La vivienda, una verdadera emergencia
BarcelonaHace pocos días, el gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, avisó que la vivienda es una verdadera emergencia nacional. No le falta razón. Esta problemática, que supone una preocupación creciente para los ciudadanos, se ha convertido en la principal fuente de crecimiento de la desigualdad social. Se cojan los datos que se cojan, el diagnóstico siempre es el mismo: hay más demanda que oferta, cara y prácticamente inaccesible para una buena parte de la población. Y de la oferta que hay, una parte está en manos de no residentes o son pisos que se utilizan para alquilarlos a turistas. En total son unos 900.000 en todo el país, según los datos del Banco de España.
La Cambra de Comerç de Barcelona ha sido la que ha puesto una cifra más reciente al problema, a través de la tradicional Memoria Económica de Catalunya: Desde 2021, en Catalunya se han creado 200.000 nuevos hogares, mientras que solo se han terminado unas 60.000 nuevas viviendas. Esto significa que hay un déficit de unos 140.000 viviendas. Y uno de los problemas es que no todo son pisos que no se han construido.
La verdad es que hay, es decir, no hay que construirlos todos, pero una parte de la oferta no va destinada a abastecer la demanda de alquiler de residencias estables o de compra por parte de quien quiere montar un hogar para construir un proyecto vital. No solo empresarios o grandes fondos encuentran en los pisos turísticos una vía más rentable sino pequeños propietarios. Una información de el ARA revelaba esta semana que en 10 años, Catalunya ha sumado más de 320.000 camas en pisos turísticos, lo que supone un incremento del 123% en 2025 respecto de 2015.
Y otro aspecto destacable es que esta cantidad es el 91% del total de camas destinadas a usos turísticos, es decir, de las plazas hoteleras hasta los campings. Y esto ha comportado que las viviendas destinadas a usos turísticos se hayan disparado hasta representar casi la mitad de toda la oferta turística, mientras que hace diez años solo eran el 29,9%. Probablemente no son una proporción elevada de todo el stock de pisos, pero sí del flujo de los usos de estos en los últimos años.
Ante una situación como la actual una de las pocas soluciones, si no la única, es que la política debe servir para resolver los problemas. Una vía, dígannme ingenuo en las circunstancias actuales, sería un gran pacto de todas las administraciones para facilitar al máximo que la oferta se ajuste a la demanda. Construir más y con condiciones más asequibles. Porque esto sí que es una verdadera emergencia.