El show de Trump y el futuro de Europa
BarcelonaCuando se trata de Donald Trump, es muy difícil discernir qué hay de cierto y qué hay de pura fanfarronería en sus palabras, pero la realidad es que cada vez es más evidente que Europa debe seguir su propio camino en el ámbito de la seguridad. La última cumbre de la OTAN, celebrada en Ankara, ha sido el ejemplo más claro de que estos Estados Unidos no son un aliado fiable. Trump ha protagonizado una vez más su particular espectáculo, en el que ha insultado a líderes políticos como Giorgia Meloni, ha amenazado a países como España, ha insistido en que quiere quedarse con Groenlandia y ha dejado claro que, si fuera por él, desmontaría la Alianza Atlántica porque no le ve ninguna utilidad. Sus ruedas de prensa son una colección de despropósitos que tanto sirven para proporcionar titulares sensacionalistas como para protagonizar confusiones que rápidamente se viralizan en las redes, como por ejemplo referirse a Irán como República Islámica de Japón.
Para rematar, Trump ha aprovechado la cumbre para dar por roto el alto el fuego con Irán y reanudar los ataques, lo que ha provocado a su vez la subida del precio del petróleo y la bajada de las bolsas. Y encima de tomar estas decisiones sin consultarlo con nadie, se queja de que ningún socio de la OTAN le ha querido ayudar.
En este contexto, los aliados europeos parecen contentarse con no sufrir más daños de los necesarios y en llevar a Trump hacia su terreno, por ejemplo con la decisión de facilitar que Ucrania pueda tener misiles Patriot para contrarrestar los ataques rusos. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, sobresale en el arte de adular a Trump, hasta extremos que generan vergüenza ajena, para mantener la Alianza en pie. Pero este no puede ser en ningún caso el único camino, porque a Trump no se le puede tratar como si fuera un fenómeno pasajero, una pesadilla de la que algún día los europeos nos despertaremos. Lo cierto es que la pulsión aislacionista y antieuropea es muy fuerte en una parte de la sociedad norteamericana que ha decidido depositar su confianza en el magnate neoyorquino, y por eso no se puede esperar que el movimiento MAGA desaparezca de un día para otro.
Europa, pues, no tiene más remedio que caminar hacia una soberanía estratégica real, que incluya la defensa pero también otros ámbitos, especialmente el tecnológico, controlado hoy por grandes corporaciones norteamericanas en manos de tecnooligarcas como Elon Musk o Peter Thiel, que no ocultan sus inclinaciones neofascistas, totalmente contrarias a los valores europeos. En esta carrera por desvincularse de los Estados Unidos, Europa no está sola. Puede tener aliados como Canadá, que también está en el punto de mira de Washington, y con quien hay una coincidencia total en la manera de entender el mundo.
La cumbre de Ankara ha sido el colofón de un divorcio inevitable, en el que las palabras van por un lado y la realidad por otro. Y la realidad es que ya no se puede contar con los Estados Unidos ni como garante de la defensa del continente ni como un socio comercial fiable. Después de las fotos y las sonrisas de rigor, esta es la única realidad que queda.