Occidente da la espalda a los kurdos después de años de lucha contra el Estado Islámico
La cumbre de Riad constata que Siria pasa a ser el interlocutor directo de Arabia Saudí y Estados Unidos en el terreno
BeirutLa cumbre de la coalición internacional contra el Estado Islámico, celebrada esta semana en Riad, ha dejado señales claras de un cambio político. Siria vuelve a la mesa internacional, con el apoyo explícito de Arabia Saudita y Estados Unidos. Tras años de aislamiento, Damasco sin Al Asad (el rais sirio derribado hace un año que había tolerado el crecimiento del Estado Islámico en las zonas controladas por rebeldes y kurdos) pasa a ser interlocutor directo en la lucha contra el Estado Islámico. Y en ese movimiento, los kurdos, que hasta ahora han sido socios centrales de la estrategia occidental sobre el terreno, quedan relegados a un segundo plano.
El encuentro, copresidido por el reino saudí y EEUU, ha reunido a representantes de los más de 80 países miembros de la coalición. La presencia siria ha sido simbólica: es un reconocimiento como parte activa del nuevo esquema de coordinación.
Con la presencia de Tom Barrack, enviado especial estadounidense, la reunión concluyó que el nuevo plan pasa por las instituciones estatales sirias. Washington y Riad consideran que, después de más de una década de guerra y sanciones, cualquier estrategia duradera contra el Estado Islámico requiere trabajar con Damasco. En la cumbre, el discurso estadounidense se centró en la necesidad de normalizar los canales operativos con el gobierno sirio para evitar vacíos de seguridad. Barrack defendió que la actual fase exige reforzar la cooperación estatal y regional en lugar de depender exclusivamente de actores armados locales; en otras palabras, Washington está ajustando sus prioridades.
Este ajuste afecta directamente a las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), dominadas por los kurdos y que durante años han sido el principal aliado de la coalición en el noreste del país. Las SDF han liderado la ofensiva contra el califato territorial del Estado Islámico y han pagado un alto coste humano. Han controlado prisiones con miles de combatientes yihadistas y han administrado campos como Al Hol, donde hay decenas de miles de familiares de miembros del grupo. Su papel ha sido decisivo.
Más protagonismo para Damasco y menos para los kurdos
Sin embargo, hoy el contexto es diferente. Después de perder el control efectivo de amplias zonas del noreste y avanzar en un proceso de reintegración bajo estructuras estatales sirias, su margen político se ha reducido. La cumbre de Riad consolida esta tendencia. El protagonismo ocurre en Damasco. Las SDF ya no son presentadas como socio estratégico indispensable, sino como un actor llamado a integrarse en un marco estatal más amplio.
Arabia Saudí ya había dado señales de acercamiento a Damasco, y la cumbre lo confirma. Riad apuesta por coordinarse con Siria en materia de seguridad y combatir al Estado Islámico, mientras que la normalización política queda en segundo plano. En los últimos años, Arabia Saudí ha intentado reducir frentes abiertos y mantener la estabilidad en la región. Sumar Siria en la coalición anti Estado Islámico es un paso en esa dirección, sin que ello implique todavía un reconocimiento político completo del nuevo gobierno de Ahmad Sharaa, antiguo guerrillero islamista elevado a presidente.
Para Estados Unidos, el cálculo es más complejo. La administración actual mantiene presencia militar limitada en Siria, pero busca reducir exposición directa. Transferir responsabilidades al estado sirio ya actores regionales permite contener el riesgo de resurgimiento del Estado Islámico sin ampliar el compromiso estadounidense. Al mismo tiempo, Washington intenta evitar que el vacío lo capitalicen exclusivamente Rusia o Irán.
¿Integrarse al estado sirio?
El comunicado final de la cumbre subrayó la urgencia de impedir cualquier reactivación del grupo yihadista, reforzar la seguridad en los centros de detención y acelerar la repatriación de extranjeros vinculados al Estado Islámico. Más allá del lenguaje técnico, el mensaje está claro. Aunque el grupo ya no controla territorio, conserva células activas y capacidad de reorganización en zonas rurales y desérticas entre Siria e Irak.
La incógnita es si el nuevo esquema funcionará. El estado sirio recupera legitimidad internacional en materia de seguridad, pero el país sigue fragmentado económica y socialmente. La reintegración de estructuras locales, incluidas las kurdas, no está exenta de tensiones. Y la confianza entre Damasco y sus antiguos adversarios es limitada.
En el noreste, en cambio, se percibe con sentimientos opuestos. Parte de los dirigentes kurdos asumen que la etapa de autonomía amplia ha terminado y que la supervivencia política pasa por negociar espacios dentro del estado sirio. Otros ven en el giro internacional una señal de abandono después de años de alianza militar con Occidente.
La cumbre de Riad no resuelve todas las tensiones, pero marca un cambio claro en la estrategia regional. Siria deja de estar al margen y se sitúa en el centro de la coordinación contra el Estado Islámico, los kurdos pierden protagonismo, Arabia Saudí refuerza su papel como mediador y Estados Unidos reduce su intervención directa.