El Liceu quiere hacer historia con una 'Tristan und Isolde' con Lise Davidsen y Clay Hilley
Bárbara Lluch es la directora escénica de la nueva producción de la ópera de Wagner, y Susanna Mälkki la musical
BarcelonaTodo apunta a hito histórico. El Gran Teatre del Liceu estrena el lunes 12 de enero a las 18.30 h una producción propia de Tristan und Isolde, la ópera de Wagner que marcó "un punto de no retorno", tal y como ha recordado el director artístico del Liceu, Víctor Garcia de Gomar, este jueves en rueda de prensa. Un estreno mundial, pues, y con un reparto de lujo que ha atraído a periodistas de medios internacionales como The Guardian y Le Figaro. La noruega Lise Davidsen, la mejor soprano de su generación, debutará en el papel de Isolda. "Es un personaje que han interpretado a todas las cantantes que admiro", admite Davidsen. También wagneriano por naturaleza, el tenor estadounidense Clay Hilley, que hace unos meses cantó Tannhäuser en Viena, será Tristán, un personaje que ha abordado una quincena de veces. "Es el papel más depresivo de la ópera, y la primera vez que lo canté fue en el 2022", recuerda Hilley, quien no olvida la exigencia que pide la obra de Wagner: "No hay margen de error, cualquier desviación te mata. Es necesario mucho trabajo preparatorio, y nada de socialización las 48 horas previas. Y nada de alcohol".
Davidsen y Hilley ya tuvieron una experiencia wagneriana en el Liceu cuando cantaron, en versión concierto, el primer acto de Die Walküre el 27 de junio de 2024. "Lise Davidsen superó con creces todas las expectativas", escribió el crítico del ARA, Jaume Radigales, quien de Hilley destacó "una admirable línea de canto". Y ahora ambos protagonizarán cinco de las siete funciones de Tristan und Isolde: los días 12, 19, 23, 27 y 31 de enero. Las funciones de los días 15 y 25 de enero serán cantadas por el tenor estadounidense Bryan Register, que debuta en el Liceu, y la soprano rusa Elena Pankratova. El reparto de todas las funciones lo completan Brindley Sherratt, Tomasz Konieczny, Roger Padullés, Ekaterina Gubanova, Albert Casals y Milan Perišic.
El proyecto del Liceu sobre el amor imposible wagneriano viene de lejos. "Mucho antes de mi embarazo", explica Davidsen, que el año pasado fue madre de mellizos. "Tengo que cantar mucho y mucho, y ha sido una época maravillosa para hacerlo", añade la soprano noruega, que agradece las facilidades que ha tenido para conciliar durante los ensayos. "Me han dejado acabar antes para poder poner a dormir a los niños", informa. Según Davidsen, a pesar de la exigencia de esta cumbre wagneriana estrenada en Múnich en 1865, el papel de Isolda no es especialmente difícil de interpretar. "Pero sí me había costado entenderlo", dice sobre un personaje dispuesto a morir ya matar pero al que una poción sitúa en el reino del amor imposible. "Todo debe ser muy claro para que se entienda qué ocurre cuando toma la poción, porque entonces todo es amor, amor y amor... Y en esta producción todo queda más claro porque el primer acto es más claro", añade Davidsen. Cuando Wagner asumió la leyenda medieval de Tristán e Isolda, hizo que el pasado de los dos personajes lo contara ella en el primer acto, como una especie de flashback que recuerda que Tristán mató al prometido de Isolda, pero que ella no consumó la venganza y le perdonó la vida conmovida por la mirada de él. Esto es lo que Davidsen considera que debe quedar claro en el primer acto para entender, por ejemplo, la desmesura de la noche de amor del segundo acto.
Un "equipo en femenino" con Bárbara Lluch y Susanna Mälkki
"Hemos querido tener un equipo en femenino", asegura Víctor Garcia de Gomar. Por eso ha confiado la dirección escénica a Bárbara Lluch, y la musical a Susanna Mälkki. "Cuando me llamó Víctor, pensaba que se había vuelto loco", dice Lluch, contenta, claro, de poder trabajar con su ópera preferida, pese al miedo inicial. "Nunca había tenido tanto miedo antes de enfrentarme a un proyecto. Sorprendentemente, el proceso ha sido increíblemente sencillo en cuanto a la comunicación y el compromiso. Nunca me había sentido tan cómoda y tan feliz en un teatro. El Liceu es mi casa, y cada vez lo siento más así", dice. El respeto, según Lluch, era compartido. "Estábamos todos asustados. El primer día de ensayo parecía una reunión de Alcohólicos Anónimos: «Hola, me llamo Bárbara Lluch, estoy muerta de miedo. Hola, soy Susanna Mälkki, yo también tengo miedo. Hola, soy Lise Davidsen, yo también... Todos...»". Lluch hace bien en decir que el Liceu es su casa: en el 2023 recuperó la Turandot de Puccini que había dirigido a su abuela, Núria Espert, y en 2025 hizo la dirección escénica de La sonnambula de Bellini.
A diferencia del despliegue escénico que exhibió Katharina Wagner en Lohengrin la temporada pasada, y lejos de la expresionista estrella de la muerte que Àlex Ollé situó en el centro de Tristan und Isolde, Lluch ha buscado un camino "surrealista y minimalista", con un "surrealismo muy ligado a la belleza, sobre todo en el segundo acto". "No me imagino a Isolda en una cocina, ni nada realista como una taza de té o un televisor. Tristán e Isolda son semidioses –explica Lluch–. Los sentimientos son muy humanos, pero la música no es terrenal, es una catedral. Y en el escenario no hay nada que entorpezca la narrativa. Hemos limitado el vestuario y la escenografía para poder disfrutar de la magia de Wagner y centrarnos en las interpretaciones psicológicas".
El rango expresivo de Wagner
Para ejecutar esta catedral musical –4 horas y 35 minutos con dos pausas de 30 y 25 minutos–, la directora finlandesa Susanna Mälkki cuenta con la Orquesta del Liceu, una formación que Josep Pons ha convertido en una excelente intérprete del repertorio wagneriano. Huelga decir que una orquesta en forma es imprescindible para sacar adelante "una obra de esta magnitud, el súmmum del repertorio operístico", como dice Mälkki. "El rango expresivo de Wagner es increíble", añade agradecida de poder formar parte de este estreno en el Liceu, un teatro en el que en el 2022 dirigió Il trittico de Puccini, donde coincidió con Lise Davidsen.
"Esta ópera da vértigo, porque la ha hecho gente mítica –dice Lluch–. Lo mejor es tirarse a la piscina. Y he tenido la suerte de compartir piscina con una gente de un calibre absolutamente espectacular. Estoy muy agradecida porque soy consciente de que es un momento mágico, histórico, muy divertido y muy apasionante. Y espero que lo disfrutéis tanto como lo estamos disfrutando nosotros".
Quien no podrá disfrutar de esta catedral, es la soprano sueca Iréne Theorin, que ha caído del reparto "debido a una reciente enfermedad que no le permitirá asumir el papel de Brangäne", según informa el Liceu. La sustituye la mezzosoprano rusa Ekaterina Gubanova. Theorin fue Isolda en la producción de Àlex Ollé que se representó en el Liceu en el 2017, pero hace tiempo que en el teatro de la Rambla la persigue algún tipo de maldición wagneriana: la temporada pasada tampoco pudo participar en el Lohengrin con dirección escénica de Katharina Wagner, con quien además no tiene una buena relación.