El financiero francés que ayudó a modernizar la España del siglo XIX
José Buschental tuvo un papel destacado en la economía española hasta que perdió el favor del gobierno y emigró a Sudamérica
Hace cuatro años y medio, en diciembre de 2021, hablamos de Gaspar Remisa, un osonense instalado en Madrid que movía los hilos de las finanzas del Estado durante la primera mitad del siglo XIX. Uno de los personajes con quien a menudo se relacionaba era un inversor de origen francés llamado José Buschental, quien también sería un personaje clave de la Hacienda española de aquellos tiempos.
Hijo de un rabino y escritor de cierta fama, Buschental nació en Estrasburgo, pero antes de la treintena ya se le encuentra viviendo en Brasil, donde prosperó gracias a su capacidad de sacar dinero de debajo de las piedras. Los socios de sus proyectos empresariales normalmente no tenían tanta suerte, mientras él siempre mostraba una capacidad insólita para caer de pie.
En aquel país conoció a la hija del Barón de Sorocaba y se casó con ella (1830). Su esposa, María de Gloria de Castro Delfim Pereira, le abrió las puertas de las élites locales, porque la familia tenía una relación muy estrecha con el emperador de Brasil, Pedro I. Desde entonces, Buschental se entregó a una vida de lujo que no duraría mucho porque una fuerte crisis financiera en el país le obligó a buscar nuevos horizontes.
- Empresario y financiero
La salida fue volver a saltar el Atlántico y establecerse en Londres, en lo que fue solo una estancia temporal para su destino definitivo, que no era otro que Madrid. La llegada a la capital española con un despliegue de lujo y apariencias le sirvió para empezar a alternar con los poderosos del Estado, al mismo tiempo que su mujer hacía uso de las relaciones con la familia real de Brasil para entrar en el círculo de amistades de Isabel II.
En España, Buschental se hizo un nombre como experto en levantar capitales para proyectos y también en emisiones de deuda. Desde la década de los cuarenta lo encontramos formando parte del consejo de administración de un buen puñado de negocios –algunos con nombres bien estrambóticos– entre los que destacan la compañía ferroviaria Camino de Hierro del Centro de España, la empresa de carruajes Compañía de Transportes Generales de España, la Compañía Peninsular General para el Alumbrado de Gas (donde también estaba el Marqués de Salamanca y el mencionado Gaspar Remisa), La Esperanza - Compañía Española para Elevar La Industria Fabril a su Mayor Grado de Perfección y Baratura, o la concesionaria de coches de transporte Collantes, Moore y Cia, entre otros.
Su amistad con el Marqués de Salamanca –el promotor del conocido barrio madrileño– le sirvió para recibir continuos encargos del Estado para buscar inversores, sobre todo en la City de Londres y en París, con la finalidad de colocar las emisiones de deuda pública, una tarea heroica por la escasa confianza que España ofrecía a los mercados internacionales. En 1847 José de Salamanca llegó a ser ministro de Hacienda. En una época de fuerte especulación financiera, las inversiones se convirtieron en una montaña rusa y en una de las caídas Buschental vio cómo su fortuna se evaporaba y, además, el presidente del gobierno, Ramón Narváez, lo desterró. Una vez más, tocaba hacer las maletas.
Retorno a Sudamérica
Después de breves temporadas en París y en Montevideo (Uruguay), en 1850 fijó su residencia en Argentina, pero su esposa no lo acompaó, sino que prefirió quedarse a vivir en la capital francesa. En Argentina, Buschental trabó amistad con José de Urquiza, que no mucho después sería el presidente del país sudamericano. La relación le sirvió para resurgir y llegar a ser uno de los principales banqueros del país, en una etapa de éxito que se prolongó hasta 1860, momento en que Urquiza dejó la presidencia.
Ante la falta de perspectivas, Buschental optó por volver a cambiar de país; en esta ocasión, puso los pies en Uruguay, un lugar que ya conocía. Una de sus inversiones más relevantes allí fue la construcción de lo que se considera el primer hotel turístico del país, el Hotel Oriental, inaugurado en 1862 en la ciudad de Santa Lucía. Muchos años más tarde, en 1920, el establecimiento pasaría a llamarse Biltmore Hotel y sería lugar de concentración de clubes de fútbol como el Peñarol, el Club Nacional y el River Plate, a los cuales en alguna noche de fiesta se les unió el cantante Carlos Gardel.
En 1870 la salud de Buschental empeoró de forma súbita, lo cual lo empujó a viajar a Europa para visitarse con médicos del continente. Un periplo por Madrid, Florencia, Londres y que tenía como punto final Nueva York quedó truncado en la capital inglesa, donde murió mientras se alojaba en el hotel Clarendon.