Los 11 del Raval: están las pruebas, pero faltan porqués

Un instante de 'Los 11 del Raval'.
Periodista y crítica de televisión
2 min

Los 11 del Raval, que TV3 estrenó el martes en Nits sense ficció, despertaba muchas expectativas. Una investigación bien definida y ambiciosa sobre la desarticulación, en el año 2008, de una célula yihadista que pretendía atentar en el metro de Barcelona. El documental profundiza en el papel de un confidente, conocido como F1, que se convirtió en testigo protegido. Lo podéis recuperar en la plataforma 3Cat, en formato serie de cuatro capítulos. Engancharlos para emitirlos como un solo documental, sin embargo, tuvo consecuencias en la eficacia del relato, con reiteraciones y arcos narrativos dilatados.A pesar de todo, el trabajo periodístico es muy interesante. Demuestra las irregularidades tanto en la investigación como en el juicio, tiene acceso a fuentes primarias muy relevantes, reconoce la tarea de los dos periodistas que identifican al testigo protegido, y construye una mirada propia sobre los hechos y el desenlace vital de los detenidos. Formalmente, el grafismo de los nombres y los cargos acaba empalagando en exceso: la preponderancia visual de los rótulos acaba molestando por simple repetición. No obstante, la estructura y la ordenación de los hechos es impecable y permite entender muy bien las dinámicas e irregularidades de un juicio complejo, sobre todo gracias a la capacidad explicativa del abogado de la defensa Benet Salellas.El documental tiene un aspecto muy sutil, pero relevante: la edición observa con especial atención la gesticulación y las microexpresiones de los protagonistas, especialmente cuando sus intervenciones ponen de manifiesto los aspectos más dudosos del caso. Por ejemplo, cuando Javier Gómez Bermúdez, entonces presidente de la sala penal de la Audiencia Nacional, ha de reconocer algunas negligencias en el proceso, la cámara se fija en su silencio posterior y la incomodidad se hace visible en su rostro. También la actitud del abogado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, José María Fuster-Fabra, encendiendo el puro y exhibiéndose ante la cámara. Son detalles que comunican más allá de los hechos.El aspecto más frágil del documental es el de un exceso de ambigüedad a la hora de dar respuestas concretas. Ya se hace evidente al principio, cuando el entonces director del CNI, Alberto Saiz, explica que en los atentados del 11-M “la información del CNI sí llegaba a la policía, pero la policía no actuaba, por las razones que fuesen”. Quizás habría sido interesante aclararlas. También cuando uno de los periodistas expertos en el caso deja en suspenso las razones de la conducta del testigo protegido: “Puedes trazar una hipótesis de por qué hizo lo que hizo”, sin ser más explícito. El documental se queda corto a la hora de definir con claridad los porqués: por qué Asim Iqbal, F1, actúa como actúa. Pero también por qué Gómez Bermúdez tolera una investigación y un juicio con tantas irregularidades. Más allá de dar a entender un abuso en la lucha preventiva contra el terrorismo, faltan motivos. Tienes la sensación de que en las respuestas encontraríamos argumentos que tienen que ver con puntos oscuros políticos y judiciales que aún están vigentes.

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