El gato más famoso del Reino Unido ya espera un nuevo amo en Downing Street
El primer ministro británico, Keir Starmer, puede anunciar este lunes un calendario ordenado para su marcha del gobierno
LondresEl gato más famoso del Reino Unido espera un nuevo amo. Larry, adoptado por la oficina del primer ministro y nombrado oficialmente jefe de cazador de ratones del gabinete en febrero del 2011, ha visto este domingo que periodistas, fotógrafos y cámaras de televisión se han acumulado delante de la puerta del número 10 de Downing Street a la espera de acontecimientos. Mientras el animalote ha velado porque ningún extraño –y menos aún ningún roedor– traspasara el umbral de la bonita pero incómoda casa georgiana del famoso callejón de Whitehall, Keir Starmer ha pasado el fin de semana en Chequers, su residencia oficial de campo, a poco más de sesenta kilómetros al noroeste de Londres.
Un retiro discreto para reflexionar sobre su futuro político que, a estas alturas, ya parece decidido. Ha sido una caída a cámara lenta. Oficialmente, sin embargo, todavía no ha rectificado sus palabras del viernes, cuando aseguró que plantaría cara ante cualquier intento por descabalgarlo.
Pero este domingo, uno de sus ya pocos aliados, el ministro de Comercio, Peter Kyle, ha afirmado en declaraciones a la BBC que Starmer "es muy consciente de los retos políticos que tiene delante, y quiere escuchar a la gente y reflexionar sobre lo que le dicen"; una manera de insinuar que se ha dado cuenta de que no tiene apoyos.
La presión es máxima y la única gran incógnita por resolver es el calendario que establecerá para un relevo ordenado del poder. No en vano, la mayor parte de la prensa británica asegura que lo anunciará a primera hora de este lunes desde la puerta de Downing Street. Ni siquiera Larry podrá evitar la entrada triunfal, no de ningún extraño, del alcalde de Manchester, Andy Burnham, que se convertiráen el séptimo premier de la última década, justamente desde el referéndum del Brexit (23 de junio del 2016), plebiscito que persiguen el país y los jefes de gobierno como una maldición desde entonces.
Para rematar la faena, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, también ha metido baza, exponiendo en uno de sus mensajes las razones del adiós de Starmer, a su parecer: "Ha fracasado estrepitosamente en dos temas muy importantes: la inmigración y la energía (Abrid el petróleo del mar del Norte). ¡Le deseo lo mejor!". Una opinión que no habla tanto de los motivos de la caída de Starmer como de los intereses de Trump.
Sin autoridad
El viernes de madrugada, a raíz de su victoria en la elección parcial de Makerfield, en el norte de Inglaterra, el todavía alcalde Burnham –que este lunes tomará posesión del escaño y dimitirá como primer edil de la gran ciudad del norte– se ha erigido en la única alternativa sólida a Starmer. Con una velocidad de vértigo, el crédito que el premier consiguió en los comicios de julio de 2024 se ha ido por el desagüe.
Desgastado mortalmente como la guinda de un pastel amargo por la catástrofe electoral de las elecciones locales de principios de mayo, esta fue solo la culminación de una serie de errores y cambios de rumbo inexplicables que han lastrado sus dos años en el gobierno. Hace cinco semanas, casi un centenar de sus diputados ya le pidieron que se retirara. Al mismo tiempo, destacados ministros de su gobierno también se sumaron a la quema: Yvette Cooper, de Exteriores, David Miliband, de Energía; Shabana Mahmood, de Interior. En aquel momento dimitió el de Sanidad, Wes Streeting, y la semana pasada lo hizo el de Defensa, John Healey. En las últimas 48 horas, se ha sumado a la exigencia de la marcha Heidi Alexander, responsable de la cartera de Transportes.
Como de costumbre, la política británica encuentra en Shakespeare un espejo recurrente, ya sea en las tragedias, los dramas históricos o las comedias. Y el adiós de Starmer, que también se puede leer como una nueva réplica del terremoto del Brexit, admite paralelismos con Ricardo III, Enrique IV o El rey Lear. En Ricardo III, el nudo dramático gira en torno a quién ostenta la autoridad legítima para llevar la corona. En Enrique IV, el conflicto se articula entre el rey que ocupa el trono y el carismático rival que lo desafía desde fuera. En el caso de El rey Lear, la autoridad se va deshilachando a medida que el monarca descubre, demasiado tarde, que el poder solo existe mientras los demás aceptan obedecerle. De manera similar, la autoridad de Starmer se ha ido erosionando hasta el punto de que él mismo ha tenido que aceptar que una parte significativa del partido ya no lo reconoce como líder.
En este sentido, una encuesta encargada por el sindicato docente National Education Union y elaborada por YouGov revela un notable malestar entre la base laborista con la gestión del gobierno. El sondeo, realizado entre 800 afiliados del partido, muestra que el 48% consideran que el ejecutivo ha actuado peor de lo que esperaban desde las elecciones.
El estudio, hecho antes de la victoria de Burnham en Makerfield, también señala una clara preferencia como hipotético primer ministro, con un 45% de los apoyos, muy por encima de Keir Starmer (24%), Angela Rayner (7%) y Wes Streeting (4%). Una segunda encuesta, entre 4.000 trabajadores de la educación afiliados al sindicato, es aún más crítica: el 66% afirman que el gobierno laborista está rindiendo por debajo de las expectativas.
En la historia reciente de la política británica Starmer pasará como el ejemplo máximo de bluf, que llega al cargo no porque despertara ningún entusiasmo entre el electorado, sino por el hartazgo de años de gobierno conservador, y del fracaso económico del Brexit. En todo caso, entre los episodios más controvertidos del todavía premier destacan la retirada de la ayuda para la calefacción de millones de pensionistas, los recortes o reformas en determinadas prestaciones sociales y una economía plana. A esto se ha añadido el escándalo alrededor del nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Washington, a pesar de sus vínculos conocidos con el pederasta Jeffrey Epstein. Starmer lo nombró y tuvo que cesarlo nueve meses después (septiembre de 2025). Todo ello ha favorecido que se creara la imagen de un gobierno prudente, tecnocrático y continuista, sin ambición, ni proyecto ni relato, lejos del cambio profundo que el país esperaba después de catorce años de gobiernos conservadores.
Tanto si Starmer hace el anuncio de la despedida este lunes o en los próximos días, es seguro que no hay marcha atrás. Mientras tanto, el Partido Laborista debate cómo será el relevo. Si una coronación de Burnham o bien si hay al menos un candidato más con 81 parlamentarios dispuestos a apoyarle para, como mínimo, celebrar una carrera por el liderazgo.