Los Patriotas de EE.UU. se agotan y comprometen las guerras de Ucrania y Irán

Inesperadamente, Zelenski y Trump están a merced del mismo problema estructural a la hora de fabricar los misiles antiaéreos

15/08/2026 - 19:40 h.

WashingtonEn febrero de 2025, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, visitó la Casa Blanca después de que Donald Trump volviera al poder para garantizar el apoyo militar estadounidense. Era el primer cara a cara entre los dos mandatarios después de que el republicano recuperara la presidencia en EE. UU. y también era un momento en que los misiles Patriot, cruciales para la defensa ante los ataques rusos, ya empezaban a escasear en Kiev. Aquel día Trump regañó a Zelenski diciéndole que no tenía cartas. Lo que quizás no imaginaba el mandatario es que, año y medio después, él se encontraría en una situación similar: el Pentágono tiene problemas para reabastecer sus misiles Patriot.

Zelenski se está quedando sin Patriots porque Rusia ha intensificado los ataques aéreos, aprovechando que Washington hace meses que no envía ningún otro paquete de armamento. En cambio, Trump se está quedando sin los interceptores porque los está consumiendo en Irán a un ritmo mucho más alto que la capacidad que tiene para producir nuevos. De hecho, este era uno de los riesgos que llevó a aconsejar al presidente estadounidense que no iniciara ningún conflicto con Teherán. Hacerlo podría implicar acelerar la reducción del ya menguado arsenal militar del país.

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Siete meses después de aquella advertencia, las predicciones del Pentágono se han cumplido: a principios de agosto, fuentes del departamento de Defensa filtraban a los medios estadounidenses que el ejército ya había consumido el 80% de las reservas antimisiles en Irán. Concretamente, la munición de los THAAD y de los interceptores Patriot. La escasez de arsenal en EE. UU. no podía llegar en peor momento para Zelenski. Esta semana dijo en una entrevista a la CNN que tan solo necesita una décima parte de todos los Patriot que pide "urgentemente" a Washington para poder defenderse de Rusia.

La súplica se produce después de que el presidente estadounidense hiciera añicos las ilusiones del ucraniano de poder fabricar los Patriot en Kiev él mismo. Durante la cumbre de la OTAN, Trump dejó caer que estaba considerando la posibilidad de entregar la licencia de la tecnología a Ucrania para que pudiera autoabastecerse. Un permiso que hace meses que Zelenski persigue, pero la perspectiva de conseguirlo volvió a derrumbarse cuando a finales de julio el republicano se desdijo de sus palabras.

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Aunque para Zelenski haya sido un revés el cambio de opinión de Trump sobre los Patriot, haber conseguido el permiso no habría cambiado nada a corto plazo. Fabricar un solo misil Patriot requiere millones de dólares y, como mínimo, un año de trabajo. Este, de hecho, es el gran problema que ahora mismo tiene Trump. La gravedad de haber agotado tan rápidamente el arsenal crítico del Pentágono en Irán radica en el hecho de que no se puede reabastecer inmediatamente. En última instancia, Zelenski y Trump están atrapados en la misma orilla del río: ambos a merced de una debilidad estructural de la industria armamentista estadounidense que no se puede solucionar en dos días. Pero, mientras tanto, Rusia e Irán continúan avanzando en sus respectivos frentes.

Presión sobre los fabricantes de armas

El tiempo de fabricación de los Patriot se está convirtiendo en el gran cuello de botella de los Estados Unidos en los dos principales frentes, y no tiene una solución sencilla. La situación, además, está provocando tensión entre los militares y la Casa Blanca porque se trata de un escenario para el cual la administración Trump ya intentaba prepararse. A principios de año el gobierno estadounidense ya tanteó a los fabricantes de coches por si podían también ayudar a acelerar la producción de armas, y el mandatario ya se reunió con los jefes de las principales industrias armamentistas estadounidenses para pedir que aceleraran la fabricación.

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Las prisas para que la industria armamentista agilice la producción no han hecho más que aumentar, mientras las reservas de misiles antiaéreos han ido bajando. Esta misma semana el "Washington Post" publicó un memorándum del departamento de Defensa en el que da veintiún días a los principales fabricantes de armas del país para presentar sus planes para "incrementar de manera más agresiva los calendarios de entrega o aumentar la producción de las capacidades críticas". En el texto, el secretario de Defensa adjunto, Steve Feinberg, añade: "Los ciclos de desarrollo que duran años no son aceptables. Debemos acelerar drásticamente los plazos de nuestros programas y ampliar ahora nuestra capacidad de producción".

Las amenazas resultan un esfuerzo fútil ante una realidad mucho más difícil de cambiar. Los largos tiempos de producción que conllevan las armas que sostienen la supremacía militar del país, entre ellas los Patriot, son un mal que viene de lejos. A principios de los 2000, el secretario de Defensa de George Bush, Robert Gates, ya advirtió que las armas que constituían el pilar central de la supremacía militar norteamericana necesitaban años para ser construidas y, en consecuencia, pidió invertir en una nueva generación de armas que representara el "75% de las soluciones", pero que se pudieran fabricar más deprisa y a un precio más bajo.

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Ahora, 26 años después, los drones Shahed de Irán explotan esta realidad tanto en Oriente Medio como en el frente ucraniano. Mucho más baratos y rápidos de producir, obligan a los sistemas de defensa THAAD y a los Patriot a disparar a marchas forzadas.

La perspectiva de que los EE. UU. puedan recuperar las reservas de munición previas a la guerra con Irán no es alentadora. Los EE. UU. fabrican unos 600 misiles Patriot por año, y el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés) estima que durante los siete meses de conflicto con Irán ya ha gastado más de 1.500. Otro estudio del CSIS prevé que podría ser necesario como mínimo hasta mediados de 2029 para recuperar los niveles de stock previos a la guerra. Mientras tanto, los arsenales de Washington y Kiev no hacen más que bajar cada día que pasa.