Friedrich Merz y Marco Rubio desde la Conferencia de Múnich.
13/02/2026
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En la Conferencia de Seguridad de Múnich, el canciller conservador alemán, Friedrich Merz, ha dado un paso adelante a la hora de asumir el liderazgo europeo. En un discurso muy pensado y calculado, Merz ha buscado un equilibrio entre la voluntad de avanzar hacia una mayor autonomía defensiva europea y la necesidad de no romper la histórica alianza con Estados Unidos. Todo ello, desde la asunción de que se está abriendo una nueva etapa en el panorama internacional que ya no responde a los parámetros de la posguerra mundial.

Merz y Macron han reconocido conversaciones para "articular la disuasión nuclear francesa para Europa", ha dicho Macron, quien tiene claro que hay que jugar fuerte: "Europa debe convertirse en una potencia geopolítica". En este punto, queda por ver qué posicionamiento adoptará Londres, que también dispone de armamento nuclear: en todo caso, en Múnich, Merz, Macron y Starmer se han exhibido juntos. El canciller ha apostado por esta vía sin abandonar el atlantismo, es decir, dentro de una OTAN en la que Europa se otorgue más responsabilidad y, por tanto, más fuerza militar.

Este reforzamiento europeo responde al reequilibrio occidental que ha desatado el presidente estadounidense Donald Trump con su disruptivo y despreciador juego hacia Europa. ¿Qué juego? Hasta ahora, un juego con cuatro movimientos. Por un lado, presionando a los tradicionales socios para que aumenten sus presupuestos militares –y para que lo hagan con gasto en la industria estadounidense–. Por otro, flirteando con el líder ruso, Vladimir Putin, en el marco de la guerra de Ucrania; este mismo viernes ha insistido: "Rusia quiere llegar a un acuerdo y Zelenski tendrá que moverse o perderá una gran oportunidad". En tercer lugar, dando alas a la ultraderecha continental y debilitando así la unidad europea. Y en cuarto lugar, con la amenaza de invasión de un territorio europeo, Groenlandia (Dinamarca).

Ante este panorama, el canciller alemán ha dado un paso adelante. Un paso imprescindible en el que le esperaba, perfectamente dispuesto, el presidente francés. Porque sin el eje franco-alemán, difícilmente existe una alternativa europea a la sacudida trumpista al atlantismo. De momento, pese a las fragilidades, la reacción continental ha permitido detener las ansias del presidente estadounidense con Groenlandia. De hecho, ha sido la prepotente voracidad estadounidense sobre la isla ártica lo que ha dado el empuje a una más vigorosa reacción europea.

Detenido el golpe groenlandés, de nuevo el protagonismo se traslada a Ucrania. De modo que los términos del futuro acuerdo de paz entre Kiiv y Moscú marcarán la solidez europea frente a Putin y ante un Trump que, contra la lógica histórica de la OTAN, sigue demostrando una dudosa neutralidad en las negociaciones entre Zelenski y Putin, aparte de un evidente desprecio del rol europeo en las negociaciones.

Merz no quiere romper la pelea. Sigue creyendo en la OTAN. Por eso, mientras pone rumbo hacia una Europa militarmente reforzada y menos dependiente de EEUU, también se dirige a Trump para advertirle: "En una era de rivalidad entre las grandes potencias, ni siquiera EEUU es suficientemente fuerte para ir solos".

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