Ana Pastor, durante la entrevista en la que se le cayó el pañuelo.
06/08/2026 - 18:31 h.
Jefe de Media
2 min

Leía un buenísimo reportaje de la Columbia Journalism Review sobre el dilema de entrevistar dictadores o no y recordaban un episodio mítico: el de Oriana Fallaci en el año 1979, cuando entrevistaba al ayatolá Jomeini. Había aceptado ponerse el chador para poder hablar con él, pero en un momento en que el líder iraní le dijo que si no le gustaba el vestido islámico “no estaba obligada a llevarlo” ella se lo quitó teatralmente y lo lanzó al suelo diciendo que era un “trapo estúpido y medieval”. Jomeini interrumpió la entrevista y se marchó, pero después recapacitó y acabó la conversación. La española Ana Pastor también aceptó cubrirse el pelo para entrevistar a Mahmud Ahmadineyad. En este caso el pañuelo le fue resbalando hasta dejarle la cabeza entera a la vista. Ella aseguró que se trató de un accidente. Hubo un cierto revuelo, pero poca cosa más. Christiane Amanpour, en cambio, tenía en el año 2022 una entrevista concertada con el presidente iraní Ebrahim Raisi, que le exigió que se pusiera el velo “por respeto”, alegando que estaban en un mes sagrado. Ella se negó argumentando que estaban en Nueva York, donde ninguna ley obliga, y se quedó sin entrevista. Eso sí, hizo patente su protesta filmándose en una habitación con la silla vacía que debía ocupar el mandatario. Pocos días antes, Lesley Stahl sí aceptó cubrirse para entrevistar a Raisi, cosa que le acarreó críticas de activistas como Masih Alinejad, ya que, con aquel gesto sumiso, legitimaba la ley del velo obligatorio.

Son cuatro casos, cada uno con sus peculiares circunstancias. La tentación es de dejar que el lector decida qué haría si tuviera la opción de conseguir una gran entrevista, solo si acatara una exigencia como esta. Pero no vale la pena darle vueltas: los dictadores están dejando de dar entrevistas. Hablamos mañana, si la actualidad lo permite.

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