Ahora que, lamentablemente, los incendios vuelven a ocupar buena parte de los informativos y el debate sobre la gestión de los bosques y las tareas de prevención se recupera es oportuno recomendar una serie documental de Arte France que emite el Canal 33 los lunes por la noche. También la encontraréis en la plataforma 3Cat (no muy bien etiquetada). Se titula L’arbre qui cache la forêt y se ha traducido al catalán como El árbol que esconde el bosque. En francés juega con la expresión equivalente a la nuestra de “los árboles que no dejan ver el bosque”.La serie parte de un planteamiento muy atractivo, que afecta más a la manera de narrar que al contenido global. Cada capítulo tiene como punto de partida un árbol histórico y emblemático de un territorio: el abedul del Gran Norte, la tuya del Gran Bosque Húmedo de los Osos, el eucalipto gigante de Australia, el baobab de Madagascar, el roble europeo o la ceiba del Amazonas. El árbol es la excusa para explicar todo el ecosistema forestal que se articula alrededor de aquel ejemplar majestuoso y centenario que se ha escogido como protagonista. Como ocurre a menudo en este tipo de producciones, es una ventana relajante y privilegiada para observar el mundo. Con la tuya gigante viajamos hasta la costa oeste de Canadá, a una superficie boscosa de sesenta y cuatro mil kilómetros cuadrados. Con el abedul, descubrimos la superficie de más de mil millones de hectáreas de bosque boreal que ocupa el extremo norte del planeta.El árbol que esconde el bosque es fascinante. Pasa de hacernos observar los detalles más minúsculos, poniendo el objetivo sobre las esporas más imperceptibles o los insectos que habitan en el tronco, al contraste del plano general, mostrando el tapiz que dibujan las copas de los árboles o el papel del río lleno de salmones a la hora de nutrir la vegetación. El trabajo de realización y fotografía es tan cuidadoso (y quizás un poco demasiado retocado de color) que la imagen acaba pareciendo una de aquellas postales de ahorro de pantalla que ofrecen los ordenadores por defecto y que parecen casi mágicas de tan espectaculares. Localizaciones que, por la vegetación imponente y la soledad del lugar, tienen también algo de sublime, de misterio oculto. El doblaje al catalán es de una gran riqueza lingüística y aporta a la locución un tono un poco afectado para forzar la poética. Te acostumbras fácilmente a pesar de que la intensidad narrativa sea un pelín exagerada. Al relato se añade el testimonio de expertos en aquel rincón del mundo: biólogos, ecólogos, activistas, escultores, micólogos y especialistas en las disciplinas más inauditas que pueda plantear aquel paisaje. De cualquier detalle casi invisible al ojo humano crece todo un pozo de conocimiento. Es apasionante descubrir la influencia que tienen las huellas de millones de renos en la forma de un bosque y el impacto que tienen en la captación de carbono. La serie trasciende los árboles en concreto y los bosques que retrata para recordarnos la complejidad e importancia de estos ecosistemas. Ver estos documentales te hace entender el alcance trágico de los incendios y la poca importancia que damos a los bosques.