La arquitectura que nos tiene que ayudar a vivir mejor
Estos días Barcelona está llena de arquitectos venidos de todo el mundo. Mañana se inaugura, en las Tres Chimeneas de Sant Adrià, el congreso de la Unión Internacional de Arquitectos, que a lo largo de esta semana debatirá los grandes retos y las incógnitas que tiene la profesión. Igual que hace treinta años, cuando también hubo un congreso mundial de arquitectos que casi murió de éxito –se tuvieron que hacer las sesiones en el Palau Sant Jordi–, la expectación es máxima, a pesar de que se espera que, al menos en el ámbito organizativo, los espacios se ajusten a las necesidades. Lo curioso es que los temas de debate no han variado mucho, aunque lo parezca por el lenguaje utilizado, pero el contexto sí que es muy diferente.
El principal cambio es que se ha acabado la fascinación por las estrellas de la arquitectura, y buena parte de los 10.000 congresistas que vienen son hijos de la crisis de 2008, es decir, del crack inmobiliario que acabó siendo general y que no solo paralizó proyectos sino que también hizo que la precariedad y el ahorro fueran factores claves en la arquitectura. También han vivido la crisis climática y la han incorporado como propia –la construcción supone casi el 40% de los gases de efecto invernadero–, asumiendo que son responsables de mitigarla. Además, vivieron la crisis de la pandemia, que hizo replantear en buena parte cómo deberían ser las casas en las que vivimos para adaptarlas a una sociedad más digital y con núcleos familiares más diversos.
El Congreso Mundial de Arquitectura muestra la investigación realizada en Cataluña tanto en vivienda social como en la relación con el paisaje y la ecología.
Lo que sí se mantiene entre los dos congresos es la voluntad de Barcelona, y de Cataluña, de aportar su visión al debate global. Y no solo a través de las exposiciones –las del congreso y las que están ligadas a la Capital Mundial de la Arquitectura–, sino también poniendo el foco en una de las grandes preocupaciones del momento, la vivienda, que es también el tema de nuestro dossier. Hoy nos fijamos en lo que hacen los arquitectos para afrontar algunos de estos retos, tanto en las innovaciones en la tipología de los pisos –que ahora han incorporado un diseño menos jerárquico de las habitaciones– como en el énfasis en el ahorro energético usando sistemas estructurales para asegurar una mejor ventilación, más luminosidad y espacios intermedios que permitan regular la temperatura.
Pero, además de explicar a fondo algunos ejemplos, ver el impulso pionero que se ha hecho desde el sector público y hablar con referentes del sector, como el francés Jean-Philippe Vassal y la catalana Marta Perís, también hemos querido poner los focos largos y ofrecer una reflexión más compleja sobre la arquitectura. Lo hacemos a través del suplemento especial Ara Diumenge dedicado al equipo de Olot RCR –integrado por Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramon Vilalta–, el estudio catalán más internacional. Son los únicos catalanes que han ganado un premio Pritzker y referentes en entender la arquitectura desde una vertiente cultural y, sobre todo, paisajística. En este debate sobre arquitectura y naturaleza, también central en el congreso de Barcelona, su visión es pionera y disruptiva. Todo ello, ejemplos que muestran que hay una generación de arquitectos en Cataluña que tiene claro que, tanto en el nivel más cotidiano como en los grandes espacios de la naturaleza, la arquitectura nos debe ayudar a mejorar la vida.