El ojo tiroidal: "Te ves constantemente desfigurado y no eres tú"
Esta enfermedad autoinmunitaria, que es poco frecuente, pero progresiva y debilitante, afecta a cinco mujeres por cada hombre y predomina en personas de entre 40 y 60 años
Algunas enfermedades presentan síntomas tan comunes que pueden confundirse con otras afecciones habituales y más leves. Éste es el caso del ojo tiroidal, que inicialmente puede manifestar síntomas usuales en otras afecciones, como enrojecimiento o inflamación leve, pero puede acabar desencadenando en visión doble y problemas agudos de vista. "La enfermedad completa afecta al 100% de la vida laboral y social del paciente", explica la doctora Sabina Luna, especialista en oftalmología en el Hospital de Sant Pau. Se trata de una afección poco frecuente, pero progresiva y debilitante, que afecta a cinco mujeres por cada hombre y predomina en personas de entre los 40 y los 60 años.
"Es una enfermedad autoinmunitaria, ya que existe una quiebra del sistema defensivo del cuerpo y está directamente vinculada a alguna enfermedad de la tiroides", explica Josep Maria Cubero, endocrinólogo del Hospital de Sant Pau. Es lo que ocurre cuando el sistema inmunitario comete un error y ataca no sólo a los agentes infecciosos externos, sino al tejido muscular y graso de la órbita de los ojos. De hecho, se estima que el 40% de los pacientes de la enfermedad de Graves —una tiroiditis autoinmunitaria y la causa médica más común de los ojos salientes— desarrollan esta afección ocular, y también la desarrollan, en menor medida, algunos pacientes de hipotiroidismo de Hashimoto.
Uno de cada tres pacientes sufre una discapacidad permanente o temporal
La enfermedad provoca una inflamación de la musculatura de la órbita, un proceso que puede alargarse entre un año y medio y tres años si no se recibe tratamiento. Entre los síntomas más habituales se encuentran la retracción de los párpados, la dificultad para cerrar completamente los ojos, la proptosis (los ojos salientes), el enrojecimiento ocular, la sensibilidad a la luz o la sensación continua de tener arena en los ojos, entre otros. Alessia Fiorillo es una paciente que sufre la enfermedad del ojo tiroidal y recuerda que cuando empezó a tener los primeros síntomas levantaba la mirada y sentía dolor, como si los ojos le pesaran. "Tenía un dolor de cabeza muy fuerte sobre el ojo izquierdo, me molestaba la luz y la pantalla del ordenador y tenía que ir con gafas de sol todo el día", detalla Fiorillo.
Estos indicios pueden confundirse con otras enfermedades oculares más frecuentes, como pueden ser las alergias o infecciones. Además, según la doctora Luna, "se recomienda dejar el hábito del tabaco" a los afectados, ya que las personas fumadoras presentan un riesgo mucho mayor de desarrollar alteraciones oculares relacionadas con la tiroides, además de mostrar mayor resistencia al tratamiento y una mayor intensidad de los síntomas. También existen indicios de que situaciones de estrés muy importantes pueden favorecer que se desencadenen otras alteraciones oculares inmunitarias.
En los casos moderados y graves, más recurrentes en hombres, si la enfermedad no se detecta a tiempo y no se sigue el procedimiento adecuado con el endocrinólogo, los pacientes pueden desarrollar secuelas graves y crónicas como, por ejemplo, alteraciones en las glándulas lagrimales –y pueden necesitar lágrimas artificiales toda la vida– o que la inflamación y la inflamación crece cause problemas oculares agudos. Por este motivo, en uno de cada tres casos el paciente termina con secuelas temporales o permanentes. Así pues, es importante reconocer la enfermedad lo antes posible y aplicar una actuación multidisciplinar en la que intervengan diferentes profesionales. Sin embargo, el doctor Cubero recomienda que la toma de decisiones sobre el tratamiento de un mismo paciente sea simultánea.
El ámbito laboral, social y emocional
"Laboral y socialmente, todos los pacientes lo llevan mal", explica el especialista en oftalmología del Hospital de Sant Pau: "Hay pacientes que quedan desfigurados y deben acabar con tratamientos quirúrgicos". "Estéticamente te ves muy raro: se te salen los ojos y te cambia la mirada, también el rostro de la cara", detalla la paciente Alessia Fiorillo, y explica que esto le afectó muy psicológicamente, ya que es difícil reconocerse a uno mismo. Por un lado, existen los síntomas ligados a la alteración de la tiroides y en el ámbito ocular, ya que puede haber dolor, sequedad en los ojos o visión doble que dificulten las acciones cotidianas como mirar el ordenador, conducir o escribir, lo que crea una sensación de falta de autonomía.
"Muchas de estas personas cogen bajas largas y quienes trabajan lo hacen por necesidad o ganas", añade Luna. Por otra parte, en el ámbito social, los cambios físicos pueden producir malestar emocional al paciente y que éstos acaben evitando situaciones en las que deba reunirse con gente. Muchos piensan: "te ves desfigurado y no eres tú", señala. En algunos casos, esta situación puede provocar que desarrollen trastornos mentales, como depresión o ansiedad. Es por este motivo que, aunque se ha mejorado su reconocimiento en los últimos años, se debe "intentar dar más visibilidad a la enfermedad entre la mayoría de la población", afirma Cubero. Y también lo confirma Fiorillo, que concluye que todavía hay mucha desinformación en torno a esta enfermedad autoinmunitaria y hay que darle mayor visibilidad.