Starmer se planta por primera vez frente a Trump para defender Groenlandia

El primer ministro británico descarta, por el momento, medidas de represalia diciendo que "una guerra arancelaria no es del interés de nadie"

Keir Starmer, el primer ministro británico, este lunes por la mañana en Downing Street.
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LondresEl apaciguamiento que Downing Street ha seguido hasta ahora con Donald Trump se ha demostrado no sólo un fracaso, sino también una continua humillación. Keir Starmer creía que agasajando al presidente de Estados Unidos, incluso haciendo aparecer el rey Carlos III casi como un siervo para su disfrute podría contener los instintos más autoritarios del republicano. Nada más lejos de la verdad.

Y, sin embargo, pese al "pragmatismo" que según el primer ministro británico preside la política de Londres en su relación con la Casa Blanca, Starmer ha dicho lo suficiente. O casi lo suficiente. Y se ha plantado ante las amenazas de Trump de anexionarse, "a las buenas o malas", Groenlandia. En una comparecencia extraordinaria este lunes, en Downing Street, el jefe de gobierno ha vuelto a insistir en que "hay un principio que no se puede dejar de lado, porque va en el corazón del funcionamiento de una cooperación internacional estable y de confianza: cualquier decisión sobre el estatus futuro de Groenlandia corresponde exclusivamente al pueblo de Groenlandia y al Reino de Dinamarca. Este es un derecho fundamental, y nosotros".

Starmer, como ya ha hecho en las últimas cuarenta y ocho horas, también ha calificado de equivocada la anunciada imposición de aranceles de la Casa Blanca en los siete países –seis de los cuales de la Unión Europea, más el Reino Unido– que se opongan. "Las alianzas [en relación con la OTAN] perduran porque se basan en el respeto y la colaboración, no en la presión. Por eso he dicho que el uso de aranceles contra los aliados es completamente erróneo."

Pero el pragmatismo exhibido por Starmer, en la mejor tradición británica, choca con la voluntad de agente del caos de Donald Trump. Por eso, el lenguaje del premier puede llegar a sonar algo ingenuo cuando ha dicho: "Hablo regularmente con el presidente Trump… y las alianzas maduras no consisten en fingir que no hay diferencias, sino en abordarlas de forma directa, respetuosa y con el objetivo de obtener resultados". Y en cuanto a Groenlandia "la forma correcta de afrontar una cuestión de esta gravedad es mediante un diálogo sereno entre aliados."

Y ofreciendo un campo para la transacción, ha indicado también: "Seamos claros: la seguridad de Groenlandia es importante, y lo será aún más a medida que el cambio climático transforme el Ártico, que se abran rutas marítimas y que se intensifique la competencia estratégica. El Atlántico más sólida." Starmer reconoció que "Estados Unidos será central en este esfuerzo", y ofreció la colaboración del Reino Unido para "contribuir plenamente junto a sus aliados a través de la OTAN".

Prudencia y desescalada

¿La pregunta inmediata es si el lenguaje de la racionalidad y de la mejor tradición diplomática británica servirá a Starmer para templar a Donald Trump? En todo caso, y con la intención de no escalar en la crisis, el premier ha descartado la imposición de tasas como represalia, al menos por el momento. Mostrando una extrema prudencia por no caer en un lenguaje desafiante, ha recordado que "una guerra arancelaria no es en el interés de nadie, y todavía no hemos llegado a esta fase. Mi objetivo es que no lleguemos, y eso es lo que estoy haciendo en estos momentos".

Durante el fin de semana, el primer ministro ha hablado con Trump, con distintos aliados europeos, incluida la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, para intentar encontrar una solución negociada a la crisis actual. El premier, además, ha descartado "optar por el espectáculo [y lanzar] un mensaje airado en las redes sociales o una exhibición grandilocuente que sustituye al trabajo serio". En este sentido, el primer ministro ni siquiera ha comentado la posibilidad de vetar la presencia del rey Carlos III en Washington el próximo verano para los actos del 250 aniversario de la fundación de Estados Unidos, como muchos periodistas le han pedido.

Uno de los eslóganes habituales que pregona Londres es "la especial relación" que une desde la Segunda Guerra Mundial a Estados Unidos y Reino Unido. Pero una relación de dependencia. Starmer se ha referido a ello, también, con palabras que parecían ignorar todas las acciones de la administración Trump para socavar la alianza, además de para destruir la Unión Europea: "Estados Unidos sigue siendo un aliado cercano en defensa, seguridad e inteligencia, así como en capacidad nuclear. Hemos trabajado muy estrechamente con Estados Unidos y nunca debemos perder de vista nuestro interés nacional en esta relación. Debemos recordar en todo momento que es en nuestro interés nacional seguir trabajando con los estadounidenses en materia de defensa, seguridad e inteligencia".

Una dependencia que le ha hecho recordar, como empieza a plantearse en muchas capitales europeas, que es necesaria una autonomía estratégica del continente en materia militar. "He defendido -y no es la primera vez que lo hago hoy- y he hablado con aliados y líderes europeos, la necesidad de que Europa dé un paso adelante y asuma más responsabilidades en su propia defensa y seguridad". Durante muchos años, remachó, "no hemos prestado suficiente atención a lo que las naciones europeas podemos y debemos hacer para nuestra propia defensa, lo que refuerza la importancia que avanzamos en este ámbito".

Nadando y guardando la ropa como de costumbre en la "relación especial" con el amigo americano, la comparecencia de Starmer ha supuesto un nuevo ejercicio de funambulismo, intentando establecer una vía alternativa para mantener un pie a ambos lados; por acercarse a la Unión Europea y por no por romper con Washington. Era lo más esperable, e imaginar palabras como las de Macron –que ha hablado este fin de semana de la posibilidad de utilizar una respuesta bazuca de aranceles– es del todo irreal. Como también lo es lo que ha dicho Starmer en relación con los ya mencionados vínculos con Estados Unidos. Porque "la relación especial" ya no está bajo control ni de Downing Street ni de Whitehall.

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