Cómo configurar X para aprovechar las últimas mejoras (sin ser devorado por el caos)
La red social de Elon Musk continúa mejorando sus funciones, como la traducción automática con IA, y muchos de los que se fueron haciendo aspavientos no han recuperado la audiencia que tenían
BarcelonaContra todo pronóstico, resulta que X sigue funcionando. El volumen de información relevante que contiene es enorme, si sabes encontrarla entre el ruido. Y no solo funciona: también mejora. La novedad más reciente es la traducción automática de todos los tuits de la cronología, ejecutada por Grok, la inteligencia artificial (IA) propia de la plataforma. Este nuevo sistema sustituye al anterior, que se limitaba a ofrecer un enlace para traducir individualmente cada tuit. Ahora la traducción es inmediata, integrada y omnipresente. La activación, sin embargo, ha sido bastante torpe: sin previo aviso, de repente los tuits de medio mundo aparecieron en un idioma distinto del que sus autores habían utilizado para escribirlos. El desconcierto inicial es comprensible, pero ya estamos acostumbrados: en X primero viene el caos, después llega la solución.
La solución, en este caso, es sencilla. En la configuración del perfil de usuario, hay que marcar todos los idiomas que uno entiende —para evitar que se traduzcan— y confirmar la propia lengua. A partir de aquel momento, los tuits ajenos originalmente escritos en otros idiomas te aparecen directamente en castellano. Desde que lo configuré, he podido empezar a seguir directamente a usuarios de mi interés que tuitean en chino, coreano, japonés o hindi, y que hasta ahora solo leía cuando alguien otro de mis seguidos los comentaba. Ahora no hay intermediarios, porque el acceso es directo. Y el castellano, por primera vez, actúa de lengua franca con el mundo entero.
Más allá de demostrar el potencial práctico de la IA aplicada a la comunicación cotidiana, la traducción automática es un buen ejemplo de la flexibilidad de X. La plataforma es, como el mundo real, un lugar lleno de indeseables, de indocumentados y de gente malintencionada. Pero también dispone de numerosas herramientas para evitarlos, y aquí radica la diferencia entre una experiencia nefasta y una de útil. Como he explicado en otras ocasiones la experiencia de uso de X se puede pacificar con una configuración adecuada. Además de ser selectivos con quién empezamos a seguir e implacables dejando de hacerlo cuando ya no nos interesa, el paso más importante es esquivar el algoritmo manipulador que decide qué tuits nos aparecen en la cronología: eligiendo la opción Seguidos(y no la de Para ti) veremos solo aquello que publican los usuarios que hemos decidido seguir. Esta pestaña incluye ahora un submenú para escoger si se prefiere ver primero los tuits más populares o bien los más recientes respetando el tradicional orden cronológico inverso.
A partir de aquí, se pueden activar otras restricciones generales: impedir que nos etiqueten en tuits ajenos; silenciar usuarios, palabras o etiquetas; elegir quién puede enviarnos mensajes directos —lo que ahora X llama chats—; y reducir las distracciones silenciando la mayoría de los avisos de interpelación. En Configuración > Notificaciones > Filtros > Notificaciones silenciadas, yo las tengo desactivadas todas menos las de los usuarios que ya sigo. No quiero que X me avise de nada que me dice alguien que ni siquiera ha tenido el detalle de seguirme. Una asimetría que me parece razonable, y que recomiendo a todo el mundo que se queja de recibir insultos de desconocidos. La mayoría de los problemas de X no los causa X: los causan las decisiones de configuración que hemos tomado —o hemos dejado de tomar— nosotros mismos.
Además de estas restricciones generales, X permite aplicar otras en cada tuit que publiquemos. En el menú contextual —los tres puntos de arriba a la derecha, junto al icono de Grok— está la opción Cambia qui puede responder. Yo suelo elegir Cuentas que sigues; en la aplicación móvil para Android, activando la protección contra el rastreo de aplicaciones que incluye En materia de calidad del contenido, X ha anunciado esta misma semana que desincentivará la creación de basura y contenido clickbait. El jefe de producto de X, Nikita Bier, ha explicado que a todos los perfiles agregadores se les ha reducido la remuneración un 60% este mes, y está previsto recortarles otro 20% el mes que viene. Además, los usuarios que abusen del recurso de calificar cada tuit como noticia de última hora, encabezados con el «BREAKING» de rigor, recibirán una penalización permanente. La plataforma se reserva el derecho de no pagar por la manipulación de sus usuarios, aunque no restringirá el alcance ni la visibilidad de los perfiles penalizados.
A decir verdad, X, al igual que Twitter en su momento, tiene sus limitaciones. Es un mal lugar para dialogar: cuesta seguir las conversaciones, y poca gente tiene la disciplina de repasar los tuits anteriores para saber si algo ya se ha dicho. Y no soporto la moda de trocear textos largos en forma de hilera de tuits, cuando sería infinitamente más lógico pagar la cuota de usuario Premium para escribir sin limitaciones de espacio, o bien publicar el texto completo en un blog y enlazarlo desde un solo tuit. Los usuarios se adaptan a los hábitos de las plataformas, pero debería ser al revés.
Pese a todo, si eliges bien a quién sigues, X sigue siendo mucho más funcional que cualquier otra red social. No me hablen de Instagram, donde ni siquiera puedes incluir enlaces en las publicaciones, ni de LinkedIn, donde la cultura de adulación corporativa ahoga cualquier intento de pensamiento crítico. Ninguna de las dos, por cierto, tiene el catalán entre sus idiomas de interfaz. En cambio, X respeta la diversidad lingüística y ofrece las herramientas para personalizar la experiencia a nuestro gusto.
Incluso podéis esquivar los tuits publicitarios. En la versión web de X, accediendo a ella con un navegador blindado como Brave; en la aplicación móvil para Android, activando la protección contra el rastreo de aplicaciones que incluye el navegador DuckDuckGo).
La lástima es la cantidad de usuarios, empresas e instituciones que se marcharon de X con gran gesticulación en el momento de la toma de control por parte de Elon Musk. Lo hicieron anunciándolo a los cuatro vientos, y convirtieron su salida en un acto político y moral. Cada uno es libre de hacer lo que quiera con sus herramientas digitales, naturalmente. Pero en la práctica, la mayoría de los huidos no han recuperado en las plataformas alternativas, como Bluesky, Mastodon o Threads, la audiencia que tenían en X. Y los que nos hemos quedado tampoco los echamos de menos demasiado, porque su lugar lo ha ocupado alguien otro. Las redes sociales, como otros ecosistemas, llenan deprisa los huecos que dejan quienes se marchan.