Pesca

Oriol Serra, el penúltimo pescador de Sitges: "Me siento libre, no tengo horarios, estoy solo y no dependo ni de trenes ni de coches"

Crónica de una jornada pesquera a bordo de la barca Fila, especializada en pesca artesanal con el arte del trasmallo

El pescador Oriol Serra, encima de su barca, la Fila, una de las dos que quedan en activo en el Puerto de Aiguadolç de Sitges
18/09/2026 - 09:02 h.
6 min

Puerto de Aiguadolç de SitgesEs martes, son las seis de la mañana, el mar está plano como un plato y el pescador Oriol Serra (Barcelona, 1978) está sentado en su barca, la Fila, en el Puerto de Aiguadolç de Sitges. Todo está oscuro, las farolas de las calles todavía están encendidas. En el cielo, una luna fina, cóncava como un gajo de sandía. Oriol desata las amarras del pantalán, donde están las dos únicas barcas pesqueras del puerto, y enfilamos mar adentro, hacia la negrura. Mientras la barca va navegando, dejamos atrás la serpentina de color rojo que hacen los coches que pasan por la carretera de las costas del Garraf en dirección a Barcelona. También los espigones y el campanario de la iglesia de Sitges. Todo va quedando lejos, a nuestras espaldas, porque nos dirigimos a los gallos, las señales con bandera roja que Oriol colocó la tarde anterior en el mar para calar las redes artesanales. El objetivo del día es pescar langostinos. ¿Encontraremos?

La soledad del oficio es lo que más destaca en positivo el pescador Oriol Serra.

"Septiembre y octubre son malas épocas para la pesca artesanal, la que hago yo con la red artesanal de trasmallo, porque venimos del verano, de un agua muy caliente", empieza a explicar el pescador en las horas de calma que tenemos mientras vamos a buscar el caladero. En otoño empezará el calamar, pero él no va a por el calamar, que es la expresión que usan los pescadores para referirse a los peces que pescan. "Yo voy a por la sepia, al lenguado, al rodaballo y al langostino", y ya está. Para pescar el langostino, lanza la red al mar por la tarde del día anterior; para los otros tres, por la mañana, porque les va bien veinticuatro horas antes. "El langostino vive enterrado durante el día y sale por la noche para alimentarse, por eso va bien calar las redes la tarde anterior". Con el verbo calar nos detenemos un rato, porque Oriol dice que antiguamente se usaba más el verbo hilar. Y de ahí que su barca se llame Fila. Tradicionalmente se han buscado las diferencias y las semejanzas de los langostinos con las gambas rojas, y justo una de las más importantes es el sistema de pesca: los langostinos, sistema artesanal; las gambas, de arrastre, y actualmente con cuotas. "Ahora han puesto cuotas porque pienso que lo que busca el sistema es poner fin al arrastre, por eso han empezado con una primera traba", dice. Las trabas para pescar

Todos los pescadores tienen muchas trabas para pescar. Él mismo las tiene, ya que lleva una barca pequeña y pesca artesanalmente en un puerto donde solo hay dos pescadores: él y Alfred Piqueras. Oriol tiene instalada en la barca una caja azul con la que lo controlan: "Con este aparato, que parece un farol, saben las horas a las que salgo y entro al puerto". Todo el pescado debe estar controlado y tiene que pasar por lonja; en este caso, la de Villanueva y Geltrú. Pasan los últimos porque llegan en coche desde Sitges; la cofradía de Villanueva responde que si llegaran en barca, entonces entrarían por orden de llegada como el resto de barcas de Villanueva. El caso es que "parece que cada vez estamos más cerca de conseguir no tener que pasar por la lonja", comenta. En Portlligat, las dos barcas que quedan, la de Moisès y la de Isca-Samu, no pasan por la lonja de Rosas los meses de verano, porque entienden que la carretera está colapsada y no tiene sentido ir allí en barca por el gasto de combustible.Y a pesar de toda la burocracia, Oriol es pescador de sentimiento. Recuerda que tenía doce años cuando se iba a la playa con una caña de pescar. Sus padres, de Camprodon y de Asturias, tenían una casa de veraneo en Sitges, y él lo aprovechaba para pasar allí los días al lado del mar. "Muchos vecinos me recuerdan de pequeño con mi caña", dice. De mayor, eligió la afición como oficio, y de todo eso ya hace treinta y cinco años. "Y espero continuar en ello, aunque hoy en día, a través de la Cofradía de Pescadores de Sitges, complemento mi sueldo trabajando como cocinero de ranchos marineros para el Centro de Interpretación de la Malvasía, el CIM, para el cual cocino cuando tienen grupos de veinte o más personas". Gracias a hacer de cocinero, puede hacer de pescador, porque si no "malviviría", dice para explicar el poco rendimiento económico de la pesca artesanal. Y lo concreta: "Tendría un sueldo de mil euros o menos con la pesca, y eso teniendo en cuenta que hay meses que no salgo a pescar; ahora mismo llevaba un mes sin ir con la barca".Le pregunto el porqué de la mala vida del oficio, y me indica la sobrepesca, los productos químicos que se han tirado al mar para que las aguas sean cristalinas, que han hecho desaparecer los bivalvos. "Nos hemos quedado sin mejillones, por ejemplo, pero también sin pulpos, doradas y lubinas, que se han ido mar adentro, cuando antes estaban más en la orilla". Por todo ello, "el pescado se ha convertido en un producto que vale dinero, pero no es caro". Y hay que entender el matiz. "El pescado no es caro si valoras todo el esfuerzo que hay detrás; yo mismo hoy he zarpado a las seis de la mañana; ya veremos lo que pescaremos, y cuando vuelva a puerto, estaré hasta el mediodía sacando la pesca de las redes y arreglándolas". Después todavía quedará ir a la lonja de Villanueva, a partir de las tres de la tarde, para vender el pescado. Por todas estas horas de trabajo, el pescado cuesta dinero, pero no es caro. Es un trabajo artesano. Lo que compramos en la pescadería lo ha ido a buscar alguien mar adentro para ti.

El salmonete o roger es uno de los pescados que pescó Oriol Serra el día que quería capturar langostinos.

Retomamos el tema de la sobrepesca, y entonces Oriol dice que hace diez años pescaba el doble que hoy. "Por eso no hay relevo en los puertos pesqueros; por eso hay quienes se han quedado sin barcas, o ya quedan muy pocas". Pero hay más impedimentos para dedicarse a la pesca: "Tampoco hay gente que sepa arreglar las redes; las de los trasmallos, todavía menos". Oriol ha encontrado un contacto en las Casas de Alcanar, de un pescador jubilado que le han asegurado que sabe. Se las llevará. Por cada cincuenta metros de trasmallo arreglado, el remendador habrá pasado siete u ocho horas, que se paga a cincuenta euros. "Hay pocos y están mal pagados, y los que saben son muy mayores y casi se están quedando sin vista".Y a pesar de todo esto, Oriol Serra asegura que el oficio le gusta. "Cada día del año es diferente; me siento libre, no tengo horarios, estoy solo, no estoy atado a nadie, no dependo ni de trenes ni de coches y también es muy intuitivo". Para el penúltimo pescador de Sitges pescar también tiene ese punto de incógnita: "Nunca sabes cómo acabarás, qué sorpresas te dará el mar", y este aliciente liga, engancha. De todas las ventajas de pescar hay una que Oriol enseña poniéndose de pie: "Mira a tu alrededor: no hay nadie, solo las nubes, los pájaros, los aviones, que dejan rastro". La belleza del mar y el cielo es lo que hace que Oriol no abandone, que no piense en cuántos años le quedan de ser el penúltimo pescador de Sitges.

Momento en el que el pescador Oriol Serra estira el trasmallo que pasa por el llevador.

Llegamos a las boyas, a la señal con banderas rojas que caló el día anterior, y para la barca. Pone en marcha el cabrestante, que es una especie de polea grande de hierro, y empieza a elevar los ochocientos metros de trasmallos. Empieza el espectáculo, desaparecen las incógnitas que hemos tenido durante la hora de estar en el mar. Ante nosotros empiezan a desfilar langostinos, pocos; raors (loritos), preciosos con sus colores rosados; besugos; pageles; lenguados; salmonetes y tembladeras, bastantes tembladeras, que son parecidas a una raya. Y poca cosa más. Durante metros, la red sube vacía; de vez en cuando, un langostino. Cuando llegamos al último trozo, decimos: a ver si sale el último langostino. Que sea un langostino, por favor.El mar nos ha escuchado. La última pesca es un langostino, bonito, grande, que ha quedado enredado en el trasmallo. El pescador enrolla las redes, y da la vuelta a la barca, a la Fila. Nos dirigimos de nuevo hacia el puerto de Aiguadolç. Ahora es el momento de mirar el mar y el cielo, de estar cada uno en sus pensamientos. Me imagino que Oriol debe de estar pensando en la pesca, en la cantidad que ha sacado, debe de estar haciendo sus números. O quizás no. La pesca ha sido escasa, pero él es feliz. Está tranquilo. El mar sigue siendo como un plato, pero ahora quien brilla en el cielo es un sol redondo como una sandía sin cortar.

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