BarcelonaLas imágenes de este jueves de jóvenes ceutíes blandiendo banderas españolas mientras bloqueaban el reparto de ayuda humanitaria llevado a cabo por la Cruz Roja y mientras asaltaban un campamento de inmigrantes en la playa Benítez y calaban fuego a sus (pocas) pertenencias no son una casualidad. Son producto, por un lado, de una gestión errática de la crisis por parte del gobierno español y, por otro, de la manipulación y los discursos de odio con que la extrema derecha ha inundado las redes desde el día 30 de julio. El lenguaje, en estos casos, lo es todo. El diputado del PP de Ceuta Javier Celay hizo ayer un llamamiento a la calma diciendo que "las escenas de violencia sitúan como víctimas a los invasores que entraron irregularmente, cuando las víctimas son los ceutíes". O sea que la violencia no está mal por sí misma, sino porque en este caso beneficia "a los invasores". Evidentemente, calificar de "invasores" a los inmigrantes tiene una connotación política muy clara, los deshumaniza y los convierte en enemigos, es decir, en personas que ponen en peligro la existencia de España. De ahí que los jóvenes ceutíes de las imágenes seguramente no se ven a ellos mismos como racistas y xenófobos, sino como salvadores de la patria.
Curiosamente, el uso de las redes sociales y la mensajería instantánea ha tenido un papel clave en toda la crisis. En un primer momento sirvió para propagar la falsa idea de que se podía entrar a Ceuta nadando sin peligro de expulsión, de acuerdo con una sentencia del Supremo, y después ha servido para vehicular discursos de odio al diferente. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ha explicado este viernes lo siguiente: "Entre el 27 de julio y el 10 de agosto cerca del 40% de la conversación en la red X sobre este tema fue en inglés, y se buscaba imponer un relato de colapso de la seguridad y la denuncia de una amenaza civilizatoria. Las publicaciones de Elon Musk sobre Ceuta consiguieron en 11 días un alcance de 724 millones". Albares también ha dado detalles de cómo desde Rusia se ha aprovechado la crisis para desinformar y para dividir a los europeos.
Esta realidad no quita ni un gramo de responsabilidad al gobierno español por la nefasta gestión de la crisis migratoria al inicio, humanitaria después y social y política ahora. Pero tampoco podemos ignorar cuáles son los actores que mueven los hilos de las redes sociales y qué intereses geopolíticos hay detrás. Y no hay duda de que la extrema derecha mundial, que actúa de forma coordinada, tiene un objetivo común, que es acabar con la Unión Europea y con los valores y el modelo de convivencia que representa. Ahora mismo la UE está en el punto de mira tanto de Rusia, que recela de su modelo de libertades, como de los Estados Unidos, que prefieren negociar con los diferentes países uno a uno para imponer su voluntad. Tampoco se puede ocultar, por mucho que el gobierno español lo intente, que Washington es ahora uno de los principales socios de Marruecos, y que este país usa Ceuta y Melilla para chantajear a España y a la UE.