LondresHoras después de criticar al Reino Unido por, supuestamente, cometer "una gran estupidez" y mostrar "debilidad" frente a China y Rusia por los planes de transferir el archipiélago de las estratégicas islas Chagos –una decisión que, según el presidente de Estados Unidos, refuerza la necesidad de "comprar Groenlandia"–, Trump ya tiene una nueva excusa –aunque no necesita– para seguir atacando a su aliado más fiel.
Este martes el gobierno laborista ha dado luz verde definitiva a la instalación, a unos metros de la Torre de Londres y de la City financiera, de la mayor embajada que Pekín tendrá en toda Europa y una de las más grandes del mundo. Una vez se inaugure la legación china, de 22.000 metros cuadrados, Estados Unidos y China mostrarán cómo rivalizan por su pastel global a través de sus dos representaciones en la capital británica, norte y sur del Támesis, respectivamente.
China esperaba el permiso tras muchos retrasos, básicamente por los debates internos dentro del gobierno sobre el riesgo de tener junto a la City lo que los conservadores, algunos diputados laboristas y toda la prensa de la derecha alertan de que puede ser un "núcleo de espías". La líder tory, Kemi Badenoch, calificó la decisión de "claudicación y acto de cobardía".
La decisión del gobierno británico allana el camino para una visita a Pekín del primer ministro Keir Starmer en los próximos días o semanas. El esperado viaje de Starmer a la capital china tendrá lugar muy poco después de lo que Mark Carney, el primer ministro de Canadá, hizo en China el pasado viernes y que puso fin a años de tensas relaciones entre ambos países.
Situació de la futura ambaixada xinesa a Londres
edifici històric proposat
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Las palabras de Trump deben inscribirse también en un momento de realineamiento de los equilibrios geoestratégicos globales, y cuando la deriva de la Casa Blanca tiene asombrados a los viejos aliados occidentales. Éstos buscan en China la estabilidad que no les ofrece Washington. Sin embargo, tanto la Unión Europea como el Reino Unido han declarado recientemente la China como "rival sistémico"Sin embargo, con el que la colaboración parece casi inevitable.
El gobierno de Starmer se defiende de las críticas por la aprobación de la embajada asegurando que es mucho mejor que toda la representación diplomática china esté en un solo edificio que en las siete dependencias actuales que los chinos tienen esparcidas por la capital británica. Un portavoz del gobierno ha dicho también que las agencias de inteligencia han estado involucradas en todo momento, con una "amplia gama de medidas para gestionar cualquier riesgo". Por su parte, el jefe del MI5 (la inteligencia interior) ha comentado que la amenaza contra la seguridad nacional no puede eliminarse completamente, pero ha añadido que la evaluación para mitigar el riesgo ha sido "experta, profesional y proporcionada".
Edificio emblemático
La ubicación futura de la embajada tiene un gran simbolismo, ya que ocupará las antiguas dependencias del Royal Mint, un conjunto monumental neoclásico de principios del siglo XIX, donde hasta 1968 se acuñaron las monedas de circulación legal en el Reino Unido, así como otras conmemorativas.
Ahora, sólo una acción judicial de los vecinos de la zona (el barrio de East Smithfield) que se oponen y que se han manifestado en repetidas ocasiones para detener el proyecto, podría bloquearlo. Pekín compró la propiedad en el 2018 y desde entonces había solicitado la instalación de su nueva embajada.
Recientemente, el Daily Telegraph, encarnizadamente opuesto a la embajada por las mismas razones de seguridad nacional que argumentan el Partido Conservador y un grupo de parlamentarios y lores laboristas, ha informado de que Pekín construirá en el edificio una red de 208 salas secretas que podrían utilizarse como celdas de detención de opositores del régimen de Xi.
Según el mismo diario, que ha tenido acceso a los planos de la reforma, también se construirá una cámara oculta situada a tan sólo un metro y pico de cables de fibra óptica que transportan datos financieros de la City y comunicaciones privadas de millones de usuarios.
En el Reino Unido viven unos 280.000 ciudadanos de Hong Kong, que ha salido de la antigua colonia británica desdeel endurecimiento de las leyesde seguridad nacional. De acuerdo con el censo de 2021, en las islas viven también 121.000 ciudadanos chinos. Y en las universidades británicas estudiaban, en el curso 2022-23, más de 150.000 alumnos, que pagan unas tarifas muy elevadas, y que son maná para unas instituciones cada vez con mayores dificultades económicas por la falta de apoyo financiero del gobierno.
En 2022, contra todo pronóstico, el consejo local de urbanismo del distrito de Tower Hamlets, donde se encuentra el barrio de East Smithfield, vetó el proyecto de desarrollo de la nueva legación, a cargo del arquitecto David Chipperfield. Perodespués de la victoria laborista de julio deen 2024, China volvió a solicitar el permiso, confiando en que el nuevo gobierno de Londres hiciera posible la luz verde para el proyecto. Con toda probabilidad, la última palabra la tendrán los tribunales. O tal vez, como es costumbre, Donald Trump.
Una base anglo-americana en el Índico para los próximos 140 años
En una más de sus habituales inexactitudes, Donald Trump considera que con la renuncia de la soberanía del archipiélago de las islas Chagos (océano Índico central) Londres abandona a su suerte la base aérea conjunta de Diego Garcia, de titularidad estadounidense y británica. Pero en mayo del 2025 la administración republicana bendijo el pacto alcanzado por Downing Street con Mauricio, que incluye la posesión del complejo militar de Diego Garcia, y lo veto en cualquier instalación extranjera en sus alrededores, durante los próximos 99 años, con la posibilidad de una extensión a otras cuatro décadas.
Diego Garcia es considerada por el Pentágono como la plataforma necesaria para operar en Asia-Pacífico y refrenar el afán expansionista de China en la zona. La isla de Mauricio permaneció bajo soberanía británica de 1810 a 1968 y el archipiélago Chagos era el último vestigio del pasado colonial. Londres aún debe ratificar el tratado mediante una ley ad hoc que el gobierno Starmer firmó en mayo del 2025 con el de Mauricio para que la cesión de soberanía sea legal y vinculante.