Internacional  /  Europa 24/04/2022

Grenay, el pueblo comunista que ahora vota a Le Pen

La extrema derecha se hace fuerte en la cuenca minera de Paso de Calais, feudo histórico de la izquierda radical

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Carteles electorales de Emmanuel Macron y Marine Le Pen.

Grenay (Altos de Francia)El escritor Émile Zola describió en 1885 en Germinal como era la (dura) vida de los mineros que trabajaban en la cuenca minera Norte-Paso de Calais. La novela de Zola –llevada al cine por Claude Berri– es una narración de lucha obrera situada en un pueblo imaginario, pero podría ser la historia de Grenay, un municipio que no llega a los 7.000 habitantes. Antoine Ibba, minero jubilado de Grenay, la conoce bien. “Germinal es mi vida”, afirma. La cuenca minera Norte-Paso de Calais es una región que históricamente ha sido de izquierdas, de familias obreras y trabajadoras. De hecho, durante muchos años no había ni partidos de derecha. O, si los había, eran muy minoritarios. El pueblo ha tenido alcaldes comunistas ininterrumpidamente desde 1953, pero las cosas han dado un tumbo de 180 grados: en la primera vuelta de la elección presidencial, hace dos semanas, la líder de extrema derecha Marine Le Pen consiguió el 55% de los votos de los habitantes del municipio, más del doble del porcentaje de voto que consiguió la candidata de RN en toda Francia (23,3%). 

Grenay no es una excepción: en la mayoría de pueblos de la región gobernados por la izquierda –del Partido Comunista o del Partido Socialista–, la candidata de Reagrupamiento Nacional fue la más votada el 10 de abril. Probablemente, los habitantes de la cuenca minera también votarán en la segunda vuelta de las elecciones, este domingo, mayoritariamente por Le Pen. Ibba, de 72 años, también hijo y nieto de mineros, es el número 1 del partido de Le Pen en el municipio. “La gente está harta de Macron”, asegura contundente sentado en el comedor de su casa, una modesta construcción de ladrillos a pie de la carretera que atraviesa el pueblo con vistas a dos montañas negras de carbón, las antiguas minas. “Aquí tenemos extrema izquierda. Y, si no piensas como ellos, no tienes derecho a respirar”, afirma. 

Antoine Ibba fue el primero en Grenay en afiliarse al partido de Le Pen, en 2012, pero sorprendentemente niega que sea una formación de extrema derecha. “Cuando hablan de extrema derecha, no sé qué quieren decir, yo no entiendo de estas cosas”, se justifica a la vez que alaba a Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional. “Tuvo coraje. Luchó”, sostiene.

Feudo de la extrema derecha

El actual alcalde, Christian Champiré, del Partido Comunista, gobierna desde hace catorce años con una sólida mayoría, pero el auge de la extrema derecha en Francia ha impactado especialmente en la cuenca minera Norte-Paso de Calais. A 20 kilómetros de Grenay está el pueblo de Hénin-Beaumont, feudo de Le Pen. La candidata presidencial utilizó el pueblo como trampolín electoral para llegar a la Asamblea Nacional en 2017 como diputada y es una de las poblaciones de la región donde RN ha conseguido gobernar. Le Pen, con un discurso populista, busca el voto de las clases modestas, de las familias trabajadores que hasta ahora siempre habían votado partidos de izquierdas. Y en esta región minera dominada por la clase obrera ha encontrado el terreno perfecto para hacerse fuerte. 

“Me desespera que voten a Le Pen porque intentamos demostrar, y a escala municipal lo hemos conseguido, que hay alternativas posibles a RN. Me entristece que elijan a Le Pen, pero lo comprendo cuando la gente me explica su situación”, explica el alcalde. A mediados del siglo XX, en pleno auge de la industria textil y siderúrgica en Paso de Calais, la región de Alta Francia era la segunda más rica del país. Ahora, en pleno proceso de desindustrialización, es el departamento más pobre del Hexágono, empatado con Córcega. La tasa de paro duplica la media estatal y casi un 10% de los habitantes viven bajo el umbral de la pobreza.

“Muchos ciudadanos consideran a la Unión Europea y la mundialización responsables de la desindustrialización y la pobreza –sostiene el comunista– y en la cuenca minera existe la idea de que votar por Marine Le Pen es votar contra el cierre de fábricas, contra la UE y contra la mundialización”. 

Una imagen del pueblo de Grenay, con las montañas donde estaban las minas de carbón de fondo.

Región empobrecida

Son las 11 de la mañana y las calles de Grenay, con un cierto aire frío, están casi desiertas. El sol ilumina el pueblo, limpio, con casas modestas y pocos comercios abiertos. Solo se ve movimiento en el horno, con gente entrando y saliendo con baguettes, junto al único bar abierto. Más allá, detrás de una de las iglesias, hay un campo de hierba con un parque infantil. Una pareja de jubilados pasan la mañana con su nieto . “Hace cincuenta años, esto era una zona rica, pero ya no queda nada –afirma Jean-Pierre–. No se crea ocupación, no hay trabajo. La gente vota a Le Pen porque quiere que las cosas cambien. Es un voto de revuelta, de decepción”. 

Calais

Pas de Calais

París

Calais

Pas de Calais

París

Calais

Pas de Calais

París

Jean-Pierre confirma que Grenay “nunca ha sido de derechas”, pero lamenta que la etapa de François Hollande en la presidencia de Francia “creó mucha decepción” entre los votantes de izquierdas. El jubilado no revela si votará a Le Pen este domingo, pero lo deja entrever: “Hollande y Macron solo han gobernado para los ricos. No ha cambiado nada y esto no es razonable”.

En el mismo parque está Martine, una mujer de unos 70 años que lleva toda la vida en Grenay: “El problema es que Le Pen dice las cosas que quiere escuchar la gente aunque sean sandeces. A mí esto me da miedo. Que pueda gobernar me da miedo…” Elise, otra vecina de unos 35 años, asegura que no irá a votar el domingo porque no quiere apoyar ni a Emmanuel Macron ni a Marine Le Pen: “La gente tiene ganas de que las cosas cambien, así de simple. Y me temo que no cambiará nada. Cuando hay un alcalde que funciona, que hace cosas para el pueblo, la gente lo vota. A escala estatal, el voto es diferente. Son dos contextos diferentes”.

En el centro del pueblo, delante de la iglesia, un monumento recuerda a los caídos en el municipio durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Grenay es uno de los pueblos franceses que sufrió la ocupación nazi y la feroz represión durante la histórica huelga de los mineros de 1941. El historiador local Gregory Picart ha escrito un libro que recoge las historias de la resistencia en el pueblo. “Aquí todavía quedan algunas familias. Eran sus padres, sus abuelos… gente que se sacrificó. Fueron deportados, asesinados, fusilados. Pero a los jóvenes de ahora no les parece una paradoja votar a la extrema derecha”, asegura mientras toma un refresco en el bar del pueblo: “Esto era territorio de los socialistas y comunistas, pero decepción tras decepción se han acabado hartando del discurso de la pseudoizquierda. Y se han refugiado en el Frente Nacional”. En Grenay, en los espacios reservados para los carteles electorales, solo hay de Marine Le Pen. Ni uno del presidente de la República.

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