Así funciona la guerra híbrida que nos ataca a los europeos
En los últimos meses Rusia ha intensificado su campaña de acciones hostiles contra Europa con ataques más graves
Barcelona"Los europeos se enfrentan a una dura verdad: que esta es la nueva normalidad". Esta frase de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hace pensar en aquella "nueva normalidad" de restricciones de la libertad individual a favor de la salud pública a la que tuvimos que adaptarnos durante la pandemia de la covid-19. La declaración, sin embargo, no es de hace seis años, sino de esta semana. Ahora, la nueva normalidad a la que debemos acostumbrarnos es la de los ataques sistemáticos de Rusia. "Estamos en una nueva era de la seguridad europea", insistió la líder del ejecutivo comunitario. El mensaje llegó después de que las autoridades alemanas culparan directamente a Moscú de unataque con un dron cargado de explosivos en el aeropuerto de Leipzig a principios de agosto, uno de los intentos de sabotaje más graves registrados hasta ahora en territorio europeo, en un centro logístico clave de la OTAN.
Pero este incidente no es, ni mucho menos, un hecho aislado, ni ninguna provocación puntual de Rusia, sino un ataque más dentro de la denominada "guerra híbrida" del régimen de Vladímir Putin contra sus enemigos de Occidente. Ya en septiembre del año pasado, el canciller alemán, Friedrich Merz, afirmó: "[En Europa] No estamos en guerra, pero tampoco estamos en paz". Unos cuantos meses antes ya había hecho una afirmación similar el primer ministro sueco, Ulf Kristersson: "Suecia no está en guerra, pero tampoco hay paz". "Nosotros y nuestros vecinos estamos expuestos a ataques híbridos, llevados a cabo no con misiles y soldados, sino con ordenadores, dinero, desinformación y el riesgo de sabotaje", argumentó.
El concepto de "amenazas híbridas" o "guerra híbrida" se refiere a la estrategia sostenida de utilizar diferentes tácticas y medios para atacar a un adversario sin llegar al nivel del conflicto armado. Sabotajes en infraestructuras críticas, ciberataques, violaciones del espacio aéreo, asesinatos, interferencias en procesos electorales, desinformación, maniobras militares... Cualquier acción hostil que no llegue a ser un ataque militar que desencadene una declaración de guerra convencional. Son ataques diseñados intencionadamente para ser ambiguos y difíciles de atribuir, para aumentar la confusión y reducir las posibilidades de una respuesta eficaz. Según la definición que hace la OTAN, las amenazas híbridas "se utilizan para desdibujar las líneas entre la guerra y la paz e intentar sembrar las dudas entre las poblaciones objetivo", con la finalidad de "desestabilizar y socavar las sociedades".
"Forma parte de la caja de herramientas de Rusia cuando quiere debilitar a Occidente: polarizar la opinión pública, apoyar a partidos que le favorezcan, debilitar la confianza pública en las instituciones... En definitiva, debilitar las democracias", resume en el ARA la directora del Centro Europeo de Excelencia para la Lucha contra las Amenazas Híbridas (HybridCoE), Teija Tiilikainen, quien destaca que esta no es una estrategia exclusiva de Rusia, sino que otros actores como China e Irán, con los mismos objetivos, utilizan acciones similares.
Ataques cada vez más graves
El régimen de Putin, sin embargo, es el más activo hoy en Europa. Los analistas y líderes políticos europeos afirman sin vacilar que esta estrategia se ha intensificado y agravado desde el inicio de la guerra de Rusia contra Ucrania en 2022 y, especialmente, desde el año pasado. Según la analista finlandesa, estas operaciones rusas se han incrementado "porque hay un objetivo más específico: reducir el apoyo occidental a Ucrania". Y también apunta que se utilizan cada vez más instrumentos vinculados al ámbito militar, como drones con explosivos, mientras que hace unos años lo que predominaban eran las operaciones de desinformación, manipulación de la opinión pública en las redes sociales e interferencias electorales.
Con todo, es imposible cuantificar todas las acciones hostiles. Sobre todo porque una de las características de la guerra híbrida es que en la mayoría de los casos es muy difícil atribuir la autoría con pruebas. "La negación forma parte de la táctica: los actores no asumen la responsabilidad y si un acto de sabotaje no se puede atribuir, es mucho más difícil reaccionar o acordar medidas de castigo", afirma Tiilikainen.
Sabotajes e intentos de asesinato
En los últimos meses, sin embargo, se han publicado algunos informes que constatan el incremento de los ataques físicos. Un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés) sobre la escala de las operaciones de sabotaje rusas contra las infraestructuras críticas de Europa, publicado en agosto del año pasado, documentaba un centenar de incidentes de este tipo desde 2018, con un incremento muy significativo a partir de 2023, coincidiendo con el momento en que se eliminaron las restricciones para que Ucrania utilizara armamento occidental, particularmente misiles de largo alcance, para atacar territorio ruso. Según los datos del IISS, los sabotajes rusos confirmados se incrementaron un 246% entre 2023 y 2024.
Otro informe del International Center for Counter-Terrorisme (ICCT) y Globsec también constata una intensificación a partir de 2023, con un pico de ataques en la primera mitad de 2024. Entre los casos de mayor repercusión, destaca el contrabando de artefactos incendiarios en aviones con la intención aparente de provocar que se estrellaran, un incendio en el centro comercial más grande de Polonia y el intento de asesinato de Armin Papperger, el director general de la empresa alemana Rheinmetall, uno de los fabricantes de armas más grandes de Europa.
La plataforma interactiva The Everywhere War Sub-Threshold Warfare Tracker del think tank ucraniano Sahaidachny Security Center intenta llevar un control de los ataques híbridos en Europa desde 2022 y hasta ahora han contabilizado más de 400. Los ciberataques y las violaciones del espacio aéreo son los más numerosos. Entre los ejemplos de los ataques cibernéticos más graves hay uno contra una presa noruega en abril del año pasado, que provocó la apertura de las compuertas, y un ataque coordinado el pasado diciembre contra más de treinta instalaciones energéticas polacas.
Polonia, el país más afectado
Geográficamente, estos ataques no se centran solo en Europa, sino que también se han registrado numerosas acciones en los Estados Unidos, sobre todo ciberataques. Pero el país más afectado es Polonia, seguido de Alemania, los estados bálticos y los nórdicos. Este mismo jueves, las fuerzas aéreas polacas interceptaron un avión de reconocimiento ruso sobre el espacio aéreo internacional del mar Báltico, un hecho que ya se ha convertido en habitual en esta zona: en julio, las salidas de alerta de la OTAN se incrementaron un 250% respecto al año pasado. Como en otros incidentes en esta zona, el avión espía ruso volaba con los dispositivos de identificación desactivados y sin plan de vuelo registrado, lo que obstaculiza la identificación remota y complica la tarea del control del tráfico aéreo civil y, por tanto, puede suponer un peligro para los aviones de pasajeros.
Polonia y las repúblicas bálticas también han sido las más afectadas por el uso de los inmigrantes como arma por parte de Rusia y Bielorrusia. Y la zona del Báltico también sufre reiteradamente ciberataques en los sistemas de GPS de los aviones (con las tácticas conocidas como interferencia de GPSy suplantación de GPS ). El caso con mayor repercusión fue el que provocó que el avión en el que viajaba Ursula von der Leyen tuviera que realizar un aterrizaje de emergencia en Bulgaria con mapas analógicos, después de que el sistema de navegación dejara de funcionar. Además, también se han convertido en una nueva normalidad los casos de sabotajes a cables y otras infraestructuras submarinas, en muchos casos dañados por barcos de la flota fantasma rusa.
¿Cuál es la respuesta adecuada?
Algunos expertos utilizan diferentes términos para describir esta guerra híbrida: guerra omnipresente, guerra no tradicional, guerra en la sombra... Lo que es común es el uso de la palabra guerra, aunque siempre acompañada de un adjetivo que la matiza. Algunos analistas han alertado últimamente de que esto puede minimizar la sensación de gravedad y reducir la percepción de la amenaza rusa entre la población europea. La directora del HybridCoE considera que en los últimos meses el tono de los dirigentes europeos se ha endurecido, pero alerta de que no se puede utilizar el término guerra a la ligera. "La frontera entre la paz y la guerra en regímenes autoritarios es muy diferente que en democracias: Rusia dice que está en guerra contra Occidente, pero si Europa declara que está en guerra contra Rusia, esto tiene unas implicaciones legales enormes".
Afirma que Moscú está provocando para escalar el conflicto, "pero los países europeos no pueden responder con todos los instrumentos que tienen a su alcance". Coincide con ello Fredrik Wesslau, analista del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, por sus siglas en inglés): "Las sociedades democráticas no pueden responder de manera simétrica a los ataques rusos". Es decir, un país europeo no puede responder a un asesinato con otro asesinato. Aun así, Wesslau considera que la respuesta europea ha sido hasta ahora "demasiado débil y demasiado tardía", y pone el ejemplo de Alemania tras el caso del aeropuerto de Leipzig, "solo con una respuesta diplomática", que considera insuficiente. Cree que Europa tiene margen para responder ofensivamente en el ámbito cibernético y perseguir a la flota en la sombra rusa. Además, considera que una posible contramedida puede ser incrementar todavía más la ayuda a Ucrania.
Este miércoles, Von der Leyen prometió que Europa y la OTAN aumentarán la "presión" sobre Rusia, sin más concreciones. Hasta ahora, una de las principales herramientas utilizadas por la UE han sido las sanciones, entre las cuales se incluye la prohibición de entrada a territorio comunitario y la inmovilización de activos. También se han expulsado cientos de agentes de inteligencia rusos: según un cálculo del MI5 británico, entre 2022 y 2024 se expulsaron más de 750 espías rusos de Europa.
La OTAN, por su parte, ha aumentado su presencia en el flanco este, con una misión naval en el mar Báltico para proteger las infraestructuras críticas submarinas, y otra para incrementar la vigilancia aérea. Ante la escalada de las tensiones por parte de Rusia, el almirante Giuseppe Cavo Dragone, presidente del Comité Militar de la OTAN, declaró el pasado diciembre que la organización está considerando contramedidas más proactivas y respuestas agresivas a la guerra híbrida de Rusia. Su secretario general, Mark Rutte, repite como un mantra que la Alianza Atlántica defenderá "cada centímetro" de su territorio, pero no hace declaraciones más agresivas, mientras los líderes europeos tiemblan ante el alejamiento de su gran aliado tradicional, unos Estados Unidos cada vez más despreocupados por Europa.