El ojo tiroideo: "Te ves constantemente desfigurado y no eres tú"

Esta enfermedad autoinmunitaria, que es poco frecuente, pero progresiva y debilitante, afecta a cinco mujeres por cada hombre y predomina en personas de entre los 40 y los 60 años

Description: Close-up of female eye with brown coloured closed iris. Structural y anatomical details of human eye.
Redacció
15/01/2026 - 13:15 h.
4 min

Algunas enfermedades presentan síntomas tan comunes que se pueden confundir con otras afecciones habituales y más leves. Este es el caso del ojo tiroideo, que inicialmente puede manifestar síntomas usuales en otras afecciones, como enrojecimiento o inflamación leve, pero puede acabar desencadenando en visión doble y problemas agudos de vista. "La enfermedad completa afecta al 100% de la vida laboral y social del paciente", explica la doctora Sabina Luna, especialista en oftalmología en el Hospital de Sant Pau. Se trata de una afección poco frecuente, pero progresiva y debilitante, que afecta a cinco mujeres por cada hombre y predomina en personas de entre los 40 y los 60 años.“Es una enfermedad autoinmunitaria, ya que hay un fallo del sistema defensivo del cuerpo y está directamente vinculada a alguna enfermedad de la tiroides", explica Josep Maria Cubero, endocrinólogo del Hospital de Sant Pau. Es lo que sucede cuando el sistema inmunitario comete un error y ataca no solo a los agentes infecciosos externos, sino al tejido muscular y graso de la órbita de los ojos. De hecho, se estima que el 40% de los pacientes de la enfermedad de Graves —una tiroiditis autoinmunitaria y la causa médica más común de los ojos saltones— desarrollan esta afección ocular, y también la desarrollan, en menor medida, algunos pacientes de hipotiroidismo de Hashimoto.Uno de cada tres pacientes sufre una discapacidad permanente o temporal

La enfermedad provoca una inflamación de la musculatura de la órbita, un proceso que se puede alargar entre un año y medio y tres años si no se recibe tratamiento. Entre los síntomas más habituales se encuentran la retracción de los párpados, la dificultad para cerrar completamente los ojos, la proptosis (los ojos saltones), el enrojecimiento ocular, la sensibilidad a la luz o la sensación continua de tener arena en los ojos, entre otros. Alessia F. es una paciente que padece la enfermedad del ojo tiroideo y recuerda que cuando empezó a tener los primeros síntomas levantaba la mirada y sentía dolor, como si los ojos le pesaran. “Tenía un dolor de cabeza muy fuerte encima del ojo izquierdo, me molestaba la luz y la pantalla del ordenador y tenía que ir con gafas de sol todo el día", detalla Fiorillo. Estos indicios se pueden confundir con otras enfermedades oculares más frecuentes, como pueden ser las alergias o infecciones. Además, según la doctora Luna, “se recomienda dejar el hábito del tabaco” a los afectados, ya que las personas fumadoras presentan un riesgo mucho más elevado de desarrollar alteraciones oculares relacionadas con la tiroides, además de mostrar más resistencia al tratamiento y una mayor intensidad de los síntomas. También hay indicios de que situaciones de estrés muy importantes pueden favorecer que se desencadenen otras alteraciones oculares inmunitarias.En los casos moderados y graves, más recurrentes en hombres, si la enfermedad no se detecta a tiempo y no se sigue el procedimiento adecuado con el endocrinólogo, los pacientes pueden desarrollar secuelas graves y crónicas como, por ejemplo, alteraciones en las glándulas lagrimales –y pueden necesitar lágrimas artificiales toda la vida– o que la inflamación crezca de tal manera que se produzca una compresión del nervio óptico y cause problemas oculares agudos. Por este motivo, en uno de cada tres casos el paciente acaba con secuelas temporales o permanentes. Así pues, es importante reconocer la enfermedad cuanto antes y aplicar una actuación multidisciplinaria en la que intervengan diferentes profesionales. Sin embargo, el doctor Cubero recomienda que la toma de decisiones sobre el tratamiento de un mismo paciente sea simultánea.El ámbito laboral, social y emocional

“Laboral y socialmente, todos los pacientes lo llevan mal”, explica el especialista en oftalmología del Hospital de Sant Pau: “Hay pacientes que quedan desfigurados y tienen que acabar con tratamientos quirúrgicos”. "Estéticamente te ves muy extraño: se te salen los ojos y te cambia la mirada, también el rostro de la cara", detalla la paciente Alessia F., y explica que esto la afectó mucho psicológicamente, ya que es difícil reconocerse a uno mismo. Por un lado, están los síntomas ligados a la alteración de la tiroides y en el ámbito ocular, ya que puede haber dolor, sequedad en los ojos o visión doble que dificulten las acciones cotidianas como mirar el ordenador, conducir o escribir, lo que crea una sensación de falta de autonomía. "Muchas de estas personas cogen bajas largas y los que trabajan lo hacen por necesidad o ganas", añade Luna. Por otro lado, en el ámbito social, los cambios físicos pueden producir malestar emocional al paciente y que estos acaben evitando situaciones en las cuales se tenga que reunir con gente. Muchos piensan: "te ves desfigurado y no eres tú", señala. En algunos casos, esta situación puede hacer que desarrollen trastornos mentales, como depresión o ansiedad. Es por este motivo que, aunque se ha mejorado su reconocimiento en los últimos años, se tiene "que intentar dar más visibilidad a la enfermedad entre la mayoría de la población", afirma Cubero. Y también lo confirma Fiorillo, que concluye que todavía hay mucha desinformación alrededor de esta enfermedad autoinmunitaria y hace falta darle más visibilidad.

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