Aitana Sánchez-Gijón y Maxi Iglesias, una diferencia de edad que no es nueva (pero que aún escandaliza)
La historia de la prensa rosa está llena de ejemplos de relaciones en las que la mayor es ella. No obstante, esta posibilidad siempre resulta extraña para muchas personas que no reaccionan igual cuando el mayor es el hombre
BarcelonaCuando en una relación el mayor es el hombre, esa diferencia de edad es transparente a ojos de la sociedad. De hecho, es algo tan normalizado y tan insignificante en términos de polémica social que la gente ni lo observa a no ser que alguien se lo remarca específicamente. Afortunadamente, hoy en día, algunas feministas con cierto predicamento en las redes alzan la voz cuando algún hombre rico/famoso/poderoso –o las tres cosas a la vez– empieza a salir con alguna joven que tiene la misma edad –¡o menos!– que sus propias hijas. Pero, vamos, el porcentaje de personas que se quejan públicamente de esa diferencia de edad es ínfimo. Y mira que hay ángulos desde los que criticarlo... Desde la herencia secular de machismo que la relación representa hasta la desigualdad en términos de poder que encarna o hasta los perjuicios a medio plazo que aquello tendrá para ella, para poner solo tres ejemplos.
Aitana Sánchez-Gijón y Maxi Iglesias dándose un beso en la calleAitana Sánchez-Gijón y Maxi Iglesias dándose un beso en la calle? Seguramente que bastantes, ¿verdad? Segurísimamente que mucho más que en el ejemplo anterior, que fue ninguno...
Que hoy en día la situación sea todavía esta resulta preocupante. Que todavía tanta gente sienta fascinación por algo tan normal como que una mujer mayor y un hombre más joven se puedan sentir atraídos mutuamente hace pensar mucho sobre los patrones a partir de los cuales nuestros conciudadanos conciben las relaciones. Ellos parecen asumir que el único deseo posible es el que se profesa por las mujeres jóvenes y, por tanto, no pueden entender que un hombre pueda sentirse atraído por una mujer mayor. ¿Y las mujeres que lo critican? ¿No están asumiendo indirectamente que un joven no puede estar genuinamente interesado por ellas? ¿Por qué solo ven oscuras intenciones? Este pobre autoconcepto de ellas mismas que muestran evidencia las inercias de las personas después de siglos de imperio heteropatriarcal. Y conste que no es una crítica a los unos y a los otros. Ans al contrario. Es una invitación a mirárselo desde fuera y a ayudarles a avanzar por todo el camino que les queda por recorrer. Un camino definitivamente liberador.
Una larga historia
Lo más fuerte del caso es que casos como el de Maxi Iglesias y Aitana Sánchez-Gijón no son nuevos ni mucho menos. La historia de la crónica social está plagada de relaciones amorosas en las que ella era mayor. Pero parece que no han calado mucho a juzgar por todo lo que se ha podido oír en este último caso que nos enseñó la revista Lecturas. No usaremos en esta página el verbo destapar, como han usado algunos, que parecía que hablaban de un secreto de estado o de un caso de corrupción en lugar de una relación entre dos adultos en condición de igualdad...
Para hablar de relaciones famosas en las que ella era mayor que él deberíamos remontarnos a las relaciones extramatrimoniales de grandes monarcas de la historia, algunas de las primeras mujeres que pudieron decidir más o menos libremente cuál querían que fuera su destino. Destaca la relación, en pleno s. XVIII, de la emperatriz rusa Catalina la Grande con Grigori Potemkin, su gran amor primero y también su aliado, que la ayudó a conseguir grandes objetivos políticos durante su reinado. Incluso después de que su relación amorosa fracasara, cosa que pasó enseguida. Se fueron conociendo a lo largo de más de 10 años hasta que su relación comenzó. Ella tenía 10 años más que él. Nunca perdieron el contacto después de dejarlo. De hecho, hay historiadores que han considerado que la muerte de él la dejó devastada porque lo consideraba irreemplazable.
Un caso similar podría ser el de la reina Victoria del Reino Unido y su sirviente Abdul Karim, a mediados del siglo XIX. No hay constancia de que la relación fuera de carácter íntimo en el terreno sexual, pero sí que ocasionó grandes escándalos durante los 14 años que duró, tanto por la diferencia de edad –de 42 años– como por la diferencia étnica/cultural/social entre ellos. Una serie de diferencias que no habrían levantado tanta polvareda si Victoria hubiera sido un hombre y se hubiera acercado a una mujer de la misma edad y orígenes que tenía Abdul. Lo narra muy bien el film La reina Victoria y Abdul (2017). Cuando la mujer es mayor y más poderosa que el hombre, ¿ni siquiera una amistad está bien vista?
Demi Moore, valiente precursora
Pero estas dinámicas no se detuvieron en siglos pasados. Durante el siglo XX conservamos en la memoria el revuelo que supuso el matrimonio de Demi Moore con Ashton Kutcher. A pesar de que él ya triunfaba en la televisión, los 16 años que se llevaban eran demasiados para que los dejaran vivir tranquilos a principios de los 2000. Ella tenía 41 y él 25 cuando empezaron. Estuvieron juntos desde 2003 hasta que se divorciaron oficialmente en 2013. Las críticas fueron furibundas, tal como explicó ella en sus memorias. Aunque la presión pública no contribuyó a que la relación se mantuviera, compartieron juntos diez años. Hay que agradecerles que, ante la presión y las críticas constantes, siempre acudieran juntos a todos los actos públicos que pudieron. Lejos de esconderse, ellos defendieron su amor. Ella, que ya tenía tres hijas con Bruce Willis, quiso tener hijos también con Kutcher, pero un aborto cuando estaba embarazada de seis meses –ya habían elegido nombre para la criatura– fue un golpe que les costó mucho de remontar. Rumores de infidelidad por parte de él también socavaron la relación.
Otro de los grandes ejemplos de relación en que ella es mayor y esto resulta insoportable para el gran público es el del matrimonio Macron. Pensar que un hombre capaz de presidir la República Francesa es dominado por una mujer agresiva, como habitualmente se suele plantear, es casi entrar en el terreno de la fantasía. Ella tiene 24 años más que él. La relación ha sido desde siempre una forma para atacarlo a él políticamente. De hecho, el odio que genera ella por tener un hombre más joven y tan relevante ha llevado a algunos informadores de las redes a presentarla como una mujer trans. Los Macron se llevan la misma edad que Donald Trump y Melania. La diferencia en la cantidad de críticas que reciben por este mismo motivo unos y otros es abismal. Y vergonzosa.
A todos los gremios
El panorama del corazón está lleno de otros ejemplos de parejas en las que ella era mayor. Los actores Hugh Jackman y Deborra-Lee Furness, pareja ya finita después de 27 años casados, se llevaban 13 años. Los actores Jason Momoa y Lisa Bonet estuvieron 17 años juntos y lo dejaron en 2022. Ella tenía 12 años más que él. Y por supuesto no podemos pasar por alto a todos los novios que ha tenido Madonna a lo largo de los últimos tiempos. Si ya fue comentado en 1999 que la cantante se emparejara con Guy Ritchie y se embarazara porque tenía 10 años menos que ella, imagínense todo lo que ha venido posteriormente, en que la reina del pop era aún más vieja y sus novios eran más jóvenes. La relación de Mariah Carey con el padre de sus hijos, Nick Cannon, que tenía diez años menos que ella, o, en nuestra casa, la de Shakira con Piqué, que también se llevaban diez años, tampoco pasaron inadvertidas por esta cuestión.
La gente que suele encontrar bien las relaciones en las que ella es mucho más joven debe ir bastante perdida cuando hay una mujer de mucha menos edad en la ecuación pero al otro lado no hay un hombre mayor sino una mujer mayor, como pasa con la actriz Sarah Paulson y su compañera Holland Taylor, que se llevan 32 años y hace diez años que están juntas. Lo mismo les debe pasar cuando la pareja está formada por un hombre viejo y poderoso con una persona más joven pero esta persona es otro hombre, como pasa con el diseñador Calvin Klein y su novio, Kevin Baker –de 33 y 83 años, respectivamente–. Estoy seguro de que no les gustan estas parejas por más que se parezcan tanto a las que suelen considerar tan normalísimas. Cuidado que al final lo que les esté pasando es que no les guste nada que no sea exactamente lo que represente la consagración de todo su poder heteropatriarcal. Cuidado que no les guste nada que no sea el modelo en el que ellos pueden disponer libremente de lo que el mundo les pone a su disposición sin tener que dar explicaciones. Cuidado que no sea que están profundamente convencidos de que los únicos que tienen derecho a hacer lo que quieran –¡incluso con las vidas de los demás!– sean ellos...