Editorial

La extrema derecha se fija en la vivienda

Donald Trump recibía ayer a Viktor Orbán en la Casa Blanca.
16/01/2026
2 min

El viejo Frente Nacional de Jean Marie Le Pen hace ya muchos años que vio en los obreros votantes del Partido Comunista su principal granero de votos. Para atraer a este segmento de la población adoptó un discurso que mezclaba la justicia social con la preferencia nacional con el conocido lema "Primero los de casa". Tampoco era un fenómeno exactamente nuevo. Ya en los años 20 y 30 del siglo pasado el fascismo en Italia y el nazismo en Alemania también adoptaron políticas de carácter social y señalaban como enemigo al capital internacional, que a menudo identificaban con los judíos. En España, la Falange primoriverista también se autocalificaba de revolucionaria y se reflejaba en Hitler y Mussolini.

Una parte importante de la extrema derecha mundial actual está volviendo a este discurso e intenta aproximarse a la preocupación por el acceso a la vivienda. No toda, porque también existen ejemplos de neoliberalismo irredento, como el que representa Javier Milei en Argentina, y que se oponen a cualquier tipo de regulación del mercado. Quizás el gesto más significativo en este sentido fue el de Donald Trump el pasado 7 de enero, cuando anunció una regulación para impedir que los fondos de inversión puedan comprar casas unifamiliares. "En las casas vive la gente, no las corporaciones", dijo Trump. Sin embargo, no queda claro que esta medida tenga encaje legal en Estados Unidos.

Otros líderes de extrema derecha, como el húngaro Viktor Orbán, han puesto también la vivienda, que se ha convertido en un problema global, en el punto de mira con la aprobación de créditos blandos para la compra o ayudas a los jóvenes. En algunos casos se trata de medidas que también defiende a la izquierda, como la prohibición de compra de viviendas a extranjeros que no residen en el municipio, en un intento de frenar la especulación. Suiza ha aprobado una ley en este sentido, y los Países Bajos bajo el gobierno del conservador Mark Rutte directamente prohibieron la compra de viviendas para dedicarlas al alquiler. Evidentemente, estas medidas van mezcladas con otras de carácter xenófobo o racista, como la promesa de deportar a millones de inmigrantes para que así baje la presión sobre los precios.

En España Vox ya hace tiempo que se ha hecho suyo este discurso y lo reproduce por boca del nuevo portavoz adjunto en el Congreso, Carlos Hernández Quero, quien, desde una defensa enconada de la propiedad privada individual, propone poner límites a los grandes fondos y al capital extranjero, que es obvio que son uno de los factores que están haciendo subir el precio. Eso sí, el partido de Abascal no defiende medidas como el tope en los alquileres.

Es evidente que la extrema derecha ha identificado el problema de la vivienda como un motor de captación de votos, ya que es el factor que está provocando el crecimiento de una bolsa de personas que no pueden acceder a ella y son susceptibles de escuchar sus cantos de sirena. Ante esto, los gobiernos progresistas y los conservadores ya pueden ponerse las pilas e implementar soluciones a un ritmo más rápido que el actual, ya que el malestar con la vivienda crece cada día que pasa y es el mejor abono para un descontento social que puede acabar engordando a los enemigos de la democracia.

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