Los ataques ucranianos a las refinerías erosionan la confianza de los rusos en Vladímir Putin
Con entre 16 y 24 centros afectados, Rusia afronta la peor crisis de refinación desde la década de los noventa
LondresLa crisis de combustible que sacude Rusia se puede ver circulando por Moscú: en muchas gasolineras hay cola de coches y camiones. Algunas más largas que otras; algunas paradas, otras avanzando con regularidad. ¿Qué está pasando? ¿Está pasando algo, realmente? Los ataques ucranianos contra las refinerías rusas se han convertido en una de las dimensiones más nuevas –y hasta hace poco menos visibles– de los últimos meses de la guerra de Ucrania. Desde el 2022, y especialmente durante este año, Kiev ha golpeado de manera sistemática la infraestructura de refinación rusa. El objetivo es debilitar una de las principales bases materiales del esfuerzo bélico del Kremlin.
Según diversos recuentos independientes, una parte muy significativa de las grandes refinerías rusas han sido objetivo de ataques con drones: según las fuentes y los años, la cifra oscila entre 16 y 24. El resultado es una reducción temporal de la capacidad de refinación, con interrupciones que han obligado a Moscú a recurrir a reservas estratégicas, limitar exportaciones de combustible y reorganizar sus redes logísticas. Entre el 25% y un tercio de esta capacidad de refinación se ha visto afectada. Es la peor crisis desde el colapso de la antigua Unión Soviética en los años noventa.
Las autoridades rusas han admitido parcialmente el impacto, pero con un lenguaje eufemístico. Vladímir Putin, por ejemplo, ha dicho públicamente que los bombardeos están provocando "problemas", a pesar de asegurar que la situación "no es crítica". Las autoridades han comenzado a tomar medidas de emergencia, como aumentar las importaciones de combustible desde Asia, según la agencia Reuters, subvencionar sus precios y permitir vender carburantes de menor calidad, con el riesgo de que puedan afectar a los motores.
El ministerio de Energía ruso ha hablado de "interrupciones temporales" en plantas como las de Riazán, Tuapsé o Nijnekamsk, mientras que las grandes petroleras han atribuido las paradas a "incidentes tecnológicos" o "trabajos de mantenimientos programados".
Transporte de combustible por ferrocarril
Sin embargo, los informes regionales y las fuentes independientes apuntan a que los ataques han provocado daños reales, reducciones de producción y problemas de suministro en diversas zonas del país. Medios rusos opositores al Kremlin como Meduza, The Insider, Mediazona y Novaya Gazeta han documentado los efectos de esta campaña. Sus investigaciones señalan daños en instalaciones como las de Riazán, Tuapsé, Sláviansk-na-Kubani, Yaroslavl, Ufá y Nijnekamsk, y también tensiones en la distribución interna de carburantes. La red ferroviaria rusa ha tenido que asumir una parte creciente del transporte de combustible desde regiones productoras alejadas, como Siberia, hacia las zonas más cercanas al frente de guerra.
La lista de objetivos se ha ampliado progresivamente a medida que la tecnología de los drones ucranianos ha evolucionado. Y los ataques se han extendido hacia el interior del territorio ruso. Uno de los casos más significativos, que tuvo lugar el lunes pasado, es la refinería de Omsk, de Gazprom, situada en Siberia Occidental y una de las más grandes del país. La importancia simbólica de este ataque es elevada porque se encuentra a unos 2.500 kilómetros de la frontera ucraniana y muestra el alcance creciente de los drones de Kiev.
La dimensión militar de esta estrategia es central. La guerra moderna depende del combustible refinado: diésel para los blindados, queroseno para la aviación, y carburantes especiales para misiles y drones. Cuando una planta como Nizhnekamsk, Ufa u Omsk sufre daños graves, el impacto no es solo industrial: afecta la capacidad de transportar tropas, mantener operaciones mecanizadas y sostener la actividad aérea. Además, Rusia continúa dependiendo parcialmente de tecnología occidental para reparar determinados equipos de refinación avanzada, lo que puede alargar los efectos de los ataques ucranianos.
La dimensión logística es especialmente visible en el sur de Rusia. Las refinerías del krai de Krasnodar, como Tuapsé, Sláviansk-na-Kubani, Afipski e Ilski, tienen un papel importante en el abastecimiento de Crimea, que ya sufre escasez, y de las fuerzas rusas desplegadas en el frente sur. Los ataques contra estas instalaciones han aumentado la presión sobre las rutas alternativas de suministro, incluido el puente de Kerch –que une territorio ruso con la península anexionada ilegalmente de Crimea–, convertido en un elemento crítico de la logística rusa.
Dimensión humana y política
La producción de queroseno militar está concentrada en un número limitado de plantas, y los ataques contra instalaciones como las de Moscú, Yaroslavl o Ufa han obligado a Rusia a redistribuir reservas. Fuentes independientes han señalado que, en determinados momentos, la disponibilidad de combustible ha condicionado el ritmo de algunas operaciones aéreas rusas, a pesar de que el Kremlin no lo ha admitido públicamente.
Más allá del efecto militar, la campaña de ataques a refinerías tiene una dimensión humana, porque Rusia se ha vuelto directamente contra objetivos civiles ucranianos, especialmente en Kiev, muy golpeada en las últimas semanas.
Por otra parte, desde el punto de vista de la política interna rusa, los golpes de Kiev han roto la narrativa del Kremlin según la cual la guerra era un conflicto lejano y controlado. La vulnerabilidad de centros industriales situados en el corazón de Rusia ha obligado a las autoridades regionales a pedir más protección antiaérea y ha introducido la sensación de que la guerra también puede afectar la vida cotidiana dentro del país.
Esta crisis empieza a tener un impacto en la percepción ciudadana del gobierno. Según el centro independiente Levada, el apoyo a Putin ha bajado hasta alrededor del 74%, mientras que el porcentaje de rusos que creen que el país avanza en la dirección correcta ha caído del 61% al 52% desde mayo. Otras encuestas apuntan a un creciente pesimismo económico: Gallup señala que el 60% de los rusos consideran que la situación económica en su entorno está empeorando. Y el centro estatal VCIOM, la institución demoscópica más antigua de la Rusia postsoviética y una de las principales empresas del país en investigación sociológica y de mercado, registra una caída del 3,4% en la confianza en Putin en solo una semana.