Marruecos: radiografía de una potencia geopolítica al alza

El país norafricano, impulsado por la prosperidad económica y la alianza clave con los Estados Unidos, busca entrar en el grupo de las potencias de primer nivel

Jordi Llaonart
01/08/2026 - 19:40 h.

BarcelonaMarruecos ha cambiado mucho en pocos años. Ha mejorado en diversos aspectos, sobre todo en el económico, lo que favorece la creación de puestos de trabajo, la construcción y el desarrollo de infraestructuras. Incluso, las autoridades tienen suficientes recursos para reformar y embellecer el aspecto de las ciudades. Le animo a hacer una prueba. Pida a un amigo marroquí cuál era el panorama de su país natal cuando se marchó y qué paisaje encuentra ahora, cuando va de vacaciones.

La prosperidad económica ha sido el impulso que Marruecos necesitaba para avanzar en su plan de convertirse en la principal potencia política, económica y militar del norte de África. Incluso, para empezar a rivalizar con España en algunas de estas áreas. Su posición geográfica –puente entre dos continentes– y las alianzas con algunas de las principales potencias mundiales son los otros elementos que favorecen la transformación, lenta pero constante, de un país tradicionalmente agrícola y que depende del turismo en un centro logístico e industrial bastante competitivo.

En este contexto, Marruecos ha aumentado la intervención en cuestiones regionales y se ha convertido en un actor internacional de primer orden.

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Desarrollo económico

La situación política y geográfica de Marruecos es su gran ventaja respecto a los estados vecinos. Rabat ha sido capaz de atraer inversiones gracias a la combinación de estabilidad política y social, sumadas a la proximidad a Europa, con la que mantiene diversos acuerdos de cooperación económica y de libre comercio.

Los planes de expansión económica son numerosos y forman parte de un plan con visión de futuro. Uno de los más relevantes es la construcción de hace unos años de un nuevo puerto cerca de Tánger, el más grande del Mediterráneo y que ha devenido punto de paso obligado de las mercancías que circulan entre Europa, África y América. El puerto es el núcleo de un ecosistema industrial en el que se ha implantado la industria automovilística, textil y militar. Entre otros, cerca de allí se producen vehículos blindados por encargo de la India.

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Por otro lado, los ambiciosos proyectos en curso vinculados a la economía verde son otra señal de que el país apenas está en el punto de partida de una época de bonanza. Rabat está haciendo una apuesta muy decidida en el sector de las energías renovables y todo apunta a que, muy pronto, será uno de nuestros principales proveedores de energía verde.

El progreso económico es evidente -en los últimos años, se ha registrado de media un crecimiento del 5% del PIB-, pero también tiene una parte oscura: que no tenga un impacto más notable en el conjunto de la población. Los jóvenes que han llegado a Ceuta esta semana lo hacían huyendo de la falta de perspectivas de futuro, en un país en el que el 30% de jóvenes con título universitario no encuentran trabajo y donde el paro juvenil, en general, hace tiempo que es un problema profundo. La media de edad en el país no llega a los 30 años.

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Alianzas internacionales

Todo ello ha permitido a Marruecos realizar grandes inversiones en diversos países africanos, a través de las cuales gana influencia política. Uno de los resultados más evidentes del éxito de la diplomacia económica de Rabat es el cambio de posición oficial de Benín y Ghana respecto a la soberanía del Sáhara Occidental, ocupado por Marruecos desde 1976.

En todo caso, el principal apoyo que ha recibido Marruecos en esta cuestión ha llegado de Estados Unidos y de Israel. En 2020, Rabat y Tel Aviv normalizaron sus relaciones diplomáticas a través de los Acuerdos de Abraham y el Marruecos se convirtió en el séptimo país árabe en reconocer al Estado de Israel. El acercamiento público a Israel no ha sido bien recibido por el pueblo. Pero a pesar del apoyo de amplias capas de la población a la causa palestina, no ha producido ninguna crisis política ni social. En todo caso, se trata del reconocimiento de una realidad que ya está consolidada y que cuenta con algunas contrapartidas bastante interesantes para Marruecos. De entrada, los ha convertido en el socio de referencia de Estados Unidos en África. El mismo día de la firma del acuerdo con Israel, Washington les vendió drones militares de última generación. Se trata de los mismos aparatos que Alemania usa en sus operaciones de vigilancia marítima y antisubmarina en el mar del Norte. Washington también se apresuró a reconocer la soberanía marroquí del Sáhara.La relación entre el régimen marroquí y Israel viene de lejos y ha sido favorecida por diversos factores. Por un lado, por la distancia geográfica y, en cierta manera, cultural de Marruecos respecto a los países del Próximo Oriente enfrentados con Israel. Por otro, la comunidad judía de Marruecos, junto con la de Túnez, es la única del mundo árabe que no ha desaparecido. A pesar de ser muy reducida –se calcula que está formada por 2.000 miembros– todavía mantiene su tradicional estrecha relación con la casa real. Hay que recordar que en Israel viven un millón de judíos de origen marroquí.

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El acuerdo con los israelíes se ha ampliado a otros campos, más allá del diplomático. En beneficio israelí, Marruecos ha adjudicado a favor de su socio licencias de explotación de gas en aguas del Sáhara Occidental, en una nueva muestra del expolio marroquí de los recursos saharauis que viola el derecho internacional. Mientras tanto, a favor de Marruecos, destaca la colaboración en el ámbito de la inteligencia y la seguridad, por medio de acciones que han llegado al gran público a través de alguna noticia de forma puntual. Como el espionaje de los móviles de la cúpula del gobierno español con el programa israelí Pegasus.

Potencia regional

La posición de Marruecos en la escena internacional ha dado un salto cualitativo a consecuencia de todos estos factores. Actualmente, todos los vientos le son favorables. Desde la prosperidad y la previsión de crecimiento, hasta el apoyo norteamericano en la cuestión del Sáhara, pasando por las nuevas adquisiciones de armas, que han reforzado su posición militar respecto a sus vecinos, Argelia y España.En este contexto, se entiende que Marruecos tenga tentaciones de forzar la situación para invertir el equilibrio de fuerzas actual. Las diversas operaciones en las que las autoridades de Rabat han permitido y alentado la salida de decenas de miles de personas hacia los enclaves africanos españoles de Ceuta y Melilla son una declaración de intenciones.

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La crisis actual llega pocos días después de que España haya firmado acuerdos energéticos con Argelia por los cuales aumenta la importación de gas del país africano, que mantiene una relación pésima con Marruecos. Otra de las posibles explicaciones de la amenaza a la soberanía española de estas plazas es que Rabat pretenda usarla de moneda de cambio con el Sáhara. Marruecos tampoco reconoce la soberanía española sobre las islas Canarias, seguramente por el mismo motivo estratégico.

Como hemos visto, las autoridades marroquíes están inmersas en todo tipo de proyectos y conversaciones de máximo nivel con interlocutores de todo el mundo. Con todo, tienen muy presente que su fuerza radica en el primer punto que hemos mencionado en este artículo: la estabilidad política y social.

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La diáspora en Europa

Rabat también invierte en estabilidad, algo que no hacen sus vecinos. Por un lado, reprime las voces críticas y no tolera ningún tipo de comentario ni juicio sobre el tema del Sáhara Occidental. Por otro lado, las perspectivas de mejoras económicas han desactivado por ahora posibles brotes contundentes de rebeldía.

En un tercer frente, se esfuerza por mantener el vínculo con la diáspora marroquí para tener cierta influencia en la sociedad europea, mención especial para Francia, históricamente el principal socio económico, España -el gran socio actual- y Bélgica. En Europa, los consulados monitorean las actividades de las comunidades de emigrantes. Mientras que, en Marruecos, se han creado organizaciones dedicadas a ofrecer servicios de acogida y de asistencia médica y logística para los marroquíes que cruzan el estrecho para visitar a la familia en verano. Como anécdota, la Fundación Mohammed V ha colgado en los aeropuertos unos carteles que les dan la bienvenida: “A vuestro país, Marruecos”. El objetivo de todo ello es que los emigrantes y sus descendientes mantengan la conciencia marroquí y el recuerdo del país de origen.

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Diplomacia deportiva

En este contexto y aprovechando la popularidad del fútbol, Marruecos se suma a la lista de países árabes políticamente estables y con suficientes recursos económicos que aprovechan el escaparate de los deportes para crear una imagen positiva del país en el exterior. Marruecos fue la sede de la Copa de África de 2025 y afrontó la competición como una cuestión de orgullo y muestra de superioridad nacional. El próximo mundial, en 2030, que el país africano organiza conjuntamente con España y Portugal, será un momento de máxima visibilidad a escala mundial que permitirá a Marruecos presentarse al mundo en igualdad de condiciones que sus vecinos europeos. De cara a la imagen exterior, puede significar un salto cualitativo.

Una vez garantizada la bonanza económica, el auge como potencia política y militar y las nuevas alianzas con algunos de los países más poderosos del mundo, Marruecos se prepara para entrar en el grupo de las potencias de primer nivel. Aquellas que pueden permitirse invertir grandes cantidades de dinero para mejorar su imagen.