Economía 08/03/2022

Bruselas rompe un tabú y abre la puerta a desvincular el precio del gas y de la luz

La Comisión propone gravar los beneficios caídos del cielo de las eléctricas para compensar el encarecimiento de la factura

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Instalaciones del gasoducto Iamal-Europa en Bielorrusia, en una imagen de archivo.

BruselasPlan de choque contra la escalada imparable de precios de la electricidad agravada por el ataque de Rusia a Ucrania. La Comisión Europea ha presentado este martes su plan de acción que contempla un amplio abanico de medidas con el objetivo último de reducir al máximo la dependencia europea de los combustibles fósiles que provienen de Rusia y que son el principal motivo por el cual esta semana los ciudadanos están pagando la luz al precio más caro de la historia. Como medida que afecta más directamente los bolsillos de la mayoría, Bruselas se abre por primera vez a que los gobiernos puedan intervenir el precio de la luz, fijando un límite "temporal" que permita desatar el recibo final del coste del gas. El ejecutivo comunitario, sin embargo, tiene que concretar los detalles de esta vía y se compromete a hacerlo "las próximas semanas".

"Para responder a la emergencia actual, la Comisión estudiará todas las opciones posibles en medidas de emergencia para limitar el efecto contagio del coste del gas al precio de la electricidad, como por ejemplo límites de precio temporal", dice la comunicación de Bruselas, que añade: "Consultaremos todos los actores involucrados y propondremos opciones en las próximas semanas". A la espera de estos detalles, Bruselas recuerda a los gobiernos que ya pueden fijar límites de precio para los hogares vulnerables y las microempresas en base a la regulación actual, pero también va más allá y pone sobre la mesa una serie de esquemas de apoyo económico directo a los sectores más afectados.

Así, contempla la posibilidad de que los gobiernos puedan gravar las ganancias extraordinarias de las eléctricas, los llamados beneficios caídos del cielo, para financiar medidas de emergencia, como por ejemplo ayudas de estado a las empresas que requieren de un alto consumo eléctrico para mantener su actividad y que se ven especialmente perjudicadas. Por eso, Bruselas también flexibilizará al máximo el marco que controla las ayudas de estado y que, de hecho, ya se ha utilizado en la respuesta a la crisis económica provocada por la pandemia. Según la Agencia Internacional de la Energía, recuerda la Comisión, gravar los beneficios caídos del cielo permitiría conseguir hasta 200.000 millones de euros adicionales este año para compensar las facturas energéticas más altas. Estos impuestos, sin embargo, no podrían ser retroactivos. España lideró estas demandas en Bruselas ya antes de que Rusia empezara el ataque, pero la Comisión se mostraba escéptica.

Dejar de depender del gas ruso

Todas estas son las medidas que afectan más directamente a la factura de todos los consumidores o empresas, pero a nivel global la UE está adoptando un cambio de política energética a marchas forzadas que tiene mucho que ver con la situación geopolítica. Rusia provee el 40% del gas que consume Europa, el 46% del carbón y el 27% del petróleo. En un contexto de sanciones económicas que pretenden ahogar la economía rusa, continuar pagando cantidades desorbitadas al Kremlin (a través de Gazprom) por el gas desvirtúa las sanciones y mantiene Europa con las manos atadas. Por eso, Bruselas se propone reducir al máximo y lo más rápido posible la dependencia del gas ruso y ser completamente independiente en 2030.

Como primeras medidas que actuarían a modo de escudo en crisis como la actual, Bruselas propone que por ley cada 1 de octubre el almacenamiento de gas deba estar a un 90% de su capacidad y no al 30% con el que se entró en invierno de este año. En este sentido, la Comisión investiga desde hace meses Gazprom, la compañía rusa parcialmente pública que suministra el gas a Europa y que dejó sus reservas europeas por debajo del 20% este año de forma "inusual", según el documento de la Comisión. Por eso, también se propone decretar las infraestructuras de almacenamiento de gas como "críticas" para poder actuar contra propietarios no europeos que supongan un "riesgo para la seguridad" de suministro.

Para ello, apuesta por la diversificación de fuentes energéticas, con proveedores como Qatar, Azerbaiyán, Noruega, pero también con otros métodos como el gas licuado. El plan también pasa por acelerar al máximo la transición ecológica, con que Europa se ha comprometido a ser un continente libre de emisiones en 2050. Se privilegiará la inversión en renovables, pero también en infraestructuras de almacenamiento clave y en países especialmente mal conectados en la red eléctrica europea, como España, Portugal, Italia o Grecia. También se invertirá más en eficiencia energética y en fuentes de energía como el hidrógeno o biometano.

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