'Súper Mario' tiene una receta para relanzar la UE
Draghi apuesta por Estados Unidos de Europa ante la tenaza de Trump y Xi
RomaEl ex director del Banco Central Europeo, Mario Draghi, nunca ha tenido pegas al decir las cosas por su nombre. "Con estos, digamos por lo que son, dictadores con los que colaborar, hay que ser sinceros a la hora de expresar la divergencia de puntos de vista, pero cooperar". En aquella ocasión se refería al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, a raíz del protocolo machista al que sometió la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen en una visita oficial. La sinceridad del primer ministro italiano le costó a Roma un incidente diplomático con Ankara, uno de sus principales socios comerciales, aunque la sangre no llegó al río.
Han pasado cinco años de ese episodio y Draghi ya no está al frente del gobierno de Italia ni del BCE, pero visto con la perspectiva que da el tiempo, aquella declaración podría ser de hoy mismo si, en lugar del presidente de Turquía, el destinatario de sus críticas fuera un cierto mandatario de un país occidental.
"Nos enfrentamos a Estados Unidos que, al menos en su posición actual, pone el acento en los costes que ha soportado, ignorando las ventajas que ha obtenido. Impone aranceles en Europa, amenaza nuestros intereses territoriales y deja claro, por primera vez, que considera que la fragmentación política europea beneficia a sus intereses", ha advertido.
En un discurso pronunciado en la Universidad Católica de Lovaina, Draghi hizo un llamamiento a Europa a federalizarse para no acabar aplastado entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el chino, Xi Jinping. "Para convertirse en una potencia, Europa debe pasar de ser una confederación a una federación", espetó sin eufemismos.
Nuevo orden mundial
El exbanquero aseguró que el orden internacional que ha mantenido durante décadas el crecimiento europeo ha terminado, pero que el problema no es el fin de este modelo, el peligro de que emerja un nuevo equilibrio, "la verdadera amenaza es lo que vendrá después", advirtió. "Un mundo con menos reglas y menos intercambios sería doloroso, pero gestionable. El verdadero peligro es un sistema dominado por potencias que utilizan comercio, tecnología y energía como armas geopolíticas, dejando a Europa a merced de decisiones ajenas".
Según Súper Mario, una UE incapaz de defender sus propios intereses económicos y estratégicos no podrá preservar mucho tiempo ni siquiera sus valores fundacionales. "De todos los que ahora han quedado en medio de la tenaza de EEUU y China, sólo los europeos tienen la posibilidad de convertirse en una potencia real", dijo Draghi, antes de plantear un ultimátum que todavía resuena en Bruselas y en las capitales europeas.
"Debemos decidir: ¿queremos seguir siendo un gran mercado único, sujeto a las prioridades de los demás? ¿O queremos tomar las medidas necesarias para convertirnos en una potencia?"
Draghi no tiene dudas. "Allí donde Europa se ha federado –en comercio, competencia, mercado único y política monetaria– se nos respeta como potencia y negociamos como una sola entidad", enfatizó. "Donde no lo hemos hecho –en defensa, política industrial y asuntos exteriores– se nos trata como un conjunto dispar de estados de tamaño medio, que se pueden dividir y tratar en consecuencia".
En una UE cada vez más polarizada entre quienes quieren más Europa y quienes, en nombre de la soberanía, quieren menos, Draghi propone una especie de Estados Unidos de Europa sólo para quienes estén dispuestos a subir al tren. Un federalismo "pragmático", puntualizó. "Debemos dar los pasos que sean posibles actualmente, con los socios interesados, en las áreas donde se pueda avanzar hoy. La puerta sigue abierta a otros, pero no a aquellos que comprometerían el objetivo común".
En Italia, Giorgia Meloni se sitúa en el segundo grupo. La primera ministra comparte con su predecesor la necesidad de una UE independiente en materia de defensa, pero aboga por mantener intacta la soberanía nacional. La dirigente italiana no está sola, todo lo contrario. Viktor Orbán en Hungría, el eslovaco Robert Fico o el checo Andrej Babis también se oponen a una mayor integración europea.
Sólo el presidente francés, Emmanuel Macron –que lanzó indirectamente la candidatura del exdirector del BCE para la Comisión o el Consejo Europeo tras las elecciones del 2024– podría apoyar público al "plan Draghi". El mandatario francés es una de las pocas voces que se ha alzado contra la matonería de Trump defendiendo una Europa más soberana y autónoma. Sin embargo, su autoridad en política exterior contrasta con su debilidad en Francia.
No es la primera vez que Draghi advierte de los riesgos a los que se enfrenta la UE, pero nunca antes su discurso había sonado tan premonitorio. Lo repetirá, probablemente, cuando el próximo 12 de febrero se siente en la mesa de los líderes europeos en la cumbre convocada para intentar implementar al menos algunas de sus recomendaciones sobre competitividad. La cuestión es saber quién entre quienes estarán presentes está dispuesto a seguir la receta de Súper Mario.