Nuestro Leonardo da Vinci
Vic tiene un tesoro poco conocido: el observatorio Pratdesaba
VicBajo la cúpula metálica giratoria que protege un precioso telescopio, situado en lo alto de una casona antigua del centro de Vic, hace un calor de mil demonios. Claro: estamos en pleno mediodía. Me fijo en unos cuantos golpes que tiene esta cúpula pintada de un color mezcla de gris (de la niebla, tan típica de Vic –ahora hay menos que antes–) y de azul (del cielo). Estos golpes fueron hechos por una fuerte granizada. También los hay causados por un bombardeo que tuvo lugar a finales de la Guerra Civil.
El telescopio fue adquirido en París en el año 1909 por el vigatano Josep Pratdesaba, uno de los científicos catalanes más universales (al final del artículo, si llegáis, sabréis el porqué). Es un telescopio de dos tubos (uno tiene la función de observar los astros y las estrellas y el otro de hacerles fotografías). "Se llama telescopio doble ecuatorial; hay cuatro en todo el Estado, entre los cuales el que se encuentra en el Observatorio Fabra de Barcelona", me explica Toni Ylla-Català, mi anfitrión, que contribuyó eficazmente a restaurarlo. No, Toni no es astrónomo. Sus credenciales son sencillas: es vecino. Cuando supo que hacían falta manos para recuperar este observatorio no dudó en poner las suyas, y las de sus hijos, que se saltaron las actividades extraescolares. ¡La mejor extraescolar era esta!Cuando murió Pratdesaba, en el año 1967, el observatorio también murió (pero no del todo). La cúpula se fue degradando. Incluso cayeron algunos trozos. "Esto se convirtió en un palomar. Quitamos 400 kilos de excrementos de paloma", recuerda Toni.Hemos subido 96 escalones para llegar hasta debajo de la cúpula. 96 son los años que vivió Josep Pratdesaba. Suerte que cuando ya se le hacían pesados los escalones y el trabajo, le apareció un buen colaborador: el hijo del campanero de la catedral. "Mossèn Passi-ho Bé", le decían: saludaba a todo el mundo. "El telescopio lo adquirió Josep Pratdesaba con la ayuda de su padre para poder ver el cometa Halley, que pasaba cerca de la tierra en 1910", me explica Anna Alsina, la propietaria del inmueble. También me acompaña en la visita una familia de Formentera apasionada del cielo nocturno. Son una pareja, dos niños y un perrito espabilado que asciende con agilidad. "Es la primera vez que sube un perro hasta la cúpula", dice Anna Alsina, bisnieta de Josep Pratdesaba.Aquí arriba, Pratdesaba, impulsado por una curiosidad inagotable, observaba y documentaba los planetas, las manchas y las protuberancias del Sol (explosiones, que crean las auroras boreales) y hacía trabajos de espectroscopia solar. "Esta cúpula inicialmente se hacía girar manualmente. Pero Pratdesaba quiso aprovechar una lavadora estropeada", recuerda Anna. "Adaptó el motor para que hiciera de mecanismo para hacerla girar", precisa. El ingenio continúa funcionando todavía hoy.
¡El mundo está mal repartido en tantos aspectos! También en este: hay personas que destacan en un montón de cosas y hay otras que no destacan en nada. Oye, todo mi respeto para este segundo grupo. Pasar por la vida de puntillas también es una opción. Pero, claro, nos fascinan los personajes con inventiva y poliédricos. Como Leonardo da Vinci.O Josep Pratdesaba: además de astrónomo, era experto en física, óptica, fotografía, geología, ganadería, meteorología –creó, con Josep Fontserè y un grupo de amigos, la primera red de casetas meteorológicas de Cataluña–. Fue quien primero describió la inversión térmica en la Plana de Vic. También revolucionó la agricultura (dirigió la revista Cambra Agrícola Ausetana; a menudo tenía que escribir artículos con seudónimo porque los colaboradores seolvidaban de entregar los textos) y la radio (fue cofundador de Ràdio Associació de Catalunya). Y fue uno de los primeros vigatanos en ir en bicicleta. No tiene nada que ver, pero alguien puede llegar a pensar que el hecho de tener un apellido fuerte ya implicaba una personalidad fuerte. De la misma estirpe Pratdesaba también está la excelente cantante de jazz Big Mama (Montserrat Pratdesaba). La pasión de conocimiento de Josep Pratdesaba era infinita. Llegó a estudiar hebreo para entender bien la Biblia, y también esperanto. En todo era autodidacta: comenzó la carrera de ingeniero, pero enseguida lo reclamaron en casa para atender la tienda: la madre había enfermado (una parálisis la imposibilitaba). Las tardes, con una lámpara de aceite, Josep estudiaba en el almacén todo lo que podía.Bajamos a la planta noble, muy amueblada. Todo se conserva como si todavía se viviera en él. Se hacen visitas teatralizadas. ¡Me llaman la atención tantas cosas! En la sala de estar, una serie de personajes pintados me miran fijamente, interrogándome: uno de ellos, de semblante serio, es Salvador Calvet, hijo de Francesc Calvet (que participó en la redacción de la Constitución de 1812, la de "¡Viva la Pepa!").
Toco el piano. Suena bastante bien. Se aprovecha en alguna de las visitas teatralizadas. Toni abre un globo terráqueo de madera, dentro del cual se esconden unos vasos y una botella –contenía ratafía, me explica (lástima, no la podemos probar)–. Entramos en una sala de techo alto, de donde cuelga una lámpara sencilla, atestada de dibujos de la luna y del sol, y de documentos de astrología: Pratdesaba era también un apasionado, cosa que disgustaba a los astrónomos puristas. "Lee...", me propone Toni cuando estamos delante de un fonógrafo rudimentario. "Que no salga de los EUA", le dice. Se lo debió llevar clandestinamente el suegro de Pratdesaba, que viajó a los EUA para conocer a Edison, o bien hizo una copia. El taller, cantonero, está lleno de herramientas, entre las cuales un vibrador para masajes de todo tipo. Este taller da a un bonito jardín, que se abre a la ciudadanía cada viernes. Hacen "comidas de tupper". Todo el que quiera comparte la comida en este rincón de paz con vistas a la catedral.Qué lujo haber conocido esta casa de uno de nuestros científicos más universales: un cráter de la luna lleva su nombre.El teléfono que servía para hablar con los marcianosPratdesaba nació y creció en una época empapada de innovaciones: la industrialización del país y la llegada del ferrocarril y la electricidad a Vic. Más adelante llegaron novedades tan decisivas como la fotografía, el telégrafo, la radio, la aviación y el teléfono. Josep Pratdesaba era un apasionado del teléfono. En el observatorio se proyecta un vídeo de él y tiene un teléfono en la mano: le servía para hablar con su mujer. "Josep, ¡la comida está lista!", decía ella, situada unas plantas más abajo, por teléfono (él, mirando hacia arriba, perdía el mundo de vista). Pero en las visitas de escolares Josep Pratdesaba decía que el teléfono era para hablar con los marcianos. ¡Era de broma!