Internacional  /  Europa 22/05/2022

¿Por qué Erdogan no puede ver ni en pintura a Suecia y Finlandia?

Turquía veta su entrada en la OTAN por la protección que han dado a organizaciones kurdas

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El presidente  de Turquía,  Recep Tayyip Erdogan.

EstambulNo tienen cabida. Erdogan ha sido claro a la hora de pronunciarse ante la más que posible entrada de Finlandia y Suecia en la OTAN. Y es que los motivos por los que el presidente turco se opone son varios, y desde la perspectiva turca, contundentes: “Ninguno de estos países tiene una actitud clara y firme contra las organizaciones terroristas”, dijo Erdogan, cerrando la puerta al sí de Turquía en la votación en que todos los miembros de la OTAN tienen que estar de acuerdo al aceptar a los nuevos aliados. Y a pesar de que Ankara utiliza la ambigüedad de la palabra terrorismo demasiado a menudo, sobre todo cuando quieren dar una respuesta negativa, esta vez le ponen nombre. “Invitan a terroristas en sus Parlamentos y los dejan hablar. Incluso hay partidarios de los terroristas del PKK en sus Parlamentos. ¿Cómo quieren que confiemos en ellos?”, expresó el máximo mandatario turco.

El Partido de los Trabajadores del Kurdistán o el movimiento de Fethullah Gülen, acusado de instigar el fallido golpe de estado del 2016, son líneas rojas en que el ejecutivo turco no está dispuesto a ceder ni un solo milímetro. Y el ministro de Exteriores turco, Mevlut Çavusoglu, lo reiteró cuando ambos países ya se disponían a coger el avión para intentar convencer a Erdogan de levantar el pulgar el día que todos los miembros de la OTAN tengan que votar. “Si vienen a darnos lecciones sobre qué es el PKK, que no se molesten en venir”, dijo el ministro. Por lo tanto, mientras las delegaciones nórdicas esperan sentadas una señal que les haga pensar que Ankara no será un escollo para entrar en la coalición, ya han pedido formalmente su entrada.

Pero la retórica de Ankara va evolucionando: “Turquía no estará de acuerdo en hacer insegura una alianza que se dedica a la seguridad”, dijo Erdogan. Porque Ankara tiene dos espinas clavadas. La primera tiene que ver con las relaciones diplomáticas: "Ellos ya impusieron sanciones a Turquía", afirmó refiriéndose al embargo de armas del 2019 por parte de Suecia en Turquía cuando Erdogan llevaba a cabo la incursión militar en el lado kurdo de Afrin, en Siria. Y la segunda: Ankara se queja de que en los últimos cinco años tanto Suecia como Finlandia han ignorado o han denegado la petición de Turquía para extraditar a 33 personas acusadas de mantener vínculos con el PKK, catalogado como terrorista por Turquía, la UE y los EE.UU., o de pertenecer al movimiento de Fethullah Gülen.

Entre dos mundos

A nadie se le escapa, además, que Turquía hace de puente entre el Kremlin y Occidente. Por un lado, la capacidad que Ankara tiene para atrasar el proceso de entrada en la OTAN de Finlandia y Suecia es bien recibida por el Kremlin. Por la otra, la OTAN no ha dejado nunca de decir que Turquía es un socio indispensable dentro de la coalición y que tiene un papel destacado. En este sentido, Turquía sabe que pertenecer a dos mundos a la vez los sitúa en una posición fuerte también con los mismos Estados Unidos. Por lo tanto, la gran pregunta ahora es saber qué se le puede ofrecer a Ankara para que acepte los dos países nórdicos en la alianza.

La respuesta más simple sería un cambio en la posición de Estocolmo y Helsinki ante los políticos kurdos. Finlandia ya ha reaccionado en la línea demandada por el ejecutivo turco. “Como aliados de la OTAN, nos comprometeremos con la seguridad de Turquía, del mismo modo que Turquía se comprometerá con la nuestra", dijo el presidente finlandés, Sauli Niinistö, justamente desde la Casa Blanca y junto a la primera ministra sueca, Magdalena Andersson. "Condenamos el terrorismo en todas sus formas y estamos activamente comprometidos a combatirlo”, dijo dando a entender que algunas cosas cambiarán en Helsinki y Estocolmo mientras Erdogan siga reclamando a los “terroristas”. ¿Llegarán las extradiciones? 

Otras concesiones pueden venir desde Washington cuando el Congreso dé luz verde a la venta de 40 unidades de F-16 y otros juguetes armamentísticos, incluidos a la carta de Ankara a los Reyes. Mientras el sí en los países nórdicos no llega, Erdogan se deja querer por la comunidad internacional y, de rebote, acumula victorias en ultramar para inflar la popularidad en su casa, ahora mismo en horas bajas y con unas elecciones a tocar.

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