La guerra híbrida también es freírnos a titulares alarmistas
La Rusia de Putin ha hecho suficientes méritos para merecer su desprestigio internacional, pero a menudo detecto que la necesidad de hacer frente a su autócrata presidencial hace que se rebaje la exigencia periodística a la hora de perfilar el país. Por ejemplo, me pareció un error que la UE censurara Rusia Today. No porque considere que es una fuente mínimamente fiable de noticias, sino porque hay medios que intoxican igualmente a otros países democráticamente más saneados, o no, y nadie se plantearía vetarlos. La celeridad con la que se expulsó de Eurovisión o de las competiciones deportivas, comparada con Israel, es otro ejemplo de ese desigual trato.
Pensaba en ello mientras leía el titular de portada de este domingo en El País: "Rusia busca desestabilizar a Europa con su «guerra híbrida»". No tengo ninguna duda de que es verdad, porque Putin es un estratega que tiene el mostrador internacional en la cabeza y le encanta mover alfiles a tres jugadas vista. Pero, al mismo tiempo, detecto un permanente goteo de estas piezas que, invariablemente, tienen como fuente algún informe de la OTAN o de la UE y que hablan más de amenazas etéreas que de concreciones. Y me planteo si el objetivo de Putin no es provocar estas desestabilizaciones: al final, el gran apagón no era ningún boicot, sino que lo hicimos nosotros solitos, o los de siempre. Más bien parece que busca instalar un clima de miedo permanente, que ya le favorece porque lo afianza como líder mundial. Y también les va bien a la UE, oa la OTAN, porque lubrica la consigna actual de multiplicar el gasto militar. Un clamor, por cierto, que ha pasado a tercer plan ahora que Netanyahu ha desplazado a Putin, aunque sea momentáneamente, como enemigo público número uno en la película global de la actualidad informativa. Ve que estos dos hechos no tengan relación.