China

Tierras raras: el monopolio chino para hacer temblar la economía

Instalaciones del grupo Baogang, en Baotou, uno de los polos de la industria de tierras raras en Mongolia Interior, China
Analista de Relacions Internacionals
2 min

En 1964, China descubrió tres armas con las cuales hacer temblar el mundo. En el desierto de Lop Nor, en Xinjiang, el gobierno chino detonó con éxito por primera vez una bomba atómica. En las imprentas de Pekín, el Partido publicó la primera edición del libro rojo de Mao. Un arma nuclear y un arma ideológica. Aquel año, sin embargo, geólogos chinos también descubrieron el arma económica más potente que China tiene en la actualidad. Bajo las rocas áridas del desierto de Mongolia Interior, se escondía el yacimiento de tierras raras más grande del mundo.

“Oriente Medio tiene petróleo; China, tierras raras”, dijo años después el dirigente chino Deng Xiaoping. La frase fue premonitoria. Las tierras raras son un material imprescindible para fabricar desde automóviles a dispositivos electrónicos, material militar y equipamiento médico, centros de datos y robots industriales. Y China tiene un control casi total: el 91% de las tierras raras refinadas salen de la superpotencia asiática. Dos grandes empresas estatales chinas controlan casi toda la producción. La gran mayoría de la maquinaria para procesar tierras raras se fabrica en China. El Partido Comunista se ha cuidado de mantener un fuerte control sobre este sector.

China ha conseguido este casi monopolio de las tierras raras, en parte, gracias a la suerte de su geografía (tiene el 36% de las reservas mundiales). Pero la clave para construir este dominio han sido las políticas del gobierno chino. En los años ochenta y noventa, China comenzó a desplazar a Estados Unidos como principal productor de tierras raras gracias a políticas medioambientales y laborales más laxas, y al apoyo del gobierno al sector. Atrajo a grandes empresas internacionales para absorber el conocimiento técnico. Poco a poco, pasó de simplemente extraer minerales, a fabricar el 94% de los imanes permanentes superpotentes, el componente más valioso que se fabrica con tierras raras. Ahora domina industrias como la de los vehículos eléctricos o las renovables.

Pero las tierras raras no solo proveen poder económico, sino también geopolítico. El año pasado, en plena guerra comercial con Estados Unidos, China impuso controles de exportaciones de estos materiales y consiguió hacer retroceder a Trump en su ofensiva económica. La Agencia Internacional de la Energía ha calculado que, con su control sobre las tierras raras, China tiene la capacidad de poner en riesgo 6,5 billones de dólares de la economía mundial, el equivalente al 10% del PIB de los países afectados. Los mercados más expuestos son Estados Unidos y la Unión Europea; el sector más en riesgo, el gran motor de Europa: el automóvil.

Que China haya utilizado las tierras raras como arma geopolítica le da una herramienta de presión a corto plazo. Pero la UE y otros países se están intentando diversificar de Pekín. El reciclaje de tierras raras o innovaciones alternativas pueden ayudar a reducir dependencias. Pero la transición será larga. Durante estos años, China hará uso de su dominio del sector tanto para defenderse de coerciones externas, como para presionar para imponer sus intereses.

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