Covid-19

La pandemia rompe el tabú sobre las patentes farmacéuticas

Los expertos avisan que además de la fórmula se tiene que transferir el sistema de fabricación y garantizar la calidad y todo el suministro de los materiales

Barcelona¿Hay que liberar las patentes de las vacunas contra el covid-19? Hace meses que India y Suráfrica lo reclaman, con el apoyo de un centenar de países del sur. Como pasó hace años con los antirretrovirales para combatir el sida, aseguran que solo así podrán inmunizar a sus poblaciones. Hasta ahora se habían encontrado con la oposición frontal del club de los ricos, que representaban los intereses de sus poderosas industrias farmacéuticas. Pero la ecuación ha cambiado esta semana con el giro del presidente norteamericano, Joe Biden, presionado por la dramática situación de India y América Latina, cuando en los Estados Unidos –que hasta ahora se ha negado a exportar las vacunas que tienen almacenadas– ya se han administrado 252 millones de dosis. Pero las grandes farmacéuticas han salido a defender su monopolio a toda costa. La decisión final se tiene que tomar el próximo mes en una reunión de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

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¿Cómo funciona el sistema de patentes?

Como pasa con los otros inventos, cuando un laboratorio desarrolla un nuevo medicamento, puede obtener la exclusividad de la patente durante 20 años y la protección de los datos de cómo se fabrica el medicamento y sus características de eficacia y seguridad durante 10 años. Pasado este periodo, otros laboratorios lo pueden fabricar y comercializar como medicamento genérico, lo que hace bajar los precios. Si se aplicara la suspensión temporal de las patentes a las vacunas y otros tratamientos y materiales para el covid-19, como piden India y Suráfrica, los estados podrían autorizar licencias a sus laboratorios sin que los propietarios de las patentes pudieran hacer nada. “Esto supondría crear un marco legal internacional para compartir el conocimiento: las farmacéuticas que ostentan las patentes tendrían que compartir por ley las fórmulas de las vacunas, hacerlas públicas y hacer la transferencia tecnológica”, explica al ARA Raquel González, de Médicos Sin Fronteras. “Esto no puede estar solo en manos de unas cuántas compañías si se quiere aprovechar la capacidad de producción mundial”.

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¿Qué tendrían que compartir los laboratorios?

Margarita Arboix, catedrática de farmacología de la UAB y exmiembro del comité de expertos de la Agencia Europea de Medicamentos (EME), advierte: “La patente no es el único problema, porque si solo se libera la fórmula pero no se explica todo el sistema de fabricación, los laboratorios necesitarán meses para poder llegar a producir vacunas y ahora mismo no tenemos tiempo. Lo que hace falta es que liberen todos los expedientes de las vacunas, por razones sociales y de salud pública”.

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¿Podríamos aumentar la producción de vacunas?

Las farmacéuticas aseguran que levantar las patentes no es la solución. La patronal española Farmaindustria advertía jueves en un comunicado que “el proceso de fabricación de vacunas es muy complejo y requiere unos conocimientos específicos, una tecnología puntera, unas instalaciones adecuadas, unos equipos humanos preparados y una experiencia que actualmente solo está al alcance de unas cuántas compañías en todo el mundo”. Las empresas que ostentan las patentes están llegando a acuerdos de colaboración entre compañías a través de los que la empresa que tiene la patente pacta con una tercera cederle la tecnología, normalmente a cambio de un porcentaje de los beneficios que obtendrá.

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Sin embargo, muchos aseguran que con esto no basta. “Disponemos de todos los reactores y herramientas de purificación necesarios para la producción de vacunas de ARN. Si tuviéramos el antígeno, la producción podría empezar inmediatamente”, apuntaba hace unos días Abdul Muktadir, presidente de la bengalina Incepta Pharmaceuticals, en una entrevista a Health Policy Watch. En Canadá John Fulton, portavoz de Biolyse Pharma, que fabrica tratamientos contra el cáncer, se ha puesto a disposición para producir 20 millones de dosis anuales de la vacuna de Janssen.

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Otro problema es el de la materia prima, teniendo en cuenta que las vacunas contienen decenas de componentes. El director de Moderna, Stéphane Bancel, argumentaba hace unos días en una mesa redonda organizada por la federación internacional de fabricantes farmacéuticos: “Estamos en tensión para abastecernos, si hay más actores que demandan materia prima esto no mejorará la situación”.

¿El negocio de los laboratorios o la innovación peligran?

En el primer trimestre de 2021 la vacuna ha supuesto unos ingresos de 2.900 millones de dólares para Pfizer (lo mismo para su socio alemán BioNTech), mientras que la compañía, que ya ha vendido más de 430 millones de dosis en el mundo, continúa firmando contratos millonarios. “Las vacunas las estamos pagando dos veces: se pusieron miles de millones de dinero público para desarrollarlas y los gobiernos tienen que pagar ahora a unos laboratorios en virtud de una patente para que recuperen una inversión que ellos no han hecho”, explica Germán Velázquez, ex director del programa de medicamentos de la Organización Mundial de la Salud .

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El debate sobre la liberación de las patentes
  • Argumentos a favor -Crecería la producción mundial de vacunas -Los países del sur se podrían inmunizar antes -Se reduciría el riesgo de mutaciones del virus resistentes a las vacunas -Se recuperaría la inversión pública -Los mecanismos voluntarios no han funcionado
  • Argumentos en contra-El proceso de fabricación es muy complejo -Sería más difícil conseguir la materia prima -No se podría controlar la calidad -No habría incentivos a la innovación -Son preferibles los mecanismos voluntarios