nave ha quedado encajonada entre construcciones mucho más altas.
Por eso, antes de empezar a transformarla, los arquitectos de Pigaa decidieron habitarla. El primer paso fue apropiarse del espacio con lo mínimo imprescindible e ir observando qué pasaba allí. Hay documentos que recogen esta progresión: de la nave desocupada, en noviembre de 2021, a ocupaciones puntuales, un campamento de verano de tres meses y, más adelante, usos cada vez más domésticos. Esta manera de hacer les permitió entender cómo entraba la luz, cómo cambiaba la temperatura y qué rincones funcionaban mejor según el momento del día y del año. La reforma, así, no partió solo de un plano, sino de la experiencia.
Y la primera operación fue vaciar. Al fondo de la nave derribaron los anexos y una parte de la cubierta para abrir un pequeño patio generosamente plantado. Al fondo, allí donde antes solo había paredes, ahora hay luz, aire y verde. Era una manera de fabricar las vistas que el edificio no tenía. Con una sucesión de ventanas se enmarca el patio y se hace que la vegetación sea una presencia constante.
Desde la calle, dos grandes cristaleras con bóveda dejan ver la parte más pública de la casa: el estudio. Dentro, un núcleo central ordena la planta y separa o une los dos grandes ámbitos de vivir y trabajar. No hay una frontera rígida entre casa y despacho. Cortinas y grandes correderas de madera se abren o se cierran según el momento y el grado de privacidad que requiera la situación. Ahora, durante el día, por ejemplo, casi toda la planta se convierte en estudio. La caja que contiene el dormitorio queda cerrada con una cortina y el resto del espacio trabaja como una única sala. Cuando toca vivir en ella, la operación se invierte. También depende de quién atraviesa la puerta. La casa puede mostrarse más o menos, abrir determinados espacios a los clientes o reservar otros. Esta capacidad de cambio es lo que da un sentido muy singular al proyecto. La nave no tiene un único uso ni una configuración definitiva. Los espacios cambian de función y el edificio continúa evolucionando.
Las paredes y los techos todavía conservan las heridas de las obras y las marcas de lo que ha ido pasando. No se han querido borrar porque explican la historia de una transformación hecha sin prisas y también con la necesidad de ir construyendo a medida que había recursos. De hecho, en la planta superior, de momento, casi todo está por hacer. El espacio a dos aguas continúa vacío, excepto cuando una gran mesa lo convierte en lugar de celebraciones con amigos. Es una habitación en espera. Quizás algún día será la vivienda. Y es que esta es una casa-estudio que todavía no quiere ser definitiva. Más que un proyecto acabado, es una manera de ir ocupando y transformando la arquitectura.