El impacto de La Manada, diez años después

La conexión en directo desde Pamplona a 'En boca de todos'.
Periodista y crítica de televisión
3 min

El lanzamiento de este año del chupinazo ha tenido un nuevo reclamo para dar un enfoque más sibilino a los Sanfermines. Han pasado diez años de la violación grupal a una chica de 18 años por parte de cinco individuos que se autodenominaban La Manada. Los medios de comunicación usamos el nombre para etiquetar el caso. El juicio, con la primera sentencia en abril de 2018, marcó un punto de inflexión en la legislación de los delitos sexuales en España. La reacción ciudadana ante la calificación inicial de los hechos como "abuso sexual" contribuyó a una reforma legislativa en 2022 con la ley del solo sí es sí, basada en el principio del consentimiento explícito.En Antena 3 noticias hacían notar la efeméride para preguntarse si había cambiado algo a la hora de celebrar esta fiesta. El planteamiento ya dice muy poco de las costumbres asociadas a los Sanfermines. Hasta el escándalo de la violación de 2016, el machismo y los abusos a las mujeres incluso estaban normalizados en la televisión. La mayoría de los programas enviaban reporteras jóvenes, sabiendo que parte del espectáculo consistía en ver cómo eran acosadas por parte de un público pasado de rosca y de alcohol. Las imágenes de mujeres sin camiseta manoseadas por la multitud también eran una postal típica de la época. Y se habían normalizado como si fueran inevitables casos de violencia machista terribles, como el asesinato de Nagore Laffage en Pamplona el 7 de julio de 2008. La noticia de esta semana hablaba de puntos violeta para denunciar y de declaraciones en una encuesta callejera en la que algunas personas recordaban la importancia de la precaución de ir acompañadas. Un síntoma evidente de que la responsabilidad continúa recayendo en las mujeres y de que no ha habido un cambio social en la conducta machista de determinados individuos ni en los peligros asociados al ocio nocturno.La realidad mediática respecto a los Sanfermines, sin embargo, no ha cambiado tanto. Lo vimos el mismo día en el programa reaccionario y sensacionalista En boca de todos, de Cuatro. El presentador, Nacho Abad (que en su día tuvo la desfachatez de preguntar por redes si el caso de la Manada había sido una violación o sexo consentido), envió al epicentro de la fiesta a una reportera para que se mezclara con la multitud de la plaza. En la primera conexión ya había un individuo ebrio acercándose a ella, con una actitud que demostraba que la tradición de acosar a periodistas en aquel contexto no se ha perdido. Abad, con unos aspavientos inútiles, riñó al individuo “por molestar a una mujer”, y aprovechaba el conflicto para exhibirse como justiciero de la moral y hacerse viral en las redes. También se dedicaron a contar pancartas que pedían el retorno de los presos de ETA.En Espejo público estos diez años servían para cargar contra el gobierno socialista y la ley del solo sí es sí. Una tertuliana de Griso afirmaba: “Yo creo que la Manada inauguró el feminismo mainstream, este feminismo hecho de memes, de lemas vacíos, que yo creo que está de capa caída”. La Manada y el feminismo como cómplices es lo que faltaba por oír. Una década después, se utiliza una violación atroz como pretexto para ir más atrás en vez de progresar.

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