Periscopio global

Más dinero en las arcas: Australia estudia aumentar la recaudación de las exportaciones de gas

El país recauda más del impuesto sobre la cerveza que del gas a pesar de ser uno de los principales productores mundiales

Planta de fraccionamiento de gas en Australia, dedicada al procesamiento industrial de combustibles fósiles.
Aleix Graell
17/04/2026
4 min

SydneyEn Canberra corre el rumor de que el presupuesto de este año –que debe presentarse en mayo– es el más importante del siglo. El primer ministro australiano, Anthony Albanese, ha pasado en tres meses de presumir de prohibir las redes sociales a los menores de 16 años a dar un discurso por televisión por un shock económico que “estará con nosotros durante meses”. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha provocado, según Goldman & Sachs, “la interrupción del suministro energético más importante de la historia”. “Hemos visto la destrucción de pozos de gas en Qatar y Irán”, subraya Tony Wood, investigador de Energía en el Grattan Institute, “si el conflicto se detiene mañana, aún tendrá que pasar un buen tiempo hasta que se reparen estas infraestructuras”.

Mientras tanto en Australia multinacionales como Santos o Woodside (la empresa que exporta más gas del país y una de las empresas más contaminantes) han visto cómo sus acciones cotizaban al alza. Una situación similar a la de 2022, cuando Rusia invadió Ucrania. Ese año, Origin dobló los beneficios en un solo gasoducto. Pero a pesar del aumento de precios, Australia no espera aumentar la recaudación. Como explica Greg Jericho, economista jefe del Australian Institute, blogger y analista político, los australianos no reciben un retorno justo por el gas que se extrae de su territorio, ya que “el 57% de las exportaciones de gas no pagan ningún cánon”. Entre los clientes hay Corea del Sur, Taiwán y Japón a través de Inpex, una empresa con participación estatal que “no ha pagado PRRT [impuesto sobre el petróleo]”. “Apenas pagan impuesto de sociedades, y exportan tanto gas a Japón a un precio competitivo que pueden venderlo a terceros países del Pacífico y obtener beneficios. Parece que no es gas australiano, sino japonés”, explica Jericho.

Hace quince días la cadena pública ABC reveló que el primer ministro había pedido al Tesoro que propusiera una reforma al PRRT, así como un posible impuesto a las exportaciones de gas. “Las compañías energéticas no deberían beneficiarse de los altos precios internacionales a costa de los consumidores internos”, aseguraba el documento escrito por el departamento de Albanese. Un movimiento precedido por la presión de diputados independientes de electorados acomodados de Sídney y Melbourne, como Allegra Spender y Monique Ryan, pero que captó la atención popular cuando el gobierno admitió que recaudaba más de la cerveza que de las exportaciones de gas en respuesta a una pregunta del senador David Pocock.

A pesar de ser una situación conocida, ahora los laboristas han dado apoyo en el Senado a la creación del Comité para la Tasación de los Recursos Gasísticos, presidido por una senadora de los Verdes y del cual Pocock es miembro, que debe entregar su informe el 7 de mayo. Justo antes de los presupuestos. Pocock propone un 25% de impuesto a las exportaciones, una medida que Samantha McCulloch, directora general de Australian Energy Producers, cree que llega “en el peor momento posible”. La jefa de la patronal aseguró que las inversiones se perderían a causa de “l'activismo descontrolado”.

Pero, según los modelos del Superpower Institute, Australia solo recauda el 27% de los beneficios de los combustibles fósiles, combinando el PRRT y todos los impuestos, lejos de países como Noruega o Qatar. Para Ingrid Burfurd, doctoranda en economía por la Universidad de Melbourne, la crisis es una oportunidad para la reforma: “Si Australia hubiera aplicado un impuesto, los ingresos se habrían incrementado 1.100 millones de dólares australianos desde el inicio de la crisis en Irán”, apunta. “En 2025 el PRRT recaudó solo 1.400 millones anuales”.

Por el Australian Institute, un impuesto del 25% aseguraría alrededor de los 17.000 millones de dólares anuales (10.184 M€), suficiente para financiar universidades, o dentistas en la sanidad pública, explica Jericho. “Es una amenaza vacía, no se irán, el gas está aquí. Un 25% no arruinará estas empresas”, añade.

“No hay una oportunidad más fácil”

El 83% del gas licuado de Australia se exporta. Al mismo tiempo, las emisiones del gas cuando se quema generan 1.100 millones de toneladas de dióxido de carbono, casi tres veces las emisiones domésticas del estado. A partir de ahora, sin embargo, las décadas de inacción podrían tener los días contados. Como recuerda Burfurd, las generaciones Y y Z conformarán la mayoría de votantes en las elecciones federales de 2028 y las encuestas “muestran un apoyo del 68% a favor del principio de hacer pagar a los contaminados por el daño que causan”. Presionado interna y externamente, parece que Albanese podría modificar el régimen fiscal de las exportaciones de gas licuado.

Jim Chalmers y Madeleine King, tesorero y ministra de Recursos, no han cerrado la puerta y cada semana que pasa reciben más apoyos. Como el del director general de uno de los grandes bancos del país, el Commonwealth Bank. “Hay recursos que no estamos valorando como nación”, decía Matt Comyn en una conferencia en la que dejaba claro que un impuesto de entre el 15% y el 25% tendría mucho apoyo. “Es muy extraño que haya una buena política que al mismo tiempo sea tan popular –concluye Jericho–. Sería muy tonto que el gobierno la rechazara”.

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