Crítica de ópera

Gran noche wagneriana en el Liceu con Lise Davidsen

La soprano noruega deslumbra debutando el papel de Isolda en una nueva producción liceísta marcadamente femenina

La soprano noruega Lise Davidsen en el primer acto de la ópera 'Tristan und Isolde' en el Gran Teatre del Liceu.
13/01/2026
4 min
  • Libreto de Richard Wagner basado en 'Tristan and Iseult', de Gottfried von Strassburg.
  • Dirección de escena: Bárbara Lluch. Escenografía y luz: Urs Schönebaum. Vestuario: Clara Peluffo.
  • Dirección musical: Susanna Mälkki.
  • Con Lide Davidsen, Clay Hilley, Brindley Sherratt, Ekaterina Gubanova, Tomás Konieczny, Roger Padullés, Albert Casals, Milan Perišic y la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro del Liceo.

Gran Teatro del Liceo, Barcelona, ​​12 de enero de 2026. 23.05 h. Lise Davidsen aborda los primeros compases de Mild und leise, el Liebestod con la que Wagner cierra la ópera Tristan und Isolde. Es el broche de oro de una noche musicalmente histórica en el teatro de la Rambla: la del nacimiento de una nueva Isolda, después de la generación de Flagstad, Nilsson, Behrens o Meier. El trono de soprano wagneriana lo ocupa ahora y sin lugar a dudas una joven noruega (38 años), que vuelve a subir por primera vez a un escenario tras parir gemelos. Un honor y un privilegio que haya escogido nuestro teatro para esa reaparición y para el debut de un papel que próximamente cantará en el Metropolitan. La expectación era obvia, con una banda extraordinaria de periodistas y críticos musicales de todas partes presentes en el Liceu. Y Davidsen no sólo no decepcionó, sino que lo dio todo: la suya es una Isolda expresiva, implicada, musicalmente perfecta, técnicamente inmaculada y además de voz redonda, compacta y bellísima. Frases como Der Mutter Rat gemahnt mi recht en el primer acto o lo hace sostenido en pianísimo sobre el ¡Lusto! conclusivo del número que cierra la ópera permanecerá en la memoria de muchos, especialmente de quienes, de pie, jalearon repetidamente una interpretación de ensueño.

Cuando se anunció esta producción de Tristan und Isolde, más de uno quedó perplejo por la elección de la directora de escena: una nueva producción de Bárbara Lluch, cuando el Liceu había estrenado la de Àlex Ollé, con buena crítica y que no se ha vuelto a ver entre nosotros desde esas primeras funciones en el 2017. ¿No habría sido lógico aprovechar un espectáculo de la casa, exitoso y que funciona? La respuesta en rueda de prensa en el momento de anunciar la temporada 2025-2026 fue que todo ello obedece a la voluntad de complacer a Lise Davidsen, que quería debutar el papel cotitular del drama musical wagneriano en una nueva producción, firmada por una mujer y ante una batuta femenina. De ahí la elección de la citada Bárbara Lluch y de Susanna Mälkki en el foso orquestal. Y también de una apuntadora que ha venido de Viena para ayudar a Davidsen, que rechazó los servicios de Jaume Tribó, apuntador del Liceu desde hace cincuenta años.

El tenor estadounidense Clay Hilley y la soprano noruega Lise Davidsen en el segundo acto de 'Tristan und Isolde' en el Gran Teatre del Liceu.

El trabajo escénico decepciona por su pobreza y falta de ideas: Lluch no parece haberse implicado en el drama y se excusa y se justifica a partir del concepto de deseo entre dos amantes que sufren y que se esfuerzan por rehuir la realidad que les rodea. El resultado es que deja a los personajes desdibujados y sin rumbo. Tan sólo Isolda parece mínimamente trabajada, mientras que el movimiento escénico del resto es de una precariedad que haría reír si no estuviéramos ante un drama como el wagneriano. El recurso fácil de la directora se complementa con una escenografía de mínimos y un diseño lumínico ocasionalmente atractivo de Urs Schönebaum. Tampoco ayuda al vestuario de Clara Peluffo, con lo que la excelencia musical contrasta con el aprobado justo (y todavía) del conjunto de la escenificación.

Excelente dirección musical de Susanna Mälkki

Excelencia musical que, además de Davidsen, pasa por el trabajo de Susanna Mälkki, que habría sido una directora titular de ensueño para la orquesta del Liceu. Después de aquél aplaudidísimo Trittico de 2022, la directora finlandesa firma un Tristan und Isolde de gran intensidad y calidad, frente a una orquesta titular más que inspirada. El trabajo minucioso por pequeñas secciones (por ejemplo la madera) da pie a una lectura ocasionalmente cambrística, de gran refinamiento, sin renunciar a la corporeidad intrínsecamente wagneriana. Y con resultados siempre exitosos a lo largo de cuatro horas y media de orgía sinfónico-vocal. Buenas intervenciones corales al término del primer acto.

Encima del escenario, Davidsen tiene la suerte de contar con el Tristán de Clay Hilley, que no sólo muere vocalmente vivo al final del tercer acto, sino que lo hace con una voz de Heldentenor de manual. Se reserva un poco al primer acto y la implicación ya es total en el segundo ya lo largo del maratoniano tercero, con unos ¡Verflucht! que cortan el aliento y con un Und drauf Isolde sencillamente fantástico. Lástima que el libre albedrío al que le condena la dirección de Lluch y el insultante vestuario de ese mismo tercer acto no le ayuden a lucirse teatralmente hablando.

El vibrato de la mezzo Ekaterina Gubanova no le impide firmar una Brangäne de máximos, con un extraordinario primer acto y con unos Habet acht en el segundo —cantados desde una lonja superior de proscenio de piel de gallina.

Generoso el volumen y la expresividad del barítono Tomasz Konieczny al servicio de Kurwenal (fenomenal el entendimiento y la química con Clay Hilley en el tercer acto) y justos acentos patéticos los de Brindley Sherratt en la piel de un Rey Marke de piedra picada, con un rey Marke de piedra picada. Buen papel los de los tenores de la casa, Roger Padullés (Melot) y Albert Casals (Pastor/Mariner) por una noche, musicalmente, para la historia. Así lo confirmó el público asistente, con ovaciones a los cantantes ya la directora musical y con protestas hacia el equipo escénico.

Lise Davidsen y la mezzosoprano russs Ekaterina Gubanova en el primer acto de la ópera 'Tristan und Isolde' en el Gran Teatre del Liceu.
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