RELLEU A LA CASA BLANCA
Internacional 20/01/2021

Otras investiduras que hicieron historia

La toma de posesión de Joe Biden será muy atípica por el covid-19 y también por la gran crispación política que amenaza con violencia, pero en (casi) todo siempre hay precedentes históricos

Sònia Sánchez
4 min

La investidura que acabó en guerra

ABRAHAM LINCOLN, 1861

ABRAHAM LINCOLN, 1861

El blindaje militar y el ambiente crispado que se han apoderado estos días de los Estados Unidos, a medida que se acerca la toma de posesión de Joe Biden, tienen un precedente histórico claro en el que confía no reflejarse mucho. El día de la investidura de Abraham Lincoln como 16º presidente de los EE.UU., la procesión del mandatario hacia el Capitolio tuvo que ser escoltada por un fuerte despliegue militar. Era el 4 de marzo de 1861, cuando las tomas de posesión todavía tardaban más tiempo en hacerse. Desde las elecciones de noviembre de 1860, en las que Lincoln fue elegido, siete estados ya habían declarado la secesión de la Unión y las amenazas de muerte al presidente eran muy reales. Durante días recorrió en tren el camino desde su casa en Springfield (Illinois) hasta Washington con una fuerte escolta y cambiando en el último momento de ruta para esquivar a los enemigos. Biden también quería coger el tren, como ha hecho durante años para ir de su casa en Wilmington hasta Washington, pero no lo ha podido hacer ahora por posibles amenazas de seguridad. Lincoln aprovechó cada parada de su largo trayecto para intentar convencer a la gente de que haría todo lo posible para volver a unir el país. No pudo: solo un mes después estallaba la Guerra Civil.

Una toma de posesión mortal

WILLIAM HENRY HARRISON, 1841

El 9º presidente de los Estados Unidos es todavía hoy el que ha estado en el cargo menos tiempo y también el que ha pronunciado el discurso inaugural más largo. Las dos cosas, precisamente, están estrechamente relacionadas. William Henry Harrison tenía 68 años cuando juró como presidente de los EE.UU. el 4 de marzo de 1841. Entonces fue el presidente más viejo de la historia de ese nuevo país: más de un siglo después, con todo, lo superó Ronald Reagan (que tenía 69 años cuando accedió al cargo) y más tarde Donald Trump (tenía 70). Ahora será Joe Biden quien los superará a todos con 78 años en el momento de la toma de posesión. Ahora bien, después de Harrison todos los presidentes sí que han hecho discursos inaugurales más cortos, quizás porque aprendieron la lección de lo que puede hacer el gélido invierno de Washington. Harrison murió de neumonía solo 32 días después de haber pronunciado su discurso de más de dos horas con temperaturas extremas. Se convirtió también en el primer presidente que moría en el ejercicio del cargo.

John Adams se va de madrugada

THOMAS JEFFERSON, 1801

THOMAS JEFFERSON, 1801

El primer precedente histórico que encontramos de la decisión del presidente Donald Trump de no asistir a la investidura de su sucesor en el cargo es John Adams, que no participó en la toma de posesión de Thomas Jefferson el 4 de marzo de 1801. De hecho, salió de la Casa Blanca a las cuatro de la madrugada. Pero las razones eran muy diferentes a las de Trump. “Se cree que parte del motivo por el cual se fue antes fue porque no quería incitar más animosidad o crear tensión entre los entonces llamados Demócratas Republicanos, que era el partido de Thomas Jefferson, y los Federalistas de Adams”, explica Lara Brown, directora de la Escuela de Posgrado de Gestión Política de la Universidad George Washington, en una rueda de prensa del Foreign Press Center. Brown añade que Adams y Jefferson tenían de hecho “una fuerte amistad” y que, a pesar de que rompieron la relación durante un tiempo, “al final resolvieron las diferencias y se volvieron a entender”.

Una turba invade la Casa Blanca

ANDREW JACKSON, 1829

ANDREW JACKSON, 1829

El hijo de John Adams, John Quincy Adams, que también fue presidente de los EE.UU., rechazó asistir a la toma de posesión de su sucesor, Andrew Jackson, en 1829. En este caso sí fue por resentimiento. Otro precedente para Trump, como el de Andrew Johnson, que en 1869 tampoco fue a la investidura de Ulysses S. Grant. Pero el caso de Trump es bastante único: “En ningún caso nunca hemos tenido un presidente que no haya admitido la derrota electoral o que haya rechazado la validez de las elecciones; todos los presidentes se han ido siempre sabiendo que no habían ganado”, dice Lara Brown. La toma de posesión de Jackson fue la primera que se llevó a cabo en la fachada este del Capitolio, una tradición que se modificó con Ronald Reagan: la trasladó a la fachada oeste para poder meter a más público. Justo después de que Jackson pronunciara el discurso de toma de posesión se dirigió hacia la Casa Blanca, junto con miles de seguidores. La turba, en este caso emocionada por el juramento del presidente, entró en el edificio incluso por las ventanas y generó una aglomeración que causó desperfectos y obligó a evacuar al presidente.

El poder creciente de la presidencia

FRANKLIN ROOSEVELT, 1937

FRANKLIN ROOSEVELT, 1937

La segunda ceremonia inaugural del presidente Franklin Delano Roosevelt, en 1937, fue la primera que se llevó a cabo el 20 de enero en vez del 4 de marzo. El propio Roosevelt había hecho aprobar en 1933 (cuando llegó al poder por primera vez) la vigésima enmienda de la Constitución. “En los Estados Unidos, el Congreso es el artículo 1 de la Constitución y la presidencia el artículo 2. Y esta noción era muy importante porque el Congreso tenía prioridad y era la cara de la democracia norteamericana. Pero a medida que la presidencia se fue haciendo fuerte y la comunicación política mejoró, el presidente se fue convirtiendo en la cara de la democracia norteamericana”, apunta Lara Brown.

Ya en los años 30, en plena Gran Depresión, Roosevelt vio que esperarse cuatro meses para tomar posesión, como se había hecho hasta entonces para dejar trabajar al Congreso primero, no tenía sentido. Después del New Deal y de la Segunda Guerra Mundial, el poder presidencial todavía creció más, aupado también por el poder de la radio y después por el de la televisión (que catapultó a John Fitzerald Kennedy a la presidencia, por ejemplo). Una evolución ascendente que culminó con el uso y abuso de los poderes presidenciales que ha hecho el último inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, a menudo a golpe de tuit.

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