El empresario que salvó Royal Dutch de la quiebra para convertirla en una gran petrolera
Jean Baptiste August Kessler sentó las bases para la posterior fusión con Shell
Aunque no estemos pendientes de ello, el petróleo siempre discurre por el subsuelo de nuestras vidas, como elemento fundamental de la mayoría de actividades que llevamos a cabo. Pero de vez en cuando, abandona su discreción y pasa a formar parte de los titulares de las noticias, nunca por una buena causa. Hoy en día volvemos a vivir uno de aquellos períodos en que las informaciones sobre el precio del crudo nos martirizan y amenazan nuestro estilo de vida. El oro negro es el gran alimento de la sociedad capitalista desde la segunda mitad del siglo XIX, pero mientras hoy en día los grandes operadores son multinacionales sin rostro, durante muchas décadas quienes hacían y deshacían en este sector eran personajes muy reconocidos, como es el caso de Jean Baptiste August Kessler.
- 1853-1900
Las cosas del mundo global de mediados del siglo XIX hicieron que Kessler viniera al mundo en la actual Indonesia, que en aquel momento era un territorio de las Indias Orientales Neerlandesas. Después de dejar abandonados los estudios universitarios que había comenzado en los Países Bajos, la tierra de sus progenitores, retornó a su lugar de nacimiento para intentar abrirse camino en la vida. Antes del cambio de residencia tuvo tiempo de acumular cierta experiencia trabajando en un banco que, precisamente, tenía muchos vínculos con las colonias asiáticas. Su vida parecía destinada al comercio de productos coloniales, como ya había hecho su padre –capitán de barco– pero la mano de su suegro lo cambió todo.
El emprendedor Aeilko Jans Zijlker, que había creado una pequeña compañía de prospecciones petrolíferas, murió súbitamente en 1890 y la firma entró en crisis. Sin su líder, la Maatschappij tot Exploitatie van Petroleumbronnen in Nederlandsch-Indië (Compañía para la Explotación de Pozos de Petróleo en las Indias Neerlandesas, más tarde conocida simplemente como Royal Dutch), quedaba al borde de la quiebra y es aquí cuando el suegro de Kessler, miembro del consejo de administración, pensó que quizás su yerno podría hacer algo. La realidad es que la empresa disponía de concesiones y había llegado a descubrir petróleo, pero los recursos técnicos eran muy precarios y reinaba un desgobierno importante. Aceptó el reto y lo que se encontró era aún peor de lo que le habían explicado.
Si algo caracterizaba a Kessler era su empuje, un aspecto fundamental para sacar a la compañía del pozo en que estaba inmersa. Para hacerlo aún más complicado, las principales explotaciones de la compañía estaban en Sumatra, donde el clima es muy hostil y abundan las enfermedades tropicales. La alegría por las primeras gotas de petróleo que brotaron a través de las tuberías de la compañía, a principios de 1892, duró poco, porque los resultados de las explotaciones se invirtieron muy pronto y el fantasma de la quiebra volvió a sobrevolar el negocio. La insistencia de Kessler permitió descubrir nuevas bolsas de petróleo que, ahora sí, propiciaron el gran salto empresarial que él deseaba. El precio que había pagado era el deterioro de su salud, una circunstancia que pronto le pasaría factura.
Uno de los últimos aciertos de Kessler fue el fichaje de un joven de la Netherlands Trading Society (hoy, ABN-Amro) a quien ofreció unirse a la Royal Dutch. Esta joven promesa se llamaba Henri Deterding, de quien hablamos durante el verano de hace cuatro años y que se convertiría en un mito al frente de la empresa. Otro legado importante fue el inicio de las conversaciones con el máximo responsable de la británica Shell, Marcus Samuel, para fusionar las dos compañías. Como decíamos, después de una década de trabajo intenso en las Índias, la salud de Kessler se había deteriorado mucho, hasta el punto de que en diciembre de 1900 se vio obligado a tomarse un descanso y viajar hasta los Países Bajos para recuperarse. Pero ya no llegó a tiempo, porque cuando su barco atracaba en el puerto de Nápoles, sufrió un ataque de corazón y murió. Su vida se detuvo justo un día antes de su cuadragesimoséptimo aniversario. Una vida corta, pero con mucha obra hecha.
El sustituto de Kessler al frente de la empresa no fue otro que Deterding, destinado a liderar la Royal Dutch durante treinta y seis años. En 1907, Deterding y Samuel acordaron la fusion de la que Kessler había puesto las primeras bases y, muchos años después, cuando el mismo Deterding se jubiló, quien tomaría el relevo en el liderazgo de la Royal Dutch Shell sería August Kessler Jr., es decir, el hijo de nuestro protagonista, con lo que se cerraría un ciclo en la historia de la empresa.