Carles Tamayo, en 'Se nos ha ido de las manos'.
Act. hace 25 min
Periodista y crítica de televisión
2 min

Cada semana recibimos alguna llamada de un número desconocido con ofertas para cambiar de compañía eléctrica u obtener mejoras en empresas de telefonía. Los expertos en tecnología nos han advertido múltiples veces con aquel mantra que dice que si un servicio es gratuito es que el producto somos nosotros, y, aun así, no les hacemos caso. Cada día clicamos varias veces la opción de aceptar cuando entramos en alguna web o nos descargamos una aplicación para el móvil sin saber qué implican las cookies. Tampoco nos tomamos la molestia de leer las larguísimas condiciones que firmamos cada vez que consentimos el uso de estos datos. Hemos normalizado que nos pidan que rellenemos formularios para hacernos clientes de tiendas y supermercados a cambio de descuentos. Somos conscientes de que todo ello tiene que ver con el uso de nuestros datos personales, pero lo hemos asumido con docilidad como una inercia inevitable. A partir de ahora, pero, ya no hay excusa para decir que no entendéis este mundo tan oscuro que vive de devorar nuestros datos personales. El reportero Carles Tamayo, autor de la magnífica serie documental Cómo cazar un monstruo, donde perseguía al pederasta Lluís Gros, ahora nos explica qué tipo de empresas obtienen nuestros datos, cuánto valen y qué hacen con ellos. Ahora podemos saber a dónde va a parar nuestra vida, que creemos privada, y qué estamos aceptando.Lo hace en un nuevo episodio de Se nos ha ido de las manos, su programa en La 1. Tamayo vuelve a hacer una genialidad periodística. En el capítulo El activo eres tú, el reporter colapsa Arenys de Mar para evidenciar cómo las personas somos capaces de vendernos el alma al diablo a cambio de cuatro duros. La secuencia de la gasolinera es potentísima y muy sintomática: pone en imágenes lo que hacemos cada día a través de estrategias mucho más sutiles.El reportaje tiene la capacidad de explicar con claridad unas dinámicas de negocio muy complejas y oscuras. Lo hace con la virtud de no mentir ni trabajar con cámara oculta. Demuestra generosidad profesional dando protagonismo a todo su equipo a lo largo del proceso de trabajo. Utiliza métodos de investigación que exigen creatividad y complejidad organizativa. Y, para acabarlo de rematar, todo ello está envuelto con una pátina de sentido del humor muy bien dosificado. Tamayo no lo hace para reírse de la gente sino porque tiene una manera de mirar el mundo, con una cierta distancia, que provoca perplejidad cómica. Es aquella risa para no llorar ante las miserias del sistema.El reportero, siempre asesorado por un abogado y especialistas en la materia que investiga, ha creado una empresa que funciona como un comodín en función de las prioridades periodísticas. A través del poco inocente Voltor & Voltor, participa en las dinámicas del mercado para entender cómo funciona y cómo se aprovecha de las personas. Los resultados son demoledores. Ya lo demostró con el primer capítulo sobre el mundo inmobiliario y ahora con los data brokers. Con la vieja estrategia del follow the money, Tamayo hace mucho más que una crítica al sistema. El reportero aún nos dice más cosas sobre la condición humana.

stats