El alto el fuego sobrevive pero tiembla por culpa de Ormuz y Netanyahu
El tráfico marítimo continúa casi paralizado y Washington y Teherán, que se verán las caras el sábado, se envían amenazas
Enviado especial a Dubái (Emiratos Árabes Unidos)La armada del régimen de los aiatolás difundía este jueves un mapa de otra época: en papel, y en blanco y negro. Según la agencia iraniana ISNA, en el documento está la ubicación aproximada de las minas navales que la Guardia Revolucionaria ha instalado en las preciosas aguas del estrecho de Ormuz durante las cinco semanas de guerra. El papel recomienda a los petroleros y otros buques comerciales rutas alternativas para cruzar con seguridad el paso, evitando las bombas.
La alternativa es peor: cualquier barco que cruce Ormuz sin permiso "será destruido",La alternativa es peor: cualquier barco que cruce Ormuz sin permiso "será destruido", avisaban los aiatolás, que se sienten ganadores de la guerra. La amenaza no ha gustado a Washington.
Las cifras son reveladoras. Solo un petrolero y cinco buques de carga a granel han cruzado Ormuz en las últimas 24 horas. Antes del 28 de febrero, la noche que comenzó la guerra, unos 140 barcos cruzaban diariamente por el estrecho, vital para que toda la economía global funcione.
a quien convenció para incendiar Oriente Medio en una reunión en la Casa BlancaEl frágil acuerdo para un alto el fuego sobrevive, pero tiembla. Tiembla mucho. A pesar de que Washington y Teherán parecen que se presentarán el sábado en Islamabad para verse las caras y negociar sobre el futuro de la guerra, este jueves han continuado las amenazas de volver a bombardearse mutuamente.
"Tenemos el dedo en el gatillo", decía en X el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian en referencia al asedio de Tel Aviv contra Beirut y otras localidades libanesas. "El nuevo ataque del régimen sionista al Líbano es una violación flagrante del acuerdo inicial de tregua. Es un signo peligroso de engaño y falta de adhesión a los acuerdos potenciales. La continuación de estas acciones hará que la negociación sea insignificante. Tenemos el dedo en el gatillo. Irán nunca dejará solos a los hermanos y hermanas libaneses", ha asegurado el mandatario.
"Empezaremos una batalla más grande, mejor, y más fuerte que nunca", amenazaba Trump de madrugada. El presidente ha decidido mantener el despliegue de soldados en Oriente Medio hasta que el "verdadero acuerdo" de alto el fuego con Teherán "se cumpla plenamente". Atacará con más virulencia si Teherán no respeta la reapertura de Ormuz. En el mismo mensaje en Truth Social –plataforma oficial de amenazas de guerra–, el republicano añadía un apunte inquietante: las tropas de EE. UU. se encuentran "preparándose y descansando" a la espera de "su próxima conquista". En Cuba y en Groenlandia el apunte se debe leer con cierto vértigo.
El precio del petróleo se volvía a上 aupaba por los temblores de la tregua. Las bolsas también se resentían. Benjamin Netanyahu, interesadísimo en que la guerra siga, insistía en que su ejército continuará atacando Hezbollah "tanto como sea necesario". La tarde del jueves volvía a exigir la evacuación de suburbios de Beirut ante la amenaza de llegada de más bombas.
El primer ministro considera que su cruzada contra los libaneses no forma parte del pacto que negoció con Teherán su amigo Trump, a quien convenció para incendiar Oriente Medio en una reunión en la Casa Blanca, pero un anuncio ha sorprendido al mundo a media tarde. Netanyahu ha asegurado que iniciará conversaciones con el Líbano para conseguir el desarme de Hezbollah, pero también para "establecer relaciones de paz" entre Israel y el Líbano. El papel de los Estados Unidos, que ve cómo el frente de Israel en el Líbano puede hacer saltar por los aires el alto el fuego con Irán, parece que ha sido clave en el anuncio de Netanyahu: según el medio estadounidense Axios, la primera reunión entre el Líbano e Israel será en el departamento de Estado de los Estados Unidos.
Las petromonarquías, atónitas
El otro foco de inestabilidad durante las primeras horas de tregua fueron los ataques de Teherán contra los países del Golfo. A pesar del pacto con Trump, los ayatolás repitieron el miércoles lo que llevan haciendo cada día desde el 28 de febrero: enviar misiles y drones contra las ciudades de la otra banda del mar. El jueves, el panorama cambiaba. Los Emiratos Árabes Unidos, el país más atacado de la región por las bombas iraníes, subrayaba en las redes sociales que, por primera vez en cinco semanas, sus impecables defensas aéreas no habían tenido que activarse para interceptar ningún misil o dron enemigo. Ninguna de las petromonarquías quería esta guerra, y así lo hicieron saber a la Casa Blanca, hasta el último momento.
Pero el desconcierto ante el horizonte que viene no ha desaparecido. Entre los reinos árabes del Pérsico, abundan dos preguntas. La primera: ¿por qué el estrecho no está completamente abierto si era la condición de la tregua? La segunda, más preocupante: ¿el pacto de Trump supone que Irán actuará como si el paso, por donde pasa un 25% del petróleo mundial y un 20% del gas licuado, fuera suyo?
Las petromonarquías temen que ahora Trump solo esté priorizando escaparse de una guerra que nunca ha ido como se había calculado desde Washington. En este escenario, los intereses de los aliados norteamericanos en la región, castigados desde el primer día por Teherán, no parece que hayan entrado en los cálculos del republicano. Un control iraní de Ormuz deja las capitales del Golfo bajo la constante amenaza de perturbaciones y chantaje económico de los ayatolás.
Hay una tercera pregunta que también inquieta a la región y que debería sonarnos a los europeos: ¿Estados Unidos ha dejado de ser un socio fiable? Su seguridad depende, en gran parte, de los amigos de Washington. Trump ha trastocado los códigos de la amistad y de las alianzas tradicionales. Algunos reinos han empezado a buscar alternativas. Oriente Medio, como el mundo, está en remodelación.