Internacional 02/01/2021

La patente, una barrera para vacunar al mundo de covid -19

La Organización Mundial del Comercio debate la propuesta de suspensión de la India y Sudáfrica

Cristina Mas
5 min
Mapamundi del acceso a las vacunas en el mundo

Barcelona“¿Se puede patentar el sol?” Esto es lo que respondió en una entrevista el virólogo neoyorquino Jonas Salk, considerado el padre de la vacuna de la poliomielitis, cuando le preguntaron por qué no había querido patentarla. Ahora la humanidad está a punto de erradicar esta enfermedad, como ya lo hizo con la viruela y la peste vacuna. Sin embargo, Salk no se enriqueció, porque puso por delante la salud como un bien público. Setenta años más tarde, no es este el criterio que prevalece con los remedios para el covid-19. Hace unas semanas lo advertía el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus: “Disponer de vacunas seguras y eficaces contra un virus que hace solo un año era totalmente desconocido es un hito científico excepcional. Pero todavía lo sería más asegurar que todos los países disfrutan por igual de los beneficios de la ciencia”.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) se reunirá este mes para volver a discutir la propuesta de Sudáfrica e la India para suspender temporalmente las patentes, disposiciones de propiedad intelectual y monopolio de las vacunas y los tratamientos, tests y tecnología relacionados con el covid-19 mientras dure la pandemia. Desde el inicio de las discusiones, el octubre pasado, 100 países han apoyado la propuesta, que topa con la oposición frontal de los más ricos: los Estados Unidos, la Unión Europea, Suiza, Noruega, el Reino Unido, Japón o Australia. España también está defendiendo que se mantengan las patentes.

Doble discurso

Y es que los países ricos están protagonizando un doble discurso: mientras que dirigentes como la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von de Leyen; la cancillera alemana, Angela Merkel; el presidente francés, Emmanuel Macron, o el español, Pedro Sánchez, hacen discursos proclamando que las vacunas contra el covid tienen que ser un bien público de acceso universal, sus gobiernos se han lanzado a una carrera sin precedentes para comprar la producción existente y futura de todas las vacunas que se están desarrollando. Europa ha comprado dosis para inmunizar a 800 millones de personas, cuando su población es de 450 millones. Canadá se ha garantizado vacunas para seis veces el número total de su población.

El resultado, según un estudio publicado hace dos semanas en el British Medical Journal, es que los países ricos se han quedado con más de la mitad de las dosis que se han fabricado o se fabricarán en 2021, cuando solo tienen el 14% de la población del planeta. Esto hace saltar por los aires el mecanismo Covax, que tenía que garantizar que todos los países del mundo tuvieran este año vacunas al menos para el 20% de la población, lo que permitiría cubrir los grupos que todo el mundo está de acuerdo que tienen que ser prioritarios: el personal sanitario y las personas que por su edad o porque sufren otras enfermedades son más vulnerables al virus. “Científicamente está demostrado que la vacunación tendrá más impacto si vacunamos a todos los países a la vez, empezando por los grupos prioritarios, que no si intentamos hacer burbujas de países inmunes”, explica Miriam Alía, experta en vacunas de Médicos Sin Fronteras. “Los mismos países que acaparan la producción de vacunas son los que bloquean la iniciativa para anular las patentes, que permitiría fabricar la vacuna a precios asequibles para todos los países y no depender de la caridad de los otros”.

Hay precedentes, como la victoria legal en 2001 del gobierno de Nelson Mandela contra las farmacéuticas para poder universalizar los antirretrovirales para el VIH en plena epidemia del sida en Sudáfrica. “No estamos pidiendo un golpe de estado al capitalismo, sino que se apliquen las leyes que prevén que en situaciones excepcionales se permita a todo el mundo que pueda fabricar las vacunas para cubrir a toda la población mundial lo antes posible”, añade Alía.

Falta de transparencia

Desde Médicos del Mundo, Ave Mari Aburto recuerda que ha habido una gran inversión pública y filantrópica en el desarrollo de las vacunas y que en cambio las farmacéuticas “no están sujetas a mecanismos de control y transparencia para saber cuánto ha costado la investigación y la producción de las vacunas y así poder fijar unos precios razonables”. Los acuerdos de las farmacéuticas con los países también son secretos. Según la mesa de precios que filtró la política belga Eva de Bleeker –en un tuit que borró treinta minutos después de publicarlo–, la Comisión Europea ha pactado pagar 14,68 euros por cada dosis de la vacuna de Moderna y 1,78 euros en el caso de la de Oxford/AstraZeneca.

Tuit d'una ministra belga revelant els preus de les vacunes que ha negociat la Comissió Europea.

Rafael Bengoa, ex directivo de la OMS, también alerta que “decir que darás las vacunas que sobren después de vacunar a tu población suena bien, pero no es tan humanitario y responde al final a una lógica de seguridad, porque el norte necesita que el sur también recupere la normalidad despacio”. Y añade que también hay que asegurar que el sur adquiera la capacitación y no solo las vacunas para evitar que dependa del norte cada vez que hay un problema sanitario”. Bengoa asume que el año que viene solo tendrán inmunidad de grupo los europeos y los norteamericanos y que “en 2021 África explotará epidemológicamente”, por lo cual se muestra partidario de vacunar en función de la evolución mundial de la pandemia y asegurar que la OMS se dote de un mecanismo de vigilancia epidemiológica.

Y quedan todavía las consideraciones éticas. Para Begoña Roman, catedrática de bioética de la UB, estamos jugando con una doble moral: “Aquí hablamos de los más vulnerables y por eso priorizamos a la gente mayor, pero cuando hablamos a escala global cambiamos. Se tiene que cambiar el sistema de patentes, que aplica a fármacos una ley que proviene del mundo de la industria, y no es lo mismo una cremallera que una vacuna. Habrá que gestionar incoherencias. Los estados y Europa serán parciales a favor de los suyos, pero tenemos que valorar qué nivel de parcialidad se puede asumir. Hacen falta instituciones internacionales por encima de los estados, y esto pasa tanto con la salud como con los problemas ambientales. Es impresentable decir en el siglo XXI que si eres senegalés y no europeo, mala suerte”.

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