Crisis energética
Internacional  /  Europa 19/07/2022

Récord de gas ruso para China mientras Europa se prepara para el frío

La UE pacta con Azerbaiyán e Italia se entrega a Argelia ante el miedo de que Moscú cierre el grifo

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El presidente ruso, Vladímir Putin, y su homólogo chino, Xi Jinping.

Barcelona / RomaEl monopolio estatal ruso para la exportación de gas, el gigante Gazprom, presumía este lunes de un hito histórico: "El 17 de julio se registró otro récord para el volumen diario de suministro de gas ruso a China a través del gasoducto Fuerza de Siberia", subrayaba la empresa en un comunicado. Nunca, en un día, Moscú había enviado tanto gas hacia Pekín. No hay que decir que el contexto actual hace que el movimiento tenga una carga geopolítica descomunal: mientras Occidente intenta aislar a Rusia como respuesta a la guerra en Ucrania y paga de manera más que palpable el precio de este boicot en forma de precios inflados por todas partes y de incertidumbre energética para un otoño que se augura tenso y frío, el gobierno de Xi Jinping y el de Vladímir Putin exhiben, de nuevo, su buena sintonía.

Si se repasan las cifras comerciales entre los dos países, queda claro que Pekín se ha convertido en una especie de salvavidas para Moscú. Según datos de Gazprom, por ejemplo, entre enero y el junio del 2022 las exportaciones de gas hacia China incrementaron en un 63,4% respecto al mismo periodo del año pasado. Los números históricos también se han registrado en el comercio del petróleo, hasta el punto de que el Kremlin se convirtió en junio en el principal suministrador del gigante asiático, por delante de Arabia Saudí.

A pesar de que el acercamiento entre los dos países viene de hace años (en 2014, después de la anexión rusa de Crimea, Gazprom ya agilizó los tratos con China), la invasión rusa de Ucrania lo ha acelerado y lo ha redimensionado. Y todo ello supone una muestra más de cómo el paisaje geopolítico se encamina, de nuevo, hacia un mundo de dos bloques, tal como quedó patente en la cumbre de la OTAN en Madrid , en la que Occidente señaló sin complejos a Moscú y Pekín como las grandes amenazas de presente y futuro.

El frío y las penurias

Mientras tanto, el tercer gran protagonista de esta historia es Europa. Si el comercio de gas ruso hacia Pekín marca máximos históricos, el que se dirige hacia los países del Viejo Continente hace semanas que registra mínimos también de récord. Europa ya ha visto cómo Rusia no solo ha disminuido la cantidad de gas que envía, sino que directamente ha cerrado el grifo de este combustible a países como Polonia, Finlandia o Dinamarca como represalia por las sanciones contra la invasión de Ucrania, hecho que pone contra las cuerdas la seguridad energética de estos países tan dependientes del Kremlin.

Ahora mismo, hay dos grandes riesgos que preocupan al continente. El primero es saber si, con los recortes actuales, los países europeos tendrán suficiente gas en sus depósitos para hacer frente a la temporada de frío. Varios gobiernos ya están haciendo campañas de concienciación en las que piden a la ciudadanía que ahorre energía ahora en verano para tener suficiente gas guardado para otoño e invierno. Dinamarca o Alemania, por ejemplo, aconsejan reducir el tiempo de la ducha o secar la ropa al aire libre y no en las secadoras. El segundo riesgo también se explica en forma de pregunta: ¿qué pasaría si Putin se atreviera a cerrar completamente el grifo del gas? Este escenario es menos probable pero hace falta no descartarlo si se tiene en cuenta la virulencia que caracteriza las relaciones actuales de Moscú y Occidente, que puede ir a más si la guerra en Ucrania se enquista.

Lo resumía muy bien hace unos días Katja Yafimava, investigadora del Instituto de Estudios Energéticos de la Universidad de Oxford: "Europa está en una situación muy precaria: que pueda o no pasar el próximo invierno sin cierres industriales y apagones depende de la continuidad de los flujos de gas desde Rusia". Y esta frase tiene una lectura completamente diferente ahora que hace sólo un año.

Azerbaiyán y Argelia

Pero Europa no solo lanza mensajes de concienciación, también está destinando esfuerzos para diversificar sus proveedores y reducir la dependencia rusa, que cubre el 40% del consumo de gas. El último ejemplo lo protagonizó este lunes la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que viajó hasta Azerbaiyán para firmar un memorándum según el cual el país caucásico se compromete a duplicar el suministro de gas a la Unión Europea en los próximos cinco años.

El primer ministro italiano, Mario Draghi, dándole un apretón de manos al primer ministro argelino, Ayman Benabderrahmane.

También el herido primer ministro italiano, Mario Draghi, ha viajado este lunes a Argelia con un propósito similar. En su caso, cerrar un total de 15 acuerdos bilaterales y de cooperación, entre los cuales está un contrato por valor de 4.000 millones de dólares que permitirá al país norteafricano suministrar "grandes cantidades de gas natural" a los italianos este otoño. La buena reputación internacional de Draghi le ha permitido en solo unos meses reemplazar Rusia por Argelia como principal proveedor de gas. El país transalpino importa cerca del 90% del gas que consume y hasta el inicio de la invasión de Ucrania el 38% procedía de tierras rusas.

La empresa de hidrocarburos argelina Sonatrach aumentará sus envíos de gas a Italia a partir de los próximos días con 4.000 millones de metros cúbicos adicionales, que se suman a los cerca de 14.000 millones suministrados desde comienzos de año. Un aumento que representa un 113% de los volúmenes previstos y que el país magrebí espera incrementar hasta los 6.000 millones de metros cúbicos antes del 2023.

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