Reino Unido

Las contradicciones sobre el caso Mandelson continúan acosando a Keir Starmer

El ex alto funcionario de Exteriores pone en duda el juicio del 'premier' en el nombramiento del embajador en Washington

Keir Starmer, durante su comparecencia sobre el escándalo Mandelson, este lunes, en la Cámara de los Comunes.
22/04/2026
3 min

LondresLa crisis política que rodea a Keir Starmer por el nombramiento de Peter Mandelson como embajador del Reino Unido en Washington en diciembre de 2024 se ha agravado este martes después de que la comparecencia de Olly Robbins en el Parlamento haya evidenciado numerosas contradicciones en el proceso seguido. Las discrepancias entre el relato de Downing Street y el testimonio de quien hasta la semana pasada fue el más alto funcionario del Foreign Office encargado de supervisar la designación vuelven a situar el criterio del primer ministro en el centro de la controversia, y lo dejan en una posición muy comprometida.

El gobierno sostiene que el servicio de habilitación de seguridad emitió una recomendación explícita de no aprobar a Mandelson, con un informe interno equivalente a un semáforo rojo. Sin embargo, Robbins ha explicado a los diputados de la Comisión de Asuntos Exteriores que él nunca vio ese documento y que la información que recibió fue una síntesis verbal del resultado del proceso de veto. En esta versión, la evaluación se presentó como una decisión "al límite", susceptible de ser gestionada con medidas de mitigación del riesgo.

El segundo elemento que aumenta la presión sobre el primer ministro es la descripción hecha por Robbins de una "atmósfera de presión constante" desde Downing Street para acelerar la verificación de Mandelson. El nombramiento ya había sido anunciado políticamente y el calendario para su incorporación estaba condicionado a la voluntad de que el nuevo embajador llegara a Estados Unidos antes de la inauguración de Donald Trump, el 20 de enero del año pasado.

Olly Robbins, el ex alto funcionario del ministerio de Exteriores, durante su comparecencia ante la Comisión de Exteriores del Parlamento británico este martes.

La contradicción entre estas versiones abre dos preguntas de fondo. La primera es si el Foreign Office trabajó con una información incompleta o aguada respecto al informe final de seguridad. La segunda, más sensible, es qué sabía exactamente Keir Starmer cuando la semana pasada forzó la dimisión de Robbins acusándole de haberle ocultado el resultado negativo final del proceso.

Aún hay más munición, pero. Un tercer elemento que complica la situación del primer ministro es la revelación de un episodio paralelo. La petición desde el entorno de Downing Street para que se buscara un cargo diplomático para Matthew Doyle, exdirector de comunicación de Starmer. Según Robbins, se le pidió explorar la opción con la instrucción explícita de no informar al ministro de Exteriores, entonces David Lammy. Este detalle alimenta la percepción de un sistema de gestión de nombramientos que opera, al menos en parte, a través de circuitos paralelos, poco transparentes y que sirve para pagar favores a los hombres más fieles al partido.

'Due diligence'

Pero el testimonio de Robbins ha añadido todavía un elemento mucho más incómodo para Keir Starmer, ya que va al fondo verdadero de la cuestión. Porque el primer ministro ignoró que la due diligence sobre la idoneidad de Mandelson previa al proceso de veto por parte de las agencias de seguridad ya había detectado riesgos reputacionales significativos en la figura de Mandelson. Entre otros, sus vínculos bien conocidos con Jeffrey Epstein y conexiones con actores políticos controvertidos en China y Rusia. Robbins ha sugerido que estos antecedentes deberían haber sido suficientes para que el premier se replanteara el nombramiento antes de llegar a la fase formal de habilitación de seguridad. De hecho, el secretario del gobierno también había advertido al premier.

Vint-i-quatre horas después de la

comparecencia de Starmer en el Parlamento para, una vez más, dar explicaciones sobre el asunto, el foco político vuelve a apuntar a Keir Starmer y su criterio. El mismo primer ministro ha admitido repetidamente un "error de juicio" en relación con el caso. Pero la polémica ya trasciende el nombramiento concreto. La oposición cuestiona sus capacidades mientras que dentro del mismo Partido Laborista crece un malestar que, de momento, no se traduce en una alternativa clara a su liderazgo.

El calendario político juega ahora por ahora a favor de la contención: las elecciones locales en Inglaterra y las nacionales en Gales y Escocia del 7 de mayo desaconsejan cualquier movimiento que acentúe la crisis interna de liderazgo.

Pero si la catástrofe que auguran las encuestas se confirma, difícilmente Keir Starmer estará en condiciones de recuperar el control político, y ya solo será cuestión de tiempo que el partido encuentre otro sustituto para ocupar el número 10 de Downing Street. Sea como sea, el pecado original de Starmer –el nombramiento de un personaje siniestro de la política británica durante más de tres décadas, conocido como el

príncipe de las tinieblas, que hasta filtró documentación confidencial del gobierno de Gordon Brown a Jeffrey Epstein– difícilmente tiene absolución.

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