¿Puede Europa hacer frente a una agresión de Trump a Groenlandia?
Los grandes países europeos preparan un plan para responder ante el gobierno de EEUU, que se reunirá con Dinamarca la próxima semana
LondresCinco días después de la toma de posesión de Donald Trump, el 25 de enero del pasado año, el general austríaco Robert Brieger, entonces jefe del Comité Militar de la Unión Europea, advertía en una entrevista al diario alemán Welt am Sonntag que tendría sentido desplegar tropas europeas en Groenlandia. Sus palabras no eran meramente especulativas: respondían a las reiteradas manifestaciones del presidente de Estados Unidos de su interés por adquirir el territorio autónomo danés por razones de "seguridad nacional". Un interés que Trump ya había manifestado durante su primer mandato y que, a raíz de la operación militar del sábado para capturar a Nicolás Maduro, ha vuelto a exponer con una determinación inquietante. Hasta el punto de que la Casa Blanca no descarta explícitamente el uso de la fuerza militar o de coacciones económicas contra un aliado de la OTAN como Dinamarca, el estado soberano sobre la isla ártica.
En declaraciones a Radio France Inter, el ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, ha asegurado este miércoles: "Hemos empezado a trabajar para prepararnos para tomar represalias, para responder y no para responder solos". París y Berlín trabajan conjuntamente. Y este mediodía el primer ministro británico, Keir Starmer, ha afirmado en el Parlamento que el futuro de Groenlandia debe decidirse entre daneses y groenlandeses. Las tres capitales, más Madrid, Varsovia y Roma, firmaron el martes un comunicado en el que destacaban la idea de que Groenlandia "pertenece a su pueblo".
Por otra parte, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, admitía el martes por la noche su preocupación ante las palabras de Trump y de sus asesores, y que había pedido una reunión urgente con los estadounidenses para tratar la cuestión. También entomaba, pero, cuál es la correlación de fuerzas: " posición estadounidense, y entonces tendremos que defender nuestros intereses", decía en la televisión pública de su país.
Por su parte, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, ha anunciado este miércoles que se reunirá con el gobierno danés la próxima semana. "Si el presidente identifica una amenaza a la seguridad nacional de los Estados militares", ha dicho cuando los periodistas le han preguntado si Washington está dispuesto a arriesgar la alianza de la OTAN con una potencial operación militar en Groenlandia.
Espacio de competición global
Cuando Washington vuelve a poner sobre la mesa ese viejo sueño geopolítico, Europa se encuentra ante un momento crítico, asediada por Rusia en Ucrania y traicionada por la Casa Blanca. No se trata sólo de rechazar retóricamente una pretensión que vulnera el derecho internacional y la soberanía de un territorio aliado. Groenlandia se ha convertido en un auténtico punto de inflexión geoestratégico. Su suerte no es ya sólo un asunto diplomático, sino una prueba de fuego para la capacidad de Europa de actuar como actor global.
En este contexto, el 29 de enero del año pasado el Comité Económico y Social Europeo (CESE) advertía que la Unión debía defender sus intereses en el Ártico europeo mediante una estrategia común que implicara activamente a la sociedad civil de los groenlandeses en todas las decisiones relevantes. "La cooperación estrecha con Groenlandia es clave para promover inversiones sostenibles y garantizar la prosperidad y resiliencia de la región", señalaba el informe. Y añadía una idea central: los intereses europeos en el Ártico sólo pueden defenderse de manera efectiva si Europa tiene presencia física y capacidad de decisión común. No es casual que, apenas ocho meses antes, la Unión Europea hubiera abierto su primera representación permanente en Nuuk, la capital de Groenlandia.
El Ártico se ha convertido en un espacio de competición abierta entre potencias. Rusia refuerza su presencia militar, China se proyecta como "estado casi ártico" y Estados Unidos reclama una posición dominante. Ante esto, el citado CESE propone actualizar la estrategia europea para la región como pieza clave de la autonomía militar, la resiliencia y la competitividad de la Unión.
Los groenlandeses reivindican su derecho a la autodeterminación con el lema "Nada sobre nosotros, sin nosotros", y perciben a la UE como un aliado cercano por los valores compartidos de derechos humanos, estado de derecho y diálogo social. En teoría, si se llegara a tiempo de evitar la anexión, reforzar la relación permitiría consolidar una región próspera y resiliente, diversificar el acceso europeo a minerales críticos y establecer una asociación que debería ser prioritaria en el próximo marco financiero plurianual. Pero en las últimas 96 horas, las declaraciones de Trump han dejado muy claro su parecer: "Necesitamos Groenlandia para la seguridad nacional. Debemos estar. Si no estamos, no podemos garantizar ni la seguridad nacional ni la internacional; ahora mismo, Groenlandia está llena de barcos rusos y chinos por todas partes. Necesitamos Groen.
La dimensión económica de la isla es a la vez una herramienta de seguridad. El control europeo de las oportunidades económicas groenlandesas –mediante inversiones sostenibles, infraestructuras duales y proyectos tecnológicos– es una forma indirecta pero potente de defender la soberanía del territorio. Algunos expertos alertan de que, si estas inversiones no llegan, Groenlandia podría verse tentada a buscar socios alternativos; no sólo Estados Unidos, sino también China.
Tropas en la isla ártica
En paralelo, también ha ganado bastante la idea de una presencia europea de seguridad en la región. Las declaraciones de Robert Brieger sobre la posibilidad de estacionar tropas europeas en Groenlandia –una decisión política por ahora impensable– no apuntan a sustituir a Estados Unidos, sino a equilibrar presencias y dotar a Europa de un papel estructural a la seguridad ártica. Aunque la UE no dispone de un ejército propio, esta opción podría materializarse en unidades combinadas de vigilancia, sistemas de alerta temprana, capacidades tecnológicas árticas y ejercicios conjuntos con los aliados nórdicos, bajo el paraguas de la OTAN pero con liderazgo europeo.
Finalmente, Europa necesita también un frente diplomático y narrativo sólido. Puede y debe defender explícitamente que Groenlandia pertenece a su pueblo y que Dinamarca es el garante soberano. Debe promover mecanismos multilaterales que blinden el principio de que las fronteras no se mueven por la fuerza, aunque la presión provenga de un aliado. Convertir la defensa de Groenlandia en un símbolo del respeto al orden internacional, la soberanía y el multilateralismo es una forma de plantarse ante Trump, pero también ante Moscú y Pekín.