La tregua con Irán pasa factura a la credibilidad de Trump y de los Estados Unidos como potencia

Washington ya no es una garantía de estabilidad para los flujos de los mercados energéticos

Protestas contra la guerra en Irán, en Nueva York, los EE. UU.
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WashingtonUna tregua débil a costa de la credibilidad de los Estados Unidos como primera potencia mundial. El alto el fuego temporal en Irán evidencia el alto precio que Donald Trump ha tenido que pagar con una guerra que quería rápida y se le ha complicado hasta un punto que no había ni sospechado. El martes por la mañana, el presidente estadounidense amenazaba con "destruir la civilización" persa y esa misma tarde acababa anunciando una tregua de 15 días. Con el régimen de Teherán atrincherado y en horas de descuento, la mediación de Pakistán daba una salida digna a Washington. El resultado es una verdad dolorosa para los Estados Unidos: su guerra ha consolidado a Irán como actor que controla el estrecho de Ormuz y tiene el poder de desestabilizar la economía global. Los ayatolás han jugado bien sus cartas en un conflicto asimétrico y han resistido.

"El alto el fuego de Irán es una revelación: los EE. UU. han utilizado una fuerza abrumadora y, aun así, no han podido controlar el resultado. Esto es un giro estructural de poder", decía el analista y profesor Robert Pape poco después del anuncio del cese de hostilidades. Pape, que ha asesorado a las anteriores administraciones norteamericanas y que es especialista en operaciones militares aéreas, subrayaba cómo durante 40 días el Pentágono ha escalado los bombardeos sobre Irán "esperando obediencia", pero "cada vez el resultado ha sido una inestabilidad más elevada".

La amenaza de cometer crímenes de guerra de Trump era un callejón sin salida porque una nueva escalada en los ataques no garantizaba tampoco la victoria. Al contrario. Una campaña más agresiva tampoco habría calmado los mercados, ya ahogados por el precio disparado del barril de crudo. Pape apuntaba que lo que ha pasado en Irán demuestra que el "poder no es lo que controlas, es lo que puedes poner en riesgo".

Sin garantías para los mercados

"Durante décadas, el poder de EE. UU. significaba una garantía de estabilidad en los flujos de los mercados energéticos. Pero ahora, incluso con la fuerza máxima, la estabilidad no se puede asegurar", exponía Pape. La razón por la que la tregua no significa el final de la guerra –más allá de que Israel continúa bombardeando el Líbano– es porque "revela una nueva norma: no tienes que controlar el sistema, solo tienes que hacerlo poco fiable". Teherán no tiene una fuerza militar equiparable a la de los Estados Unidos, pero sí una posició geoestratègica privilegiada que le permite infligir daño a una economía globalizada. Todo ello, sumado a la predisposición de adentrarse en una guerra de desgaste porque el régimen se ve bajo una amenaza existencial.

Los más críticos apuntan que Ormuz puede ser para los Estados Unidos lo que el canal de Suez fue para los británicos. La analogía no es exacta, pero resuena en la esencia. En 1956 Gran Bretaña, Francia e Israel atacaron Egipto para forzar la apertura del canal, que había sido nacionalizado por el gobierno de Gamal Abdel Nasser. Los Estados Unidos y la URSS presionaron para detener el ataque y el canal quedó en manos de Egipto. El episodio marcó el inicio de la decadencia de Inglaterra como potencia global y el ascenso de los Estados Unidos.

La erosión del imperio

Ahora mismo no parece que la guerra de Irán dé pie al ascenso de una nueva potencia. Pero sí que queda clara la erosión de los Estados Unidos. La tregua pactada concentra una grieta múltiple que muy probablemente sobrevivirá a Trump: a la constancia de una pérdida de credibilidad coercitiva se suma el descrédito como interlocutor y supuesto baluarte moral del sistema internacional. Para que el derecho internacional funcione es básico que los países lo crean y lo respeten. Es cierto que los Estados Unidos acumulan acusaciones de crímenes de guerra que quieren impunes, y por eso no acatan el Tribunal Penal Internacional. También que han dado apoyo incondicional a Benjamin Netanyahu para allanar Gaza, pero verbalizar abiertamente la voluntad de borrar toda una civilización del planeta es un paso más. Trump, después de capturar al presidente de Venezuela y de iniciar una guerra ilegal en Oriente Medio, formulaba el martes una amenaza genocida. Y añadía que no le preocupaba en absoluto que lo acusaran de criminal de guerra.

Las palabras provocaron una reacción en tromba, incluso de republicanos y figuras ultras de la esfera MAGA, que se agrupaban bajo una misma idea: los Estados Unidos no son eso. "No es quiénes somos, y no es coherente con los principios que durante mucho tiempo han guiado a los Estados Unidos", escribía el congresista texano Nathaniel Moran. El quebranto ya no se produce solo en torno a la figura de Trump como presidente, sino en la imagen de los Estados Unidos como país. El daño ya no se vive como una fiebre pasajera, sino como una herida abierta.

La gestión de la tregua en Irán no se produce en una hoja en blanco. Desde su regreso a la Casa Blanca, el magnate ha trabajado para romper con el rol de EE.UU. como gendarme mundial y garante del sistema internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial. Las reiteradas amenazas de salir de la OTAN, la guerra arancelaria, las ambiciones imperialistas sobre el canal de Panamá, Groenlandia y Canadá, y la intervención militar en Venezuela han ido agrietando la imagen de Washington como potencia estabilizadora. De hecho, con la Alianza Atlántica sucede una situación similar: para que el pacto de defensa sea disuasorio se ha de tener plena confianza en que todos sus miembros acudirán a la llamada en caso de agresión. Pero las reiteradas salidas de tono del magnate hacen de este principio papel mojado. Miércoles por la noche Trump, en medio de la realidad de un estrecho de Ormuz gestionado por los ayatolás a pesar de las bombas, escribía en Truth Social: "La OTAN no estaba ahí cuando la necesitábamos, y no estará ahí si la volvemos a necesitar. ¡Recordad Groenlandia, aquel gran trozo de hielo mal gestionado!" 

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