Monasterios

Un verano entre claustros: ¿qué nos atrae, hoy, de los monasterios?

La fascinación de la cultura pop por los símbolos religiosos coincide con un verano lleno de conciertos, visitas y rutas que vuelven a llenar los claustros de los monasterios de Cataluña

Claustro del Real monasterio de Pedralbes
Monasterios
Sara Roqueta
31/07/2026 - 07:00 h.
5 min

En los últimos meses, las referencias a conventos, liturgias, símbolos religiosos y experiencias espirituales se han hecho un lugar en películas, novelas, pódcasts y discos. El Lux Tour de Rosalía es, quizás, el ejemplo más evidente. Canciones como Dios es un stalker o Mio Cristo piange diamanti han reabierto el debate sobre el renovado interés por el imaginario religioso en la cultura popular. Pero su nuevo disco no es el único producto cultural que ha girado la mirada hacia el universo monástico y la experiencia mística. También lo ha hecho Alauda Ruiz de Azúa con Los domingos, sobre la decisión de una adolescente de entrar en un convento de clausura, o Carmen Urbita y Ana Garriga con Instrucción de novicias, el libro surgido del pódcast Las hijas de Felipe, que recupera las voces de monjas de los siglos XVI y XVII para demostrar que, como ellas mismas dicen, "todo lo que te pasa a ti ya le pasó a una monja". Para el antropólogo Joan Prat i Carós, sin embargo, no se trata de un fenómeno completamente nuevo, sino de un cambio de mirada. "Siempre ha existido la posibilidad de meditar, de estar en silencio y de encontrarte contigo mismo. Hay momentos en que estos ideales afloran y otros en que quedan más ocultos", explica. Según defiende, las necesidades espirituales no han desaparecido, simplemente adoptan nuevas formas y lenguajes. Las cosas mudan la piel, pero lo que hay bajo la piel es lo mismo. Lejos de idealizar la vida conventual, Urbita y Garriga reconocen que no es extraño que, en un mundo saturado de pantallas y ruido, la idea del convento –con sus propios ritmos y su promesa de tranquilidad– pueda llegar a resultar aspiracional. Una percepción que también comparte Anna Castellano i Tresserra, directora del Museo Real Monasterio de Santa Maria de Pedralbes (ICUB). "La sociedad actual ha sufrido unos cambios acelerados en la manera de vivir y de relacionarnos, y esto ha provocado una sensación de desasosiego y la necesidad de pararse a pensar hacia dónde nos queremos dirigir", afirma. En este contexto, añade, "el silencio de los claustros y la arquitectura de los monasterios ofrecen una experiencia que contrasta con la aceleración y el desvelo de la vida actual".Quizás por eso, el nuevo lujo consiste en pasear por estos espacios no masificados donde aún es posible detenerse a escuchar las historias que conservan y explican sus paredes. "Los monasterios ya no se buscan solo como recursos culturales, sino como espacios que permiten vivir una experiencia más completa, vinculada al territorio, la historia y esta necesidad actual de parar", explica Mireia Bonet Sendra, jefa del Servicio de Turismo y coordinadora de la Oficina de Gestión de la Ruta del Císter.De hecho, la amplia red de monasterios de Cataluña ha sabido interpretar este interés y hoy no solo conserva su legado, sino que también se abre al público con una amplia programación cultural: visitas guiadas, exposiciones y festivales de música que este verano volverán a llenar de vida los claustros de algunos de los cenobios más importantes del territorio.

Cuatro planes entre claustros este agosto
  • Hora Mágica. Apertura gratuita del claustro al atardecer (martes y viernes, de 18 a 21 h) y taller Herbarius. Monasterio de Pedralbes (Barcelona). Taller, 4 de agosto.
  • La Piedra Habla. Conciertos en el claustro y en la iglesia. Monasterio de Vallbona de les Monges (Urgell). 1 y 2 de agosto.
  • Festival Jordi Savall. Música antigua en el real monasterio de Santes Creus (Alt Camp). Del 10 al 16 de agosto.
  • Festival de Música de Sant Pere de Rodes. Conciertos en el monasterio de Sant Pere de Rodes (Alt Empordà). Del 8 al 29 de agosto.

Para quien quiera comprobarlo en primera persona, la Ruta del Císter es una buena opción para una escapada de dos o tres días. El recorrido une los tres grandes monasterios cistercienses de Cataluña –Poblet, Santes Creus y Vallbona de las Monges– y se puede hacer a pie, en BTT o en bicicleta eléctrica siguiendo el GR-175. Fundados entre los siglos XII y XIII, los tres monasterios fueron claves en la expansión de la orden del Císter en la Corona de Aragón. Más allá del patrimonio, la ruta atraviesa viñedos, campos de cultivo y espacios naturales, a la vez que permite descubrir pequeños pueblos y productores locales. Una manera de viajar diferente, sin prisas, mezclando cultura, gastronomía y paisaje.Custodios de la memoria y del patrimonio

Como es evidente, no todo el mundo que llega hoy a un monasterio busca una experiencia religiosa. La programación cultural que acogen estos espacios hace tiempo que atrae a visitantes con intereses muy diversos. Según la directora del Museo de Pedralbes, muchos van simplemente para disfrutar de la belleza del espacio, su arquitectura o el silencio que se respira en un edificio patrimonial que ha mantenido la presencia de una comunidad monástica durante casi setecientos años. "No me atrevería a decir si este aumento ha estado motivado únicamente por el deseo de una nueva espiritualidad o si también responde a la búsqueda de tranquilidad y belleza, que ya forman parte de esta misma experiencia", apunta.El real monasterio de Santa María de Pedralbes, un lugar de calma en las afueras de Barcelona, fue fundado en el año 1327 por la reina Elisenda de Montcada y, todavía hoy, desde la solidez de sus estructuras, es testigo de los cambios políticos, sociales y ambientales que han transformado la sociedad a lo largo de los siglos. Es precisamente esta capacidad de conectar pasado y presente la que, según Castellano, los convierte en "elementos estabilizadores", porque "aportan serenidad y estabilidad en un momento en que estos valores son escasos y difíciles de encontrar".

Real Monasterio de Santes Creus
Real Monasterio de Santa María de Poblet

Ahora bien, si nos fijamos en quién visita hoy estos espacios, se confirma otra tendencia: los jóvenes continúan siendo el público más difícil de atraer. De hecho, los datos del Barómetro sobre Religión y Creencias en España (BREC 2025) apuntan que no asistimos a un retorno del catolicismo, sino a una transformación de las formas de vivir la espiritualidad. Aunque el 51% de la población no se identifica con ninguna religión, uno de cada cinco se considera una persona espiritual y más de un tercio creen en alguna forma de trascendencia o fuerza vital.Lo hemos visto con Rosalía: el hábito, la cruz o los rituales continúan fascinando, aunque a menudo desde una lectura más cultural que vinculada a la fe. Para Joan Prat i Carós, esta transformación no implica el retorno de las formas tradicionales de religiosidad, sino la persistencia de una necesidad humana mucho más profunda. "Han desaparecido formas tradicionales de religión, pero han aparecido otras", resume. Al fin y al cabo, concluye, "la necesidad de trascendencia es un elemento fundamental". La imagen de Rosalía paseando por las calles del centro de Madrid con un hábito de monja, mientras los seguidores se le acercaban, fue una de las primeras señales de este renovado interés por el imaginario cristiano, culminado después con un Lux Tour que muchos fans describían como una experiencia casi mística. Aun así, de momento parece haber sido sobre todo una imagen potente de la cultura pop más que el síntoma de un retorno a las prácticas religiosas. Una lectura que también comparte la directora del Museo de Pedralbes, Anna Castellano i Tresserra, que observa un cambio en la manera en que las generaciones más jóvenes se relacionan con este imaginario: "Las nuevas generaciones ya no tienen los mismos prejuicios ni sienten la misma aversión hacia ciertas manifestaciones religiosas. Muchos jóvenes no relacionan estos símbolos con su significado original, sino con unos valores o con una idea de pasado que les resulta atractiva". Como ya ha quedado claro, esto no quiere decir, sin embargo, idealizar la vida conventual. Como recuerdan las autoras deInstrucción de novicias, para muchas mujeres de los siglos XVI y XVII el convento era una de las pocas vías de acceso a la lectura, la escritura o una cierta autonomía. Hoy este contexto ha cambiado radicalmente y lo que parece despertar realmente interés no es tanto aquella forma de vida, a menudo cerrada y restrictiva, como los espacios que han quedado de ella y la experiencia cultural que ofrecen.

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