Por qué preocupa el consumo eléctrico de los centros de datos?
El gobierno español teme que el despliegue sin control encarezca la factura de la luz
MadridEspaña hace tiempo que saca pecho por haber conseguido contener el precio del recibo de la luz en comparación con otros países del entorno en un contexto marcado por la fuerte tensión y volatilidad del mercado energético global. La razón principal: el despliegue de las energías renovables, que abaratan el precio mayorista del pool eléctrico –disminuyen el consumo de gas, que es más caro–. Nada que pueda ir en la dirección contraria agrada al gobierno español, que ahora teme que el despliegue de la industria de los centros de datos impulsado por el auge de la inteligencia artificial (IA) vaya, precisamente, hacia ahí.
"¿Sabe usted cuánto encarecen los centros de datos el recibo que paga de la luz? Mucho", ha afirmado el ministro de Transformación Digital, Óscar López, en una entrevista en TVE este lunes por la mañana. El ejecutivo de Pedro Sánchez está negociando con el sector un proyecto de real decreto para regular los requisitos de sostenibilidad energética, medioambiental y de resiliencia y soberanía digital para los centros de datos. El texto planteado inicialmente abrió un choque con el sector, que lo rechaza y ha amenazado con retirar inversiones. El mismo ministro ha confirmado que se están manteniendo conversaciones para hacerlo "equilibrado".
Uno de los puntos más conflictivos es la exigencia de que los centros de datos utilicen nueva generación de energía renovable cada hora que están en funcionamiento, y como mínimo un 80% de su consumo energético. Esto, sin embargo, abre otro debate: dónde se instalan estos centros de datos, lejos o cerca de la fuente de energía.
¿De qué consumo hablamos?
Ni el ministerio de Transición Ecológica, ni el de Transformación Digital, ni tampoco en el decreto del gobierno español se recogen cálculos de cuál puede ser el incremento del coste eléctrico en el Estado con el despliegue de los centros de datos: inicialmente se valoraba que supusieran una demanda de entre 2,5 o 3 GW en 2030, pero ya se ha superado en términos de "potencia preconcedida", según ha dicho el ministro. Esto quiere decir en términos de previsión de potencia admisible que puede soportar la red eléctrica.
Aunque con cuentagotas (se tarda meses en levantar las instalaciones) su crecimiento en el Estado no ha cesado y en 2025 la potencia instalada por los centros de datos fue de 439 MWh. Un informe de Barclays señalaba que en 2025 representarían entre el 14 y el 24% de la demanda eléctrica en el Estado.
La clave para entender la preocupación es que si el incremento de esta demanda eléctrica no va acompañado de nueva generación inframarginal (tecnologías renovables como la eólica o la solar y que son más económicas) y el gas gana peso para satisfacer el consumo, el precio del pool se podría disparar para todo el mundo.
Fuentes del ministerio de Transición Energética insisten en que la preocupación no está vinculada a una capacidad de la red eléctrica, sino a este aumento del precio mayorista. Esto también es importante porque las grandes empresas eléctricas han denunciado que la actual red española no tiene suficiente capacidad para asumir la llegada de nueva industria que depende de la electrificación para cubrir su demanda de energía (es el caso de los centros de datos). Por eso han pedido reforzar y mejorar esta red con más inversión, cosa que también repercute en el recibo de la luz a través de elementos como los peajes de acceso.
¿Qué ha pasado en otros países?
En 2025, el consumo eléctrico global de los centros de datos alcanzó los 415 TWh (un 1,5% de la demanda mundial), según datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés). El mismo organismo prevé que se duplique hasta los 945 TWh en 2030. Estados Unidos y China concentran cerca del 80% del crecimiento proyectado. De hecho, el ministro ha puesto de ejemplo que en el país norteamericano han crecido las protestas de los ciudadanos contra su despliegue.
El mismo país que se ha erigido en laboratorio de esta industria y todo lo que la rodea, empezando por la inteligencia artificial, empieza a tener estados en los que se ha cuestionado su instalación. Es el caso de Maine, pero también de Nueva York.
Pero no hace falta ir tan lejos. En Irlanda, ha ejemplificado el ministro, el 30% del consumo eléctrico es fruto de los centros de datos. Su auge y el de la inteligencia artificial han supuesto un incremento del consumo eléctrico hasta el punto de que el país ha abierto el debate sobre el uso de la energía nuclear, prohibida desde hace años. También la Unión Europea flirtea con las dudas: la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia y exministra socialista, Teresa Ribera, ha apelado a una "reflexión" global sobre los centros de datos para prevenir "efectos negativos para el conjunto de la sociedad" y ha puesto de ejemplo el encarecimiento "notable" del recibo de la luz.
Ante este panorama, López ha cuestionado si el despliegue de los centros de datos debe hacerse sin tener en cuenta, precisamente, la factura de la luz de los consumidores. "¿Los centros de datos deben ser sostenibles? Por supuesto. ¿Deben hacerse a costa de que todos paguemos más por el recibo de la luz? Yo creo que no", ha dicho López, que ha señalado que hay otras industrias que "compiten por la energía" y que "crean más puestos de trabajo". Al mismo tiempo, sin embargo, ha reconocido que hace falta más capacidad de supercomputación. España, de hecho, se ha propuesto tener una de las primeras gigafactorías de inteligencia artificial (IA) en Europa.